Club de Defensa Personal Oso Negro

Club de Defensa Personal Oso Negro Club de Defensa Personal de Arte Marcial Ruso Sibirskiy Viun con sede en Chiapa de Corzo, Chiapas, México.

Este club nace para que jovenes, mujeres y hombres desarrollen habilidades de defensa personal, aumenten su flexibilidad, aumenten sus capacidades motoras y tengan una mejor calidad de vida. Se basa en el Arte Marcial Ruso Sibirskiy Viun del Maestro Dmitriy Skogorev y su representante en Mexico y America Latina el Maestro Alfonso León Castillejos. Siendo el instructor de este club alumno del Maes

tro Alfonso. No es un Arte Marcial competitivo ni deportivo, esta basado en movimientos naturales del cuerpo y de los elementos que a disposicion tenga el defensor, es real, practico y efectivo.

El hermitañoUn viejo ermitaño, se refugio en la montaña para dedicarse a meditar y orar. A menudo se le veía como muy oc...
07/06/2022

El hermitaño

Un viejo ermitaño, se refugio en la montaña para dedicarse a meditar y orar. A menudo se le veía como muy ocupado.

Un día alguien lo visito y le preguntó: ¿Cómo puede tener tanto trabajo si vive en soledad?

Él contestó: “Tengo varias cosas qué hacer:
entrenar a dos halcones, entrenar a dos águilas, tranquilizar a dos conejos, disciplinar una serpiente, motivar a un a**o y domar a un león.

No veo ningún animal por aquí, ¿dónde están?

El ermitaño le respondió:
Estos animales los llevamos todos dentro.
Los dos halcones, se lanzan sobre todo lo que se les presenta, bueno o malo, tengo que entrenarlos para que se lancen sobre cosas buenas:
Son mis ojos.

Las dos águilas con sus garras hieren y destrozan, tengo que entrenarlas para que se pongan al servicio y ayuden sin hacer daño:
Son mis manos.

Los conejos quieren ir a donde ellos quieran, quieren esquivar las situaciones difíciles, tengo que enseñarles a estar tranquilos aunque haya sufrimiento, problema o cualquier cosa que no me gusta:
Son mis pies.

Lo más difícil es vigilar la serpiente, está encerrada en una fuerte jaula, pero ella siempre está lista para atacar, morder y colocar su veneno en cualquiera que esté cerca, por ello tengo que disciplinarla:
Es mi lengua.

El b***o es obstinado, no quiere cumplir con su deber, siempre está cansado y se niega a llevar su carga cada día:
Es mi cuerpo.

Por último necesito domar al león, quiere ser el rey, es altivo y siempre quiere ser el primero , es vanidoso, es orgulloso, se cree el mejor:
Es mi EGO.

Como ve tengo demasiado trabajo por hacer".

Reflexión.

Aprovechemos los días para dominar todo lo que llevamos en nosotros, para que podamos ser los mejores testimonios, las mejores personas, los mejores espos@s, los mejores amig@s.

Tomado de : plantas sagradas de mexico

Le preguntaron cierta vez a un Maestro Sufí: ¿Qué es lo que la Gracia te ha dado? Y les respondió: Cuando me despierto p...
31/05/2022

Le preguntaron cierta vez a un Maestro Sufí: ¿Qué es lo que la Gracia te ha dado? Y les respondió: Cuando me despierto por las mañanas, me siento como un hombre que no está seguro de vivir hasta la noche.

Le volvieron a preguntar: Pero esto ¿no lo saben todos los hombres? Y replicó el Maestro: Sí, lo saben, Pero no todos lo sienten.

«Jamás se ha emborrachado alguien comprendiendo intelectualmente la palabra vino».

“La voluntad de ganar no significa nada sin la voluntad de prepararse” (Juma Ikangaa)
30/05/2022

“La voluntad de ganar no significa nada sin la voluntad de prepararse” (Juma Ikangaa)

"Se que estás muy cansado, que estás física y mentalmente vacío, sin fuerzas, que las cosas han sido duras y difíciles, ...
28/05/2022

"Se que estás muy cansado, que estás física y mentalmente vacío, sin fuerzas, que las cosas han sido duras y difíciles, que el futuro te abruma y el pasado te atormenta, pero tienes que levantar la vista para evitar perderte el siguiente amanecer, tienes que continuar..."

