18/10/2021
*POR QUÉ SE ABANDONAN LAS CLASES DE BALLET*?
A menudo los padres se preocupan porque a sus hijos les gusta mucho el ballet, pero éstos no sienten deseos de asistir a las clases, lo cual es interpretado como una incoherencia.
La realidad es contundente y la gran culpa de este suceso está originada en la ausencia de perseverancia, voluntad y compromiso del alumno, o un carácter personal o cualidades psicofísicas que no se ajustan al perfil de un estudiante de danza.
La acción de poner una música en casa y bailar libremente no implica que ese niño tenga aptitudes para una clase de danza, ni siquiera que le guste la danza.
En un mundo donde la búsqueda de placer fácil y a corto plazo es lo que se impone, está claro que el ballet no se ajusta a ese modo de entender la vida. Hay padres que lamentablemente no saben inculcar hábitos de responsabilidad y disciplina, y si un día el niño tiene una fiesta de cumpleaños o no tiene ganas de ir a clase, sus padres lo asienten y lo aceptan. Y eso perjudica la visión del niño sobre la importancia de encarar las actividades que eligen con responsabilidad y seriedad dando origen a lo que más adelante – y en el peor de los casos – será derivado en bajas laborales de dudosa justificación, llegar tarde a sus obligaciones y no cumplir satisfactoriamente con lo que se le exige. Hábitos que en nuestro país están a la orden del día.
Ser bailarina no es solo un físico, sino que ser bailarina es una forma de ver, actuar y afrontar la vida. Una bailarina no se hace, sino que las bailarinas nacen y luego se perfeccionan. Y la mayor ilusión en la vida de un maestro es llegar a encontrar y formar a ese alumno total al que buscamos incansablemente, a aquel que viene a clase todos los días y que sabe desafiar sus flaquezas, que nos obliga a superarnos como profesores, y el que pone todas sus fuerzas en afrontar con pasión y entusiasmo el reto de aprender a bailar.