06/05/2026
*Reseña Río Santa María, San Luis Potosí*
**Por **Esthela García
Guía: Jorge Hermosillo
Apoyos: Germán Arroyo, Tocani, Germán Gómez
Asistentes: Ana Luisa, Ari, Salem, Alex Ortiz, Lily, Irving, Héctor, Virginia y Esthela
Staff: JJ
*Datos generales de la expedición*
Río: Santa María, San Luis Potosí
Ubicación de acceso: Paraje La Boquilla Emiliano Zapata, Ojo Caliente
Salida: Ejido La Morena
Duración: 3 días
Distancia total aproximada: 29 km hasta la cascada de Tamul; 33 km totales hasta La Morena
Tipo de embarcación: Kayak inflable (principalmente Hyside)
Nivel del río: Alto
Condiciones climáticas: Calor intenso día 1; nublado y fresco días 2 y 3; lluvia nocturna día 2
Siempre he dicho que al agua se le respeta, porque sigue su rumbo y no hay nada que la detenga; siempre encontrará un camino.
Salimos a las 00:00 del viernes 1 de mayo desde Toluca. Éramos cinco kayakistas y, en el camino, pasamos por otros ocho en CEMAC Central. El trayecto fue largo: llegamos alrededor de las 11:30 a.m. al paraje La Boquilla Emiliano Zapata, del poblado de Ojo Caliente, cerca de Ciudad Valles.
Bajamos las embarcaciones, las inflamos y comenzamos a prepararnos. Nos tomó tiempo y, para la 1:00 p.m., ya casi todos estábamos listos. Faltaban algunos detalles cuando Jorge dio la indicación de partir. Los que ya estábamos preparados comenzamos a avanzar.
Ver el agua color turquesa me apasiona… pero también me impone.
Es ese tipo de agua hermosa, pero brava.
Iniciamos con pequeñas chorreras. Tocani se adelantó para avisarnos cómo venía el río. Pasamos rápidos tranquilos y otros más técnicos. Intentamos encontrar el punto donde acampamos hace tres años, pero no lo logramos.
Avanzamos aproximadamente 10 km y comenzamos a ver mucho ganado. Como siempre decimos: “por donde van las vacas, por ahí va CEMAC”. Es una frase que adoptamos porque el ganado, de alguna forma, siempre encuentra buen camino y se convierte en nuestra brújula.
Más adelante, un señor desde la orilla nos ofreció agua limpia. Agradecimos y seguimos, ya que todos llevábamos provisiones. Luego vimos pescadores, lo que nos dio indicios de una posible salida cercana: *información valiosa*.
Al revisar el track, eran ya las 5:40 p.m. Decidimos buscar
una playita para acampar.
Seguir avanzando de noche sería demasiado peligroso.
Montamos campamento, cocinamos y compartimos alimentos. Fue un día muy caluroso: estábamos sedientos, cansados y con el cuerpo resentido por el uso de músculos distintos.
Esa primera jornada fue de 12.95 km.
Al día siguiente nos levantamos a las 5:00 a.m. con la intención de salir a las 6:00.
Desayunamos, hicimos ajustes a los kayaks y, como siempre después de un campamento, tardamos más de lo esperado.
El objetivo era llegar a la cascada de Tamul. Sabíamos que esta sección sería más técnica: el río se encañona, los rápidos se vuelven más fuertes y aparecen los porteos.
Avanzamos con emoción, pero también con respeto.
El nivel del río estaba alto, lo que nos obligó a hacer más porteos que en ocasiones anteriores. Recorrimos 8.56 km en casi 11 horas.
Los porteos fueron duros: cargar kayaks y equipo entre rocas inestables exige fuerza, coordinación y mucha atención.
Trabajamos en cadena, pasándonos el equipo unos a otros. Aun así, el riesgo de resbalar o lesionarse siempre estaba presente.
El clima, al menos, fue benévolo: nublado y fresco.
Los rápidos fueron más exigentes y varios caímos, incluso kayakistas experimentados.
Hubo caídas importantes, incluyendo a todos los instructores; yo también caí.