En un puerto del mar de China había numerosos barcos a punto de embarcar; todos cargados hasta los topes de joyas, de se...
27/05/2022

En un puerto del mar de China había numerosos barcos a punto de embarcar; todos cargados hasta los topes de joyas, de sedas y de otras mercancías valiosas.

Los mercaderes que los habían fletado se alegraban de llevarse todos estos tesoros a su país natal. Poco antes de su partida, se les anunció que se preparaba una tempestad en alta mar y que sus barcos, cargados en exceso, no podrían resistirla. Pero los mercaderes, haciendo caso omiso de esta advertencia, decidieron partir sin más tardanza. Sólo uno de ellos descargó su barco y se hizo al mar vacío. Más tarde, cuando se desencadenó la tempestad con una violencia extrema, los barcos demasiado cargados se hundieron. Únicamente el barco vacío permaneció a flote y pudo recuperar a todos los náufragos.

Esta historia pertenece a la vida china de Buda. Los seres que se debaten en medio de sus problemas son comparables a estos barcos demasiado cargados. Si tienes un barco lleno como ellos, tu compañía no les será de ninguna utilidad. Si trabajas sobre ti mismo y haces el vacío en ti, puedes recuperar a los demás. Si no, cuando se desencadene la tempestad, cuando los problemas te abrumen, no podrás hacerles frente.

Una vez terminadas las terapias, terminados los negocios, la comida en el restaurante o el trabajo en la oficina, vas a interrumpir tus actividades y a hundirte en la tormenta.
Uno tiene que descargar su cargamento. No se puede repescar a los demás con un barco lleno.

🔥 El monje que tenía todas las respuestasEn un pueblo del Tibet llegó la noticia que un sabio monje estaba llegando a la...
26/05/2022

🔥 El monje que tenía todas las respuestas

En un pueblo del Tibet llegó la noticia que un sabio monje estaba llegando a la villa. Decían que él tenía todas las respuestas.
Todos los habitantes llenos de emoción corrieron hacia la plaza del pueblo donde iban a recibirle.
Mientras se reunían a la plaza, todos los ciudadanos comentaban entre ellos las preguntas que iban a hacerle.

—Quiero preguntarle al monje que pasa después de la muerte.
—Siempre me a preocupó el motivo por el cual he nacido, el porqué de mi existencia.
—Yo quiero saber porque mi mujer no sabe cocinar arroz a su punto.

Finalmente llegó el monje. Viendo a toda la gente ahí reunida se le puso una gran sonrisa de felicidad y serenidad. Se situó en un pequeño altillo, en la parte norte de la plaza, desde se le podía ver de cualquier rincón.

El monje miraba a todas las personas que estaban ahí reunidas y regalándoles su bella sonrisa.
De repente, y antes que nadie pudiese formular ninguna pregunta, el monje empezó a bailar.

Se iba animando más y más. Bailaba más rápido y más alegre, dando saltos, palmas y moviéndose de lado a lado del altillo.
Todo el pueblo estaba patidifuso. Nadie osaba decir nada, nadie quería dejar de observar.
Finalmente el monje paró de bailar, se sentó en posición de loto y estuvo unos segundos observando a la gente con la serenidad de Buda.
Sin razón aparente se echó a reír. Como su baile, iba a más. Hasta llegar a resonar su risa por todo el pueblo.
Todos los presentes completamente desconcertados se les iba contagiando. Risas graves, agudas, leves y atronadoras, con los ojos cerrados, agarrándose la barriga para no reventar, aplaudiendo, llorando e incluso golpeando al suelo.

El monje sin perder su sonrisa dijo:

—Espero que haya contestado a todas vuestras preguntas.

