23/08/2026
Aquí tienes una pequeña historia para homenajear al gran Chele Julio:
El zurdo de oro de Guanacastales
En la aldea todos sabían que cuando el Chele Julio se perfilaba, era mejor quitarse de la trayectoria del balón. No importaba si jugaba con tenis gastados, descalzo o si la pelota era de plástico y estaba medio ponchada; su pierna izquierda era un cañón.
Los partidos en la calle siempre eran rústicos y apretados, pero el Chele Julio tenía la llave para destrabar cualquier defensa. Cuando el juego se ponía "picado" y las papas quemaban, él pedía el balón. Con un amague corto hacia el centro, se abría el espacio justo. Lo que seguía era un estruendo seco y un balón que viajaba a ras de suelo, directo a reventar la portería improvisada con dos piedras.
Nadie quería ponerse en la barrera cuando había un tiro libre. El portero rival solo escuchaba el silbido del balón antes de verlo sacudir las redes. Hoy, las calles de la aldea ya no son las mismas, pero si guardas silencio por la tarde, todavía parece escucharse el eco de ese zurdazo potente y el grito de gol que unía a toda la cuadra.
SIEMPRE LO RECORDAREMOS AL GRAN CHELE JULIO