24/09/2025
Muchas veces se piensa que la educación emocional consiste solo en “ponerle nombre a la emoción” o en mirar una película como Intensamente. Sin embargo, la realidad demuestra que es mucho más que eso. Se trata de bienestar, respiración consciente, atención plena, calma y acompañamiento humano.
Un ejemplo inspirador se encuentra en Chile, en el Instituto San Pedro de Concepción, la primera escuela de la región del Biobío con sello de Educación Emocional. Cada mañana, más de 900 estudiantes dedican tres minutos a la atención plena antes de comenzar sus clases. No es un simple acto simbólico: es un hábito que regula el estrés, disminuye el cortisol y facilita un aprendizaje más tranquilo. El proyecto es liderado por su director, Eduardo Parra Zambrano.
La ciencia respalda estas prácticas. Un metaanálisis publicado en el Journal of School Psychology (Zenner et al., 2014) evidenció que los programas de mindfulness escolar reducen significativamente la ansiedad y mejoran la atención y la autorregulación en los niños. No es una tendencia pasajera, sino ciencia aplicada al bienestar educativo.
La educación emocional no es teoría para recitar, sino una práctica viva. Cuando una escuela integra de forma cotidiana estas acciones, demuestra que no se trata de una carga para los adultos, sino de una convicción compartida: asegurar el bienestar pleno de cada niño.
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