Y sin más, se levantó y se fue por donde había venido, andando, sin prisa alguna.
Algunos aldeanos se fueron a casa decepcionados por la respuesta del monje. Otros en cambio se fueron aun riéndose y muy felices de haber vivido aquella hermosa experiencia, pero la mayoría seguía en un desconcierto, reflexivos.

22/05/2022

LA BATALLA DE MAÑANA SE GANA EN LA PRÁCTICA DE HOY

«Ante la injusticia, tu mente debe mantenerse clara y serena, pero tu espíritu debe arder con rabia».Yagyu Munenori«—¿Qu...
18/05/2022

«Ante la injusticia, tu mente debe mantenerse clara y serena, pero tu espíritu debe arder con rabia».

Yagyu Munenori

«—¿Qué estás mirando? —preguntó una voz.
El samurái de la barba y la cara rajada señalaba con el mentón a una niña. Esta lo observaba entre la multitud, con una expresión a medio camino entre el miedo y la fascinación. La pequeña se abrazó a su abuela y escondió el rostro en su regazo.
—Vieja, tráeme a esa cría.
—Samurái-sama, no ha querido ofenderle. Es solo una niña —suplicó la anciana—, yo me encargaré de castigarla.
—¡He dicho que la traigas!
Los camaradas del barbudo intercambiaron miradas inquietas, pero guardaron silencio. Era evidente que estaban acostumbrados a tales arrebatos.
La anciana cerró los ojos, musitó una breve plegaria y, tomando a su nieta de la mano, se aproximó al samurái. Este se puso en pie para mirarlas desde arriba.
—Vuelve a tu sitio, abuela —le ordenó.
La mujer apartó la mirada, pero no retrocedió ni soltó la mano de la niña. El espadachín castigó la desobediencia lanzando un golpe contra la sien de la anciana, que se tambaleó y cayó sentada. Un hombre que debía de viajar con ellas se apresuró a arrodillarse para auxiliarla; en el cabello blanco de la mujer había florecido una mancha de un rojo ignominioso.
—¿Escuchaste lo que dije cuando embarcamos? —preguntó el barbudo a la pequeña.
Esta asintió en silencio.
—¿Qué dije?
—Que no miráramos a los samuráis.
—Porque de hacerlo…
La niña bajó la cabeza.
—Veo que lo has comprendido. He de castigarte, pues si no lo hiciera, estaría faltando a mi palabra.
El samurái desenfundó un puñal que hizo bailar entre los dedos.
—Himura… —le advirtió su oficial.
—No se preocupe, jefe. No soy un animal. Le dolerá poco.
Antes de que el otro pudiera aplicar la hoja, una voz se alzó de entre la multitud:
—¿Qué distingue a una persona de un mono? —preguntó la voz, que sonó vibrante entre las paredes del acantilado.
Las miradas buscaron al que había hablado. Poco a poco, la muchedumbre se apartó hasta dejar sola a una figura encorvada sobre un cayado de cerezo. El bonzo dio un paso al frente. Un amplio sombrero de paja velaba sus ojos y vestía un sayo largo sobre el samue.
—Yo os lo diré —prosiguió—: el mono está sometido al dictado de sus instintos, mientras que una persona es capaz de discernir lo que está bien de lo que está mal, lo justo de lo injusto.
El barbudo se volvió para confrontar al monje, la zurda bajo la guarda de la katana.
—¿Quién te ha pedido que hables, bonzo?
—¿Y qué distingue a un hombre común de un samurái? —dijo el monje, ignorando la advertencia—. Yo os lo diré: el samurái no solo conoce lo que es justo, sino que está obligado a conducirse de forma justa. Debe ser ejemplo para el resto —afirmó, y su voz creció en fuerza y autoridad—, magnánimo con aquellos que dependen de él y respetuoso con sus enemigos.
—Si dices una palabra más… —le amenazó el otro, y levantó la guarda del sable con el pulgar.
—Por eso, un samurái que obra de forma abyecta, o que no muestra el debido respeto por el enemigo caído, no solo es menos que un hombre común. Es menos que un mono.
Con el rostro congestionado por la rabia, ultrajado por un vagabundo que se permitía aleccionarlo, el espadachín de los Sugawara avanzó al tiempo que desenvainaba su sable.
—¡Despídete de este mundo! —bramó, y se abalanzó sobre su nueva víctima.
El bonzo no dio un paso atrás, ni apartó la mirada ante la muerte que le sobrevenía. En su lugar, dejó caer el cayado y abrió el sayo con un movimiento amplio del brazo. Sobre su cadera asomaron las empuñaduras de una daisho. Si el barbudo se percató, no pareció importarle, pues alzó el sable dispuesto a hendir el cráneo de su adversario. El vagabundo aguardó impasible y, cuando la distancia fue inevitable, su katana relampagueó desde la vaina hasta el cuello de su enemigo».

