10/05/2026
A las madres de la Lucha
Hay una mujer que no sale en las fotos del podio pero que carga cada medalla antes de que exista. Es la mamá del luchador. La que lava rodilleras, la que financia viajes con alcancías rotas, la que madruga más que el sparring y se acuesta más tarde que el último video de análisis. La que no entiende de reglas pero entiende de miradas. La que sufre en la grada, la que llora en silencio, la que celebra los triunfos como si los hubiera parido dos veces. Y lo hizo.
Luego está la otra. La que es madre y deportista. La que entrena con el cuerpo dividido entre el colchón y la cuna, entre la báscula y la lonchera, entre el sueño olímpico y el sueño del hijo que se queda dormido esperándola. Esa mujer que derriba rivales por la mañana y monstruos debajo de la cama por la noche. Porque ser madre y atleta no es un equilibrio: es un acto de malabarismo con el corazón en una mano y las zapatillas en la otra.
A todas ellas, las que ven luchar y las que lucha:
Gracias por tanto y perdón por tan poco.
Porque la Lucha, que todo lo mide en marcadores, no tiene una medalla que alcance para pagarles.