28/02/2017
LA IMPORTANCIA DE CERRAR CICLOS
“Había un gran maestro que, en compañía de uno de sus discípulos, visitaba comunidades muy pobres y entregaba bolsas con alimento a quienes veía que más lo necesitaban. Llegaron a una casa en la que la pobreza era notable. Se anunciaron en la puerta y se asomó una mujer con signos de desnutrición. El discípulo se consternó al ver la escena completa: una casa casi cayéndose, y sus habitantes en una pobreza impresionante.
–Señora –dijo el maestro–, le traemos este frijol y este arroz que de algo le han de servir.
–¡Gracias, señor! ¡Bendito sea Dios! – respondió la mujer–. No se imagina cuánto necesitábamos mi familia y yo esta ayuda.
–Señora –agregó el maestro–, ¿qué les ha pasado?
–Mi esposo se dedicaba al campo –contestó llorosa– y mis hijos le ayudaban; pero, no ha llovido desde hace tiempo. Ahora no tenemos ni para comer.
–Entonces, ¿de qué viven? –preguntó el maestro–.
–Gracias a Dios tenemos aquella vaca que está pastando en la colina. De la leche que nos da, nos tomamos un poco, y el resto la vendemos entre nuestros vecinos. ¡Bendito sea Dios que tenemos esa vaca! ¿Qué haríamos sin ella?
El maestro dirigió la vista hacia dónde estaba la vaca. Se quedó pensativo por un momento y se despidió de la mujer. Se alejó de la casa acompañado de su discípulo, y se dirigió a la colina donde se encontraba la vaca. De repente, le ordenó al discípulo:
–¡Arroje la vaca al acantilado! ¿Qué? –respondió espantado el muchacho–. Pero, ¿qué me está pidiendo, maestro? ¿Qué no se da cuenta que es lo único que tiene esa familia? ¡Jamás lo haría!
–¡Obediencia! –advirtió el maestro–. ¡Aviente usted esa vaca al voladero!
El maestro siguió su camino sin decir una palabra más. El discípulo, después de pensarlo y siguiendo su consigna de obediencia, y con gran esfuerzo, arrojó la vaca al voladero, después de lo cual, por supuesto, terminó mu**ta.
Pasaron algunos años y aquel discípulo no pudo olvidar tan desagradable misión. Un día, se presentó con el maestro y le confesó:
–Maestro, desde aquel día no tengo en paz mi conciencia. He decidido encaminarme a las montañas donde vivía la familia, para corregir mi error y el gran daño que les causé. No dejo de imaginar la terrible situación que estarán padeciendo.
–No recuerdo tal situación –le respondió el maestro–.
–¿Cómo, maestro? –replicó el discípulo–. ¡No puede ser que tan fácilmente haya olvidado una falla tan grave!
–Bueno –objetó calmadamente el maestro–, si eso te da paz, ve a buscarlos.
El joven se fue y, al llegar al lugar donde pensaba encontrar aquella choza en ruinas, descubrió una casa bonita, decorosa, limpia. El discípulo se consternó al presentir que, por su infortunio, la familia se había mudado de lugar. Tocó la puerta y le abrió una mujer de rostro amable y sonriente.
–Señora –explicó el joven–, estoy buscando a una familia que vivía aquí y a la que conocí hace algunos años.
–Pero, señor –respondió la mujer– tenemos más de treinta años viviendo aquí.
–No puede ser –insistió el muchacho–. Yo vine hace algunos años con mi maestro, a traer alimento a la familia que vivía aquí, aunque la casa parece no ser la misma.
–¡Ah! ¡Claro que los recuerdo! –aclaró la mujer–. ¡Pase! ¿Cómo olvidarlos, si ustedes nos ayudaron en tan terrible situación? ¡Fue exactamente el día que se nos desbarrancó la vaca! Señora –interrumpió el joven–, precisamente por eso vengo.
–¡No, señor! No se imagina cómo sufrimos mi familia y yo porque con la poca leche que nos daba, subsistíamos, y ya nos habíamos acostumbrado a vivir así. Pero, bendito Dios que se mató la vaca, porque desde ese día, mi esposo buscó qué hacer. Encontró un muy buen trabajo en el pueblo; mis hijos le ayudan y si usted viera ¡qué bien nos ha ido! ¡Bendito sea Dios que se mató la vaca!
Analiza esta historia y saca tus propias conclusiones.
¿Qué ciclos de tu vida necesitas cerrar? ¿Cuántas buenas oportunidades se te han escapado por no dejar atrás el pasado y vivir nuevos ciclos? Quizá sea difícil poner punto final a esa experiencia, pero a veces es necesario pasar por esa tempestad, como esta familia con su vaca mu**ta.