Fragmento de FORJADA EN LA TORMENTA, novela publicada por Suma de Letras.

16/05/2022
"Había un agricultor que cultivaba maíz de excelente calidad. Todos los años ganaba el premio al mejor maíz cultivado. U...
13/05/2022

"Había un agricultor que cultivaba maíz de excelente calidad. Todos los años ganaba el premio al mejor maíz cultivado. Un año, un periodista lo entrevistó y aprendió algo interesante sobre cómo lo cultivaba. El reportero descubrió que el agricultor compartía su semilla de maíz con sus vecinos. "¿Cómo puede permitirse compartir su mejor semilla de maíz con sus vecinos cuando compiten con el maíz cada año?" preguntó el reportero. "¿Por qué señor?", Dijo el granjero, "¿No lo sabía? El viento recoge el polen del maíz en maduración y lo hace girar de un campo a otro. Si mis vecinos cultivan maíz inferior, la polinización cruzada degradará constantemente la calidad de mi maíz. Si voy a cultivar un buen maíz, debo ayudar a mis vecinos a cultivar un buen maíz".
Lo mismo ocurre con nuestras vidas... Aquellos que quieren vivir bien y con sentido deben ayudar a enriquecer la vida de los demás, porque el valor de una vida se mide por las vidas que toca.

El primer ministro de la dinastía Tang era un héroe nacional por su éxito como estadista y líder militar. Pero a pesar d...
12/05/2022

El primer ministro de la dinastía Tang era un héroe nacional por su éxito como estadista y líder militar. Pero a pesar de su fama, poder, y riqueza, se consideraba a sí mismo como un humilde y devoto budista. Visitaba a menudo a su maestro preferido de Zen para estudiar bajo su instrucción, y parecían llevarse muy bien. El hecho de que era primer ministro no tenía, aparentemente, ningún efecto en su relación, la cual parecía ser simplemente una de un reverendo maestro y un respetuoso estudiante.

Un día, durante su usual visita, el primer ministro le preguntó al maestro, "Su Reverencia, según el Budismo ¿qué es el egoísmo?". La cara del maestro se puso roja, y en un tono de voz muy condescendiente e insultante, increpó a modo de respuesta, "¿¡Qué clase de pregunta estúpida es ésa!?".

Esta imprevista respuesta conmocionó tanto al primer ministro que llegó a fruncir el ceño y a enfadarse. Entonces el maestro de Zen sonrió y dijo, "ÉSTO, Su Excelencia, es egoísmo."

Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los m...
10/05/2022

Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:

Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.

Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito
grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total... Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.

El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:

No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con
todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico.

Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje -el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey-. Pero no lo leas -le dijo- manténlo escondido en el anillo. Abrelo sólo
cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación-

Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino.
Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían.
Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un
precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia
delante y no había ningún otro camino...

De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso: Simplemente decía "ESTO TAMBIEN PASARA".

Mientras leía "esto también pasará" sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse
perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los
caballos.

El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló
el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo.

El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:

Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.

-¿Qué quieres decir? -preguntó el rey-. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en
una situación sin salida.

Escucha -dijo el anciano-: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras.
No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también
es para cuando eres el primero.

El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: "Esto también pasará", y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado.

Entonces el anciano le dijo:

Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y
momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.

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