20/01/2026
Como estas semanas no puedo practicar Aikido, esta mañana estuve en clase con la esperanza de apuntar algunas de esas perlas de sabiduría del sensei que siempre lamento olvidar. Pero hoy el sensei no ha hablado, así que allí estaba yo, con mi libreta en la mano y con una oportunidad que no me doy a menudo: ponerle palabras a la magia que estaba sucediendo ante mis ojos.
Mientras observaba la práctica, me surgía la pregunta: ¿por qué se percibe tan diferente la práctica del sensei y la de los estudiantes? Mi percepción es que, cuando Luis sensei hace de tori, no se distingue qué proviene de él y qué del otro. Movimiento e intención, tori y uke, están conectados en un todo. Es como el oleaje, en el que no se puede diferenciar la ola que rompe de la que retrocede. Creo que por eso mucha gente, cuando ve este tipo de práctica, no la entiende: porque no se puede leer qué le hace una persona a la otra, y esa es la idea preconcebida que existe de una relación marcial.
Pero eso no es lo que ocurre en una relación de ki musubi. Lo que sucede es que ambos están aportando algo todo el tiempo. Y cuando Luis sensei practica, ese flujo está en continuo movimiento. Para él, extender su intención, percibir y usar lo que viene del uke ocupan exactamente el mismo lugar en su mente, porque está absolutamente inmerso en el presente de esa relación. Mi conclusión es que existe una ecuanimidad absoluta respecto a la procedencia de la intención o del movimiento. Todo es “vibración y conexión”, como dice Endo sensei, y desde esa percepción podemos usarlo todo: nada está bien o mal.
Esto me hace pensar que el concepto de “mushin”, o mente inamovible, puede entenderse más fácilmente si buscamos permanecer neutrales ante lo que suceda en el proceso. La ecuanimidad “nos libera”. Creo sinceramente que lo que más nos aleja de este estado mental es que, para nosotros, tiene más valor la autoría del movimiento, y eso nos separa del proceso, del uke y de la realidad.
Ahora me doy cuenta de que llevo años practicando ki musubi sin profundizar en este aspecto fundamental: no solo estamos entrenando nuestro cuerpo para ser fluido y flexible; más relevante aún es que estamos entrenando nuestra mente para ser ecuánime, para permanecer neutral o suave cuando las cosas son distintas de lo que queremos que sean. Y, sobre todo, para ir conquistando ese lugar donde “lo que queremos o deseamos” desaparece y no hay distancia con el proceso, sino que somos observadores y parte del mismo a la vez.
“Permanecer con neutralidad” es lo que nos abre este camino cuando sentimos la fricción de que “algo no va”. En la Endo Way se habla de suavidad y, sin duda, este proceso requiere suavizar cómo nos relacionamos con las ideas y expectativas, pero creo que eso da lugar a malentendidos sobre la cualidad del contacto. Sin embargo, “permanecer con neutralidad —ecuánime— en el punto de contacto” nos da más pistas sobre el tipo de mente que buscamos. Y aunque no sean palabras con muy buen marketing en 2026, quizás precisamente por eso sean un acto revolucionario para transformar nuestra mente.
El motivo inicial de toda esta reflexión surgía al observar la diferencia entre sensei y estudiantes (incluso altos grados). Pero no hablo de la forma técnica, que por supuesto existe. Hablo más bien de una sensación que impregna todo el movimiento. Observo en mí misma y en mis compañeros esa falta de neutralidad ante lo que surge durante el proceso marcial. Creo que cuando, ante la fricción, la frustración nos lleva a “huir” o a “forzar”, estamos resistiéndonos a la realidad y generando aún más distancia con ella. Y que practicar con ecuanimidad puede realmente mostrarnos la vía de la “no resistencia” de la que hablaba O Sensei.