11/08/2026
Acabo de ver un video de unos niños jugando fútbol en la calle, en la cuadra, como la infancia que me tocó vivir.
De esas tardes en las que salías a jugar sin que nadie te organizara la actividad. Aprendías a ganar y a perder, a frustrarte, a levantarte, a defenderte, a trabajar en equipo, a resolver problemas, a confiar en ti mismo… y hasta a jugarte la vida por un refresco 😂
Y pensé: “Ojalá mi hijo pudiera vivir algo así”.
Pero después entendí algo: los tiempos cambiaron.
Es muy fácil decir que “los padres de ahora ya no dejan jugar a sus hijos”, como si todo fuera una cuestión de falta de voluntad.
Antes, muchas familias funcionaban de otra manera. Uno de los padres trabajaba y el otro podía estar en casa; los niños salían a la calle, se encontraban con otros niños y simplemente jugaban.
Hoy, para muchas familias, ambos padres tienen que trabajar para salir adelante.
Y entonces aparece una pregunta incómoda:
Aunque yo lograra que mi pareja se quedara en casa para que mi hijo pudiera salir a jugar… ¿con quién jugaría, si los niños de las otras casas están en dicha situación?
No creo que tengamos que vivir lamentándonos porque nuestros hijos no tuvieron la infancia que nosotros tuvimos.
Nos tocó una época que, con sus problemas, nos regaló algo muy valioso: mucho tiempo para jugar, explorar y aprender por nuestra cuenta.
A nuestros hijos les tocó otra realidad.
Y quizá nuestra responsabilidad no sea intentar regresar el tiempo, sino buscar nuevas maneras de darles aquello que el juego nos enseñó a nosotros.
👉🏽Ahí es donde el deporte puede convertirse en una herramienta enorme👈🏽
Porque un entrenamiento bien llevado no solamente enseña una técnica. También puede enseñarles a perder, a frustrarse, a esforzarse, a convivir, a resolver, a confiar y a levantarse después de equivocarse.
Y aquí también tenemos una responsabilidad quienes somos entrenadores.
No debemos olvidar que detrás del uniforme hay niños.
👇🏽Niños que necesitan aprender, competir y mejorar… pero también correr, reírse, equivocarse y jugar.
Quizá no podamos devolverles la calle que tuvimos.
Pero sí podemos procurar que, dentro de esta nueva realidad, tengan espacios donde puedan vivir un poquito de aquello que a nosotros nos hizo crecer.
Porque la infancia cambió.
Y nosotros también tenemos que aprender a acompañarla.
-Javier Pool