Solo George no cayó en el agua, pero en tierra se resbaló sobre un tocón y cayó sobre el coxis, lo que lo lastimó.
Alrededor de las 5:20 p.m., decidimos acampar nuevamente. Estábamos exhaustos.
Esa noche compartimos lo que quedaba de comida. Algunos ya estaban en reservas, pues el plan original era terminar en dos días. La realidad del río había cambiado ese plan.
La lluvia y las caídas complicaron todo: algunas tiendas y sleepings se mojaron. Encendimos una fogata para secar cosas y calentarnos. Entre risas, cansancio y frío, el grupo se mantuvo unido.
Ante la posibilidad de que el nivel del río subiera, colocamos una referencia en la orilla para monitorearlo durante la noche; en efecto, subió aproximadamente una pulgada y media.
Dormimos con la esperanza de terminar al día siguiente.
El tercer día amanecimos temprano. Café, atole, té… y a prepararnos rápido.
Pero el río aún tenía cosas que enseñarnos.
Antes de iniciar, Alex Ortiz se dio cuenta de que el piso de su Hyside se había abierto; el daño ocurrió cuando se atoró el día anterior en un tubo de agua. No había solución: así tuvo que continuar.
En el primer rápido fuerte, todo cambió.
Jorge marcó la línea. Lu fue la primera en intentar. Al posicionarse, la corriente la tiró y fue arrastrada río abajo. Tocani le lanzó la cuerda de rescate, pero en la turbulencia se enredó peligrosamente en su cuello, por lo que la soltó de inmediato.
Fueron segundos muy tensos.
Solo veíamos cómo Lu desaparecía entre rápidos. Jorge corrió por la orilla hasta alcanzarla. Finalmente, logró ayudarla.
Respiramos de nuevo al verla sana y salva.
Después de eso, se decidió que solo los guías pasarían los kayaks en ese rápido.
Hubo otro momento crítico: Héctor cayó en un sifón, uno de los puntos más delicados del recorrido. Verlo salir fue un alivio enorme.
El profesionalismo del equipo —Jorge, Messie, Tocani y Germán— fue clave en todo momento.
Finalmente, alrededor de las 11:00 a.m., llegamos a la cascada de Tamul.
Fue impactante… pero triste verla sin agua.
*Es difícil no pensar en cómo el ser humano puede alterar algo tan majestuoso.*
Tomamos la foto y seguimos hacia el embarcadero. Llegamos el domingo a las 12:00 del día al ejido La Morena, justo en el plazo máximo que habíamos acordado con JJ.
JJ nos esperaba —seguramente ya preocupado— y, como siempre, con comida en el momento perfecto.
*Conclusión*
El grupo estuvo formado por los mejores instructores de río más experimentados de CEMAC, es un equipo sólido tanto en kayak inflable, rígido y en balsa. ( simplemente el grupo élite)
Después de recorrer este río en distintos años y condiciones, queda claro que el tipo de embarcación importa muchísimo…..,pero la actitud, la preparación, la práctica constante, el trabajo en equipo y la toma de decisiones importan mucho más.
El río Santa María no es el mismo dos veces.
Y nosotros tampoco salimos siendo los mismos.
Aquí no gana el más fuerte.
Ni el más rápido.
Aquí avanza el que escucha.
El que observa.
El que decide cuándo seguir… y cuándo detenerse.
Porque al final, el río no se conquista.
Se entiende.
Se respeta.
Y, si tienes suerte…
te deja pasar.
El descenso del río Santa María en estas condiciones representa una ruta de nivel i**ntermedio–avanzado,** altamente dependiente del caudal.
Cada quien vivió el río a su manera: con miedo, alegría, nervios, sustos, golpes, caídas, euforia o simplemente contemplación.
En el río se aprende a escuchar: un silbato, una señal, una línea… o simplemente el agua.
Porque al final, el río enseña que estamos en su territorio y que siempre seguirá su cauce.
Y termino con el lema que adopté desde mi primera clase de kayak:
“Al río se le respeta, porque no hay hombre más sabio que quien entiende y respeta su camino.”