30/05/2026
Al mirar estas fotografías de 2008, siento una mezcla de nostalgia por el tiempo que ha pasado, alegría por los recuerdos compartidos y un profundo orgullo por lo que esos pequeños pasos llegaron a construir.
En estas imágenes aparecen niñas de apenas seis años, descubriendo el judo entre caídas, sonrisas, juegos y aprendizajes. En ese momento era imposible saber hasta dónde las llevaría ese camino. Como profesor, mi misión era enseñar técnicas, pero también sembrar valores: respeto, disciplina, valentía y perseverancia.
Hoy, muchos años después, emociona saber que algunas de esas niñas continúan practicando judo. Verlas crecer dentro y fuera del tatami es uno de los regalos más grandes que esta profesión puede ofrecer. El tiempo ha cambiado sus rostros, sus metas y sus vidas, pero la esencia permanece.
Estas fotografías son más que recuerdos; son la prueba de que cada enseñanza, cada esfuerzo y cada momento compartido pueden dejar una huella que perdura mucho más allá de los años.
Si llega a ti, quien estas en estas imágenes, pon un comentario, y manda un saludo.
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Espero que disfrutes el Judo que comparto contigo.