02/08/2026
A 6 años de su fallecimiento, quiero rendir homenaje al hombre que marcó mi vida y que, aunque ya está en el cielo, sigue viviendo en mi corazón: mi padre, el Dr. José María Macías Campillo.
Fue un extraordinario médico anestesiólogo, pero, sobre todo, un ser humano excepcional. Altruista, educado, bondadoso, humilde y siempre con una sonrisa. Tenía el don de tranquilizar a sus pacientes con un chiste o una palabra de ánimo cuando más miedo sentían. Para él, cada persona merecía respeto, dignidad y esperanza.
Durante más de 25 años entregó su tiempo y su talento de manera desinteresada en campañas de la Cruz Roja, operando a niños y adultos con labio leporino, paladar hendido y pie equino. Lo hizo muchos sábados y domingos, sin esperar reconocimiento alguno, porque su mayor recompensa era cambiar vidas.
Así era mi padre: ayudaba por igual a su familia, a sus amigos y a quienes ni siquiera conocía. Nunca hacía distinciones cuando alguien necesitaba una mano. Su generosidad, su amor y sus valores dejaron una huella imborrable en todos los que tuvimos el privilegio de conocerlo.
Papá, gracias por darme lo mejor de ti. Gracias por enseñarme con tu ejemplo que la verdadera grandeza está en servir a los demás. Si hoy soy quien soy, es en gran parte por tu amor, tus consejos y el legado que me dejaste.
Te extraño todos los días. Pero también sé que tu luz sigue guiando mi camino. Estoy seguro de que algún día volveremos a encontrarnos.
Te quiero con toda mi alma. Descansa en paz, papá. Tu nombre y tu ejemplo vivirán por siempre en nuestros corazones.
Dr. José María Macías Campillo. Un gran médico, un gran hombre y el mejor padre que pude tener.