16/09/2026
Todo padre quiere ver a su hijo bien, alcanzar sus metas y desarrollar todo su potencial.
Pero cuando vemos a nuestros hijos participar en actividades o competencias, es muy fácil caer en la vieja trampa de convertirnos también en el entrenador desde la banca, además de ser sus padres.
Esperar una buena actitud, un gran esfuerzo y un comportamiento respetuoso es completamente razonable. Debemos motivar a nuestros hijos a dar lo mejor de sí y hacerlos responsables cuando su esfuerzo o actitud no estén a la altura.
La dificultad surge cuando el apoyo comienza a convertirse en análisis.
Analizar cada detalle de su desempeño, corregir errores o dar consejos técnicos puede desdibujar los límites entre ser padre y ser entrenador. Incluso cuando las intenciones son las mejores, demasiadas voces pueden hacer que un niño se sienta confundido, frustrado o bajo presión y, en última instancia, afectar tanto su desempeño como el disfrute de la actividad.
A veces, lo más valioso que un padre puede ofrecer después de una competencia no es otro consejo técnico, sino un abrazo, apoyo y cariño.