09/09/2026
“¿Y SI LES PASA ALGO?”
Ayer subí un post hablando de algo bastante sencillo:
Si no tienes los recursos para acompañar a tu hijo a un torneo fuera de la ciudad, puede ir con su entrenador de confianza, siempre que existan las condiciones adecuadas de seguridad, responsabilidad y organización.
Y aparecieron, como era de esperarse, los especialistas en sacar el “¿Y SI LES PASA ALGO?” como as bajo la manga.
A ver…
¿Y si les pasa algo?
Pues sí. Puede pasar.
El problema es cuando utilizamos la posibilidad de que ocurra una desgracia como argumento para justificar que nuestros hijos no hagan prácticamente nada.
Porque bajo esa lógica, nuestros hijos deberían vivir en una burbuja acolchada hasta los 35 años.
No deberían ir a la escuela porque pasan 6 o 7 horas lejos de nosotros, bajo el cuidado de otros adultos, conviviendo con niños que tienen diferentes valores, educación y comportamientos.
Tampoco deberían:
🍽️ Comer, porque se pueden atragantar.
🚿 Bañarse, porque se pueden resbalar y golpearse.
🚗 Subirse a un automóvil, porque puede ocurrir un accidente.
🚶♂️ Cruzar la calle, porque los pueden atropellar.
🏊♂️ Nadar, porque existe riesgo de ahogamiento.
🚲 Andar en bicicleta, porque se pueden caer.
⚽ Jugar fútbol, porque pueden lesionarse.
🥋 Entrenar Taekwondo, porque pueden recibir un golpe.
🎡 Ir a un parque, porque pueden caerse de un juego.
✈️ Viajar, porque existe la posibilidad de un accidente.
🏕️ Ir de campamento, porque están fuera de casa.
👫 Tener amigos, porque algún día alguien puede decepcionarlos, lastimarlos o influir negativamente en ellos.
Y podríamos seguir hasta el infinito.
Porque sí: los riesgos existen.
Pero una cosa es ser un padre responsable y otra muy diferente es convertir el miedo en una filosofía de crianza.
En Taekwondo también debemos enseñar esto.
No se trata de mandar a nuestros hijos con cualquiera.
Se trata de conocer al entrenador, confiar en su capacidad, establecer protocolos, saber dónde estarán, con quién estarán, tener comunicación y tomar todas las medidas razonables para reducir los riesgos.
Reducir el riesgo no significa eliminarlo.
Porque eliminar todos los riesgos es imposible.
Y quizá esta sea una de las cosas más difíciles de aceptar como padres:
no podemos controlar absolutamente todo lo que les sucederá a nuestros hijos.
Podemos acompañarlos, protegerlos, educarlos, poner límites, enseñarles a cuidarse y tomar buenas decisiones.
Pero no podemos vivir su vida por ellos.
Está perfecto querer cuidar a nuestros hijos en la medida de lo posible.
De hecho, es nuestra responsabilidad.
Pero también debemos entender que los riesgos están en todos lados.
La solución no es impedirles vivir para que nunca les pase nada.
La solución es prepararlos para vivir sabiendo que pueden pasar cosas.
Porque nuestros hijos no necesitan una vida sin riesgos.
Necesitan padres que sepan distinguir entre un riesgo razonable y una irresponsabilidad.
Y sobre todo…
necesitan aprender a vivir, no solamente a evitar vivir.
Porque si el “¿y si les pasa algo?” fuera suficiente para detener cualquier decisión…
nadie debería salir de casa.
-Javier Pool