12/05/2026
LA MUJER Y EL CUELLO
En un sendero de montaña cerca de Huangshan, el maestro Yue caminaba despacio entre la niebla de los pinos.
No daba enseñanzas sentado.
Decía que el cuerpo hablaba mejor cuando estaba en movimiento.
Una mujer caminaba detrás de él, masajeándose el cuello.
—Llevo meses con tensión aquí —dijo—.
Me despierto rígida. A veces hasta me duele girar la cabeza.
Yue siguió caminando unos pasos más.
—¿Y qué parte de tu vida no quieres mirar?
La mujer frunció el ceño.
—No entiendo.
El maestro se detuvo junto a unas piedras húmedas.
—El cuello conecta la cabeza con el cuerpo —dijo al fin—.
Cuando se endurece… casi siempre hay algo que te niegas a girar a ver.
Silencio.
La niebla pasaba lentamente entre los árboles.
—En medicina china, la tensión no siempre viene del esfuerzo físico.
A veces viene de sostener una dirección que ya no quieres.
La mujer bajó la mirada.
—No quiero tomar una decisión —admitió.
Yue asintió con calma.
—Por eso aprietas.
La mujer tragó saliva.
El maestro levantó una rama caída del suelo y la dobló ligeramente entre las manos.
—Lo rígido parece fuerte —continuó—.
Hasta que deja de poder moverse.
La mujer guardó silencio.
Y por primera vez no pensó en aliviar el dolor…
pensó en todo lo que llevaba tiempo evitando mirar.
Y entendió algo incómodo:
no era solo tensión…
era resistencia.