28/02/2026
Estamos en la Semana de Concientización de los Trastornos Alimenticios.
Una semana que no es solo una fecha en el calendario, sino una oportunidad para hablar de lo que muchas veces se vive en silencio.
Hoy quiero hablar no solo como Director del Deporte en Capulhuac, sino como alguien que lo vivió.
A los 15 años fui brutalmente atacado por mi apariencia física. Las palabras fueron tan constantes, tan hirientes, que terminaron por cambiar la forma en la que me veía. El espejo dejó de ser un reflejo y se convirtió en un juez implacable.
Esos ataques me hundieron en la bulimia nerviosa. Un trastorno que no se trata de vanidad ni de superficialidad, sino de dolor emocional, de rechazo interiorizado, de una lucha constante por sentir que eres suficiente.
La bulimia es una enfermedad seria. Es una batalla silenciosa donde el cuerpo paga el precio de heridas emocionales profundas. Y cuando uno está dentro, parece que no hay salida.
Pero sí la hay.
Salí adelante gracias al proceso de aceptación que fui construyendo con el tiempo. Gracias al acompañamiento psicológico. Gracias a la ayuda profesional. Gracias a aprender que mi valor no estaba en un número en la báscula ni en la aprobación de los demás.
Aprendí que el ejercicio no es castigo.
Aprendí que la alimentación no es enemigo.
Aprendí que la disciplina verdadera nace del amor propio, no del odio hacia el cuerpo.
Hoy, desde mi responsabilidad como Director del Deporte en Capulhuac, tengo claro algo: promover actividad física no es promover estándares irreales. Es promover salud integral.
Hablar de deporte también es hablar de salud mental.
Hablar de rendimiento también es hablar de equilibrio emocional.
Hablar de fuerza también es hablar de autoestima.
Necesitamos impulsar buenos hábitos desde la conciencia:
• Actividad física por bienestar, no por presión estética.
• Educación nutricional responsable.
• Acceso y promoción del apoyo psicológico.
• Respeto absoluto hacia la dignidad de cada persona.
Los comentarios sobre el cuerpo de alguien pueden destruir.
Pero también nuestras palabras pueden sanar.
Hoy levanto la voz no desde la herida, sino desde la sanación. No desde la vergüenza, sino desde la fortaleza.
Si alguien que lee esto está luchando en silencio, quiero decirle algo con toda claridad: se puede salir. Se puede sanar. Se puede volver a mirarse al espejo con paz.
Yo soy prueba de ello.
Y mientras esté al frente del deporte en Capulhuac, trabajaré para que nuestros espacios sean lugares de inclusión, conciencia, respeto y salud integral.
Porque el verdadero músculo que debemos fortalecer es la conciencia. 💜