27/10/2024
Está es una historia de amor y renacimiento
Antes de que naciera Kian tenía un huertito, muchas plantas, la regala y cuidaba religiosamente durante todo mi embarazo, soñando con que Kian creciera cerca de las plantas, con amor a ellas.
Nació Kian, como un huracán en mi vida, sentí tanto miedo de no poder cuidarlo, que me olvidé de cuidar de mi misma. Baby blues, depresión posparto… era como una nube negra que llovía sobre mi intuición, sobre mis días y mis noches. Gracias a terapeutas maravillosos y una familia amorosa y amigas invaluables, la nube negra se fue.
Se fue dejando un huerto con plantas secas, y muchas ganas de hacerlo de nuevo. Siempre lo pensé, nunca lo hice.
Llego fiadh, como otro huracán, pero esta vez la nube traía sol, lluvia nutritiva y arcoíris.
A las dos semanas de nacida fiadh, Kian y yo sembramos nuevas semillas para un huerto. Nunca tuve la certeza de que vivieran, la vida estaba más ocupada que nunca. Pero las hemos cuidado, juntos, todos los días.
Todas esas semillas brotaron, están creciendo. Ahora entiendo que hay plantas que cumplen su ciclo, y mueren. Y así, nacen otras… pero la magia está en verlas crecer, dar flores, y quizá morir. Y mejor aún si lo hacemos juntos, Kiki.
A casi tres años de tu llegada, definitivamente has sido mi mayor maestro, gracias.