15/10/2015
Todos sabemos, en mayor o menor medida, de la importancia de la columna vertebral. Y es que su nombre no es en vano, pues es el sostén de todo nuestro cuerpo y el eje desde el cual nos movemos con tanta libertad. Aunque estamos al día de la gran importancia de esta estructura, parece que durante nuestra vida diaria cae en el olvido.
Ya sea cavando, sentado frente a un ordenador, conduciendo vehículos, escribiendo en una pizarra, cargando con esas horribles mochilas durante la infancia o desarrollando cualquier actividad diaria; la columna es quien sostiene toda la tensión de nuestro trabajo y nada más lejos de relajarla, durante el tiempo libre le exigimos aún más sacrificio sentados en el sofá, a la mesa, corriendo o tomando algo con los amigos.
A lo largo de nuestra vida diaria nos olvidamos de nuestra columna y aún así nos extrañamos cuando esta se “queja” y sentimos dolor. Mucha gente recurre a diferentes técnicas, ejercicios o especialistas para aliviar estos “extraños” dolores de espalda, que al parecer han surgido sin causa aparente. Pero la realidad es que llevamos toda la vida maltratando una de las partes más importantes de nuestro cuerpo.
Por todo esto creo que es imperial que desde que somos pequeños se nos proporcione una buena educación corporal, pues muchos de los dolores que arrastramos a lo largo de nuestra vida son provocados por las malas posturas que adoptamos diariamente.
Estrechamente ligada a la salud de la columna aparecen las articulaciones inferiores del cuerpo; cadera, rodilla y tobillo. Las cuales están diseñadas para poder trabajar en diferentes ángulos sin tener que “doblar” nuestro tronco. Debemos de utilizar estas articulaciones para movernos diariamente si queremos que nuestra columna sufra lo menos posible.
Nunca es tarde para aprender a utilizar nuestro cuerpo, por lo tanto, si tienes que coger peso; flexiona las rodillas manteniendo tu columna lo más libre posible, si tienes que estar sentado mucho tiempo; levántate varias veces y moviliza tu cuerpo, intenta llevar el menor peso posible en tu espalda y si no es así, llévalo lo más pegado a ti posible. Algunos de estos pequeños gestos te pueden ahorrar futuros trastornos en tu columna.