28/01/2026
“Formando jugadores.”
Suena bien.
Se ve bien en redes.
Funciona como slogan.
Pero aquí viene la pregunta que casi nadie quiere responder:
👉 ¿Cuántos de los jugadores de su última categoría activa comenzaron en infantiles dentro del mismo programa?
👉 ¿Cuántos son realmente el resultado de un proceso formativo de años?
Y entonces aparece la verdad que todos conocemos, pero pocos dicen:
Muchos de esos niños que iniciaron ya no están.
No llegaron al último año.
No porque no tuvieran talento.
Sino porque, cuando llegó el momento de competir…
el club prefirió reclutar.
Traer jugadores de otros equipos.
Armar un “roster ganador”.
Buscar el campeonato inmediato.
Eso no es formación.
Eso es scouting tardío con uniforme prestado.
La gran contradicción del deporte mexicano
Decimos que formamos…
pero premiamos solo al que gana.
Hablamos de procesos…
pero exigimos resultados en una temporada.
Predicamos valores…
pero desplazamos a los que crecieron en casa.
Todo por una foto con trofeo.
Y todos callamos.
Porque el marcador tapa las grietas.
Porque el campeonato maquilla la realidad.
Porque levantar una copa genera más likes que desarrollar personas.
El verdadero desarrollo deportivo se ve así:
✅ Permanencia de generaciones completas
✅ Progresión técnica año con año
✅ Acompañamiento físico y emocional
✅ Respeto al proceso, incluso cuando no hay títulos
✅ Jugadores que crecen dentro del sistema, no que llegan al final
Eso es formar.
Lo demás es competir.
Ambas son válidas.
Pero no son lo mismo.
Un programa se mide por cuántos terminan, no por cuántos reclutan al final.
Porque el deporte no debería ser una vitrina de último momento.
Debería ser un camino.
Y mientras sigamos confundiendo campeonatos con formación…
seguiremos perdiendo algo mucho más importante que partidos:
personas, procesos y futuros.
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