21/05/2026
PAPELITO # 1674
En el tenis, los conceptos de “sufrimiento” y “dolor” no significan castigo ni algo negativo, sino adaptación consciente al esfuerzo y a la incomodidad competitiva. El dolor (funcional), es la sensación física del esfuerzo: fatiga muscular, falta de aire, piernas pesadas y ardor. Es una señal de que el cuerpo está siendo exigido. El sufrimiento (controlado), es la incomodidad mental: frustración, presión, ansiedad y ganas de rendirse. Es donde se construye el carácter competitivo. No hablamos de dolor por lesión ni sufrimiento emocional negativo. Eso no se entrena, se evita. Los objetivos es que el jugador aprenda a jugar bien estando cansado, que entienda que en un partido no siempre se va a sentir bien, pero igual debe competir a la altura y que debe aceptar la incomodidad sin dramatizarla y seguir ejecutando su juego. Toda la exigencia de los entrenamientos se traslada a la competencia, donde el jugador no piensa “estoy sufriendo” sino “esto ya lo viví entrenando, sé qué hacer” y se logra que la fatiga no lo sorprenda, que la presión no lo paralice y que los errores no lo desordenen. Se convierte en experiencia conocida, no en amenaza. Se entrena duro, no para sufrir, sino para que cuando el partido se ponga difícil, eso no sea nuevo para ti. El día del partido no subes tu nivel, caes al nivel de tu entrenamiento. Si todo esto se integra, el jugador mantiene la técnica bajo fatiga, no cambia su actitud cuando va perdiendo, tolera los errores sin descontrol emocional y compite igual en el primer y en el último punto. El “dolor” es físico, se entrena para resistirlo y adaptarse. El “sufrimiento” es mental, se entrena para gestionarlo. Ambos se trabajan con sentido, no por castigo. El objetivo final es jugar bien en condiciones difíciles e incómodas.