12/02/2024
VIVENCIAS
San Pedro de la Cueva
Sábado 10 de febrero de 2024
Hay lugares que se conocen con los ojos, pero hay otros que se conocen caminándolos.
Esta vez, el camino nos llevó hasta San Pedro de la Cueva, Sonora, un pueblo rodeado de montañas, historia y paisajes que parecen guardar en cada rincón un pedacito de la memoria de su gente.
Nuestro destino fue el Cerro de la Cruz, ese cerro que acompaña al pueblo desde las alturas y que, al llegar la noche, puede reconocerse por la cruz iluminada que se levanta en su cima.
El ascenso fue más que una caminata. Fue una oportunidad para detenernos, respirar profundamente y mirar San Pedro desde otra perspectiva. Mientras avanzábamos por el sendero, quedaba atrás el ruido del pueblo y comenzaba a sentirse esa tranquilidad que solamente se encuentra cuando uno se adentra en la montaña.
San Pedro de la Cueva tiene una historia que se remonta a muchos años atrás. La región tiene raíces anteriores a la llegada de los españoles y durante la época virreinal estuvo vinculada a la misión de San Francisco Javier de Batuc, fundada en 1629. El propio nombre de San Pedro de la Cueva está relacionado con una cueva existente en la montaña cercana al pueblo.
Desde lo alto, también es imposible no pensar en la historia de esta tierra. La construcción de la presa El Novillo transformó para siempre la región y dejó bajo sus aguas a los antiguos pueblos de Batuc, Tepupa y Suaqui, de cuya memoria San Pedro de la Cueva se considera heredero.
Y así, entre piedras, monte, silencio y paisaje, llegamos hasta la cruz.
Arriba, la vista recompensa cada paso. El pueblo se ve pequeño allá abajo, pero la sensación es enorme: estar en un lugar que permite contemplar no solamente un paisaje, sino también parte de la historia y el espíritu de San Pedro de la Cueva.
Quizá por eso estas caminatas se quedan en la memoria.
Porque al final, no se trata solamente de llegar a la cima.
Se trata de todo lo que uno encuentra en el camino.
Una montaña, una cruz iluminada, un pueblo con historia y una experiencia más para guardar entre esas pequeñas grandes VIVENCIAS que nos regala Sonora.