10/05/2026
Son apenas 7 meses que he vivido como madre y hay una verdad que está presente en cada uno de mis días: la maternidad es un viaje que transforma por completo. Un viaje de ida en el que los planes e itinerarios los va marcando una personita para la cual ahora representas el mundo entero. Un viaje sin instrucciones, que se disfruta más cuando permites que el viento sople las velas, soltando, sin controlar nada.
Nunca me había sentido tan importante como en los últimos 7 meses. Entre la rutina que pasa aparentemente monótona día tras día de pronto viene a mí el pensamiento: "... Soy la mamá de alguien". Y en ese momento en el que no he comido un bocado y con el sueño descompuesto, veo a mi hija pidiendo que la tome entre mis brazos y me siento profundamente orgullosa de mí misma.
Mientras escribo estas líneas no puedo evitar las lágrimas, porque no todos los días son así. También existe el quiebre, el caos y la incertidumbre, pero he tenido la enorme fortuna de contar con mi madre en este proceso en el que ella también está aprendiendo a ser abuela. Que me llena con todo su amor cuando llego a casa y me dice con ternura: "te hice sopita, dame a Alondra para que puedas comer".
Nos miro a las 3 y me queda más claro que nunca que el amor y los cuidados son el tejido que sostiene el universo entero.🙏🏻