23/07/2025
SIEMPRE HAY ALGO QUE CONTAR
“Soy profesor de Judo… y siempre tenemos algo que contar”
Cada septiembre llegan madres ilusionadas. Con la sonrisa del primer día, me dicen que su hijo tenía muchas ganas de empezar judo. Que estaba nervioso, emocionado, que llevaba toda la semana preguntando cuándo empezaba.
Al día siguiente, llegan aún más contentas:
—Mi hijo está encantado, dice que le ha encantado el primer día.
Pero pasa un mes, dos con suerte, y de pronto todo cambia:
—Dice que ya no quiere seguir, que se aburre.
¿De verdad se aburre? ¿En un mes ya lo ha decidido? ¿O somos los padres los que abandonamos por él?
Porque hay algo que está faltando en muchas casas: enseñar el valor de la constancia.
Un niño no puede saber si algo le gusta o no en un mes. Un niño no puede construir una pasión en dos clases. Un niño no puede aprender a luchar si lo dejamos abandonar a la primera caída.
Y entonces, lo que era ilusión se convierte en baja. En “ya no quiere venir”, “ya no le gusta”, “hemos tirado el dinero”.
Sí, ese mismo dinero que se gastó en matrícula, en el judogi, en la mensualidad.
Y lo peor no es lo que se gasta el padre. Lo peor es lo que pierde el niño.
Pero también están los padres que vienen con otra frase:
—Como solo va a venir medio mes, ¿me puedes dejar la mensualidad a la mitad?
Esos mismos padres que luego no regatean el inglés, la piscina, eo los viajes.
Pero al profesor de judo sí le discuten el precio.
Y muchos no saben que un profesor de judo tiene muchos gastos para poder estar ahí:
Su seguro de responsabilidad civil, sus colegiaciones, sus titulaciones homologadas, y el alta oficial de su club en una federación.
Todo eso no es moco de pavo.
No es un capricho, es lo que garantiza que los niños estén en manos de alguien formado, legal y comprometido.
Y te das cuenta de que no es el dinero…
Es la falta de valor que se le da a una actividad que educa, que forma, que exige y que enseña a no rendirse.
Porque abandonar también se enseña.
Y se empieza por una extraescolar…
y se