22/08/2026
El ajedrez no es un deporte. Di eso en el lugar equivocado y verás cómo la gente pierde los estribos. El argumento en contra siempre empieza igual: no hay esfuerzo físico. Nadie suda. Estás sentado en una silla moviendo piezas sobre un tablero mientras los atletas convencionales se desgarran los músculos y jadean buscando aire. Llamar deporte a eso parece un insulto a los deportes de verdad. Entonces, alguien saca a relucir las cifras. Los jugadores de élite pueden quemar más de seis mil calorías durante un solo día de torneo. No por mover las piezas, sino por el estrés. El ritmo cardíaco se dispara, la presión arterial fluctúa y el cortisol inunda su organismo durante horas mientras soportan una tensión mental que la mayoría de la gente jamás experimenta en toda su vida. Magnus Carlsen ha hablado de la necesidad de estar en excelente forma física simplemente para sobrevivir a un torneo largo. La fatiga en la quinta hora de una partida clásica ya no es mental, es física, y es brutal. Algunos países coinciden. El ajedrez está reconocido oficialmente como deporte en lugares como Rusia y varias naciones europeas, con la financiación y el estatus de atleta correspondientes. Otros países ni siquiera aceptan ponerlo en la misma categoría. ¿Qué definición prevalece entonces? ¿La que se basa en el esfuerzo físico o la que se centra en lo que el cuerpo humano realmente experimenta bajo esa presión durante seis horas seguidas? ¿Es el ajedrez un deporte por lo que le hace al cuerpo, aun sin correr ni sudar, o calificarlo así resta valor a lo que los atletas de verdad afrontan?