21/07/2015
¿LO QUE EN VERDAD IMPORTA ES GANAR, VENCER, SER MEJOR QUE LOS DEMÁS, A CUALQUIER PRECIO?
Luis Hergo
En los anteriores escritos he señalado que el logro de la propia EXCELENCIA es el mayor valor ético de la competición deportiva, hemos de reconocer que dicho valor se confunde habitualmente con lograr la victoria deportiva. Una y otra son cosas distintas, Podemos haber jugado excelentemente y sin embargo haber perdido el encuentro o no llegar en primer lugar por ser los rivales superiores a nosotros. Perder no implica haber fracasado, como también podemos triunfar jugando rematadamente mal y sin esforzarnos lo más mínimo. A veces incluso, para vencer en un partido, vemos que los jugadores utilizan sus peores instintos, como engañar al árbitro, desquiciar mediante insultos a un rival de calidad, o incluso lesionarle a conciencia, y eso, aunque pueda resultar rentable deportivamente, en absoluto lo hace un valor ético. No es infrecuente que, en etapas formativas, la obsesión por las victorias llegue a truncar y desbaratar el sano proceso de aprendizaje deportivo en niños y adolescentes.
Otra amenaza a la ética en las competiciones deportivas es confundir el logro de la propia excelencia, no ya con la obtención de una victoria deportiva, sino con el deseo de ganar a otros, de ser mejor a los demás. Esa competitividad, que enfatiza más en la victoria sobre el otro que en la mejora de uno mismo, va perdiendo valor ético. Lejos de ayudarnos nos genera estados de insatisfacción, de estrés, y nos bloquea, porque cuando no se obtiene, se genera un alto grado de frustración que a menudo expresamos en forma de agresividad, de quejas, de polémicas e incluso desprecio por los demás, esta competitividad no va destinada al crecimiento personal, sino a la pura victoria sobre los demás.
No es casual que este sentido de la competitividad conduzca en mayor medida a comportamientos antideportivos y tramposos y que el fin (ganar al contrario) justifique el "todo vale con tal de ser el primero".
Cuando se habla de honradez, de "fair-play" o de deportitividad en la competición, de no hacer trampas ni utilizar más violencia que la autorizada, en definitiva de un estricto ajustamiento a las reglas que configuran el pacto originario del juego, este sometimiento honesto a las reglas en la competición no deja de ser sino un medio, moralmente legítimo, de alcanzar lo que de verdad importa, el Triunfo. Ganar se presenta por tanto como la principal finalidad moral del deporte. Se puede vencer de forma honesta o deshonesta, justa o injusta, pero en todo caso esa honestidad o justicia no dejarán de ser cualidades morales secundarias frente al VERDADERO FIN ÉTICO DEL DEPORTE: VENCER, TRIUNFAR EN BUENA LID Y DE MANERA HONORABLE.
CONTINUARA...