05/06/2026
Durante años nos pidieron paciencia.
Y la tuvimos.
La tuvimos cuando las categorías se agrupaban porque no había suficientes equipos.
La tuvimos cuando aceptamos formatos excepcionales para ayudar al crecimiento del fútbol femenino.
La tuvimos cuando se nos prometió que el aumento de licencias traería competiciones más sólidas, categorías más homogéneas y mejores condiciones para nuestras jugadoras.
Y mientras esperábamos, nuestras futbolistas siguieron haciendo su parte.
Entrenar.
Competir.
Creer.
Hoy el fútbol femenino alavés cuenta con más equipos, más licencias y más nivel que nunca.
Sin embargo, seguimos encontrando competiciones a una vuelta, formatos provisionales que se convierten en permanentes y decisiones que continúan dejando en segundo plano el valor deportivo de las propias jugadoras.
La última jornada ha sido el reflejo de todo ello.
Un partido que debía disputarse no se jugó por una incidencia organizativa ajena a los clubes. Dos equipos comparecieron. Dos equipos estaban preparados para competir. El árbitro no. Sin embargo, la solución adoptada ha sido que el encuentro no se juegue y que su resultado quede resuelto fuera del campo.
No reclamamos privilegios.
No reclamamos ventajas.
Reclamamos algo mucho más sencillo.
Que los partidos se jueguen.
Que las clasificaciones se decidan compitiendo.
Que el crecimiento del fútbol femenino se traduzca también en mejores competiciones.
Y que el esfuerzo de nuestras jugadoras reciba el respeto que merece.
Porque crecer no es solo sumar licencias.
Crecer es cuidar a quienes ya están.
Las jugadoras merecen más.