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ANTES DE LA MARCHA NÓRDICA ESTÁ LA MARCHA HUMANA (VI)Antes de ser lo que muchos creen que es, caminar con bastones era u...
23/10/2026

ANTES DE LA MARCHA NÓRDICA ESTÁ LA MARCHA HUMANA (VI)
Antes de ser lo que muchos creen que es, caminar con bastones era una herramienta de entrenamiento.

Los esquiadores de fondo finlandeses los usaban en verano, cuando no había nieve, para preparar la temporada. Y la prueba escrita más clara que he encontrado es un manual de formación de entrenadores de esquí publicado en 1979 por Mauri Repo para la Federación Finlandesa de Deporte Obrero (Repo, 1979).

Lo que proponía

El manual recoge ejercicios con bastones como la carrera en cuesta y la marcha cuesta arriba, en sesiones continuas de 30 a 60 minutos, con intensidad aeróbica. Repo defiende que se pueden hacer andando, y no solo corriendo, y señala que, andando, el riesgo de sobrecarga es menor. Sus objetivos eran aumentar la captación de oxígeno, trabajar la fuerza específica y entrenar la coordinación.

No era un ejercicio suave para quien empieza. Era trabajo específico para deportistas de resistencia exigentes.

Qué sabemos hoy

Con el tiempo, el uso de bastones se ha estudiado bastante más. En llano o en pendientes suaves, caminar con bastones aumenta el consumo de oxígeno y la frecuencia cardiaca al mismo ritmo (Church et al., 2002; Baek y Ha, 2021).

Son estudios pequeños, pero apuntan en la dirección que Repo intuía: más trabajo para el sistema cardiovascular con poco impacto sobre las piernas.

Del entrenamiento de competición a la salud

Lo curioso es el camino que ha seguido este deporte. Nació en el entrenamiento de deportistas de competición, de esquiadores que se preparaban para temporadas exigentes. No era un ejercicio para pasear: era trabajo duro, planificado, con pulsaciones, duraciones y objetivos.

Con los años, se ha asociado sobre todo a la salud y al ejercicio suave, y buena parte de lo que se investiga sobre él va en esa dirección. La salud es un valor enorme y no se lo quito.

Pero hay una pregunta que me hago. Si nació para entrenar a deportistas, y hoy forma parte de las disciplinas de montaña, ¿cómo es que apenas se plantea como lo que fue: una herramienta de entrenamiento para deportes exigentes?

El rechazo

Entre los deportistas de las disciplinas de montaña, gente fuerte y activa, hay bastante rechazo hacia la marcha nórdica. La imagen que tienen es la de personas mayores paseando por un parque.

Ese rechazo nace, en buena parte, del desconocimiento de lo que es realmente este deporte. Y ese desconocimiento viene de la formación. Lo que se sabe de la marcha nórdica lo han transmitido sobre todo las escuelas, que también han impartido los cursos de formación. La propia definición de la marcha nórdica en el reglamento federativo exige respetar la biomecánica de la marcha humana. Sin embargo, en los cursos que conozco esa biomecánica no se ha trabajado. Si quien explica no tiene esa base, difícilmente puede mostrar lo que hay detrás.

Además, es lógico que la oferta se oriente a lo que atrae a más público, y un enfoque más técnico probablemente no sea el más rentable. Por eso casi nadie se ha planteado este trabajo.

Pero hace casi diez años que forma parte de las disciplinas de montaña. ¿Por qué no mirarla también como lo que fue: entrenamiento, con una base técnica sólida y con la pregunta abierta de cuánto puede aportar?

Una reflexión

La idea de Repo era entrenar con bastones para mejorar el rendimiento en otro deporte. Me pregunto qué pasaría si miráramos esa idea hoy desde los deportes de montaña: el trail, las carreras por montaña, el kilómetro vertical.

Como planteaba en un artículo anterior, la base sería la marcha humana. Si el cuerpo camina con más eficiencia, el bastón se integra sobre algo que ya funciona, y el beneficio no sería solo el del bastón, sino el de un cuerpo que se mueve mejor.

Es un principio general del entrenamiento: mejorar capacidades que intervienen en un deporte suele repercutir en su rendimiento. Lo que aún está por medir es cuánto puede aportar la marcha nórdica a cada disciplina de montaña.

Pero si en su momento tuvo valor para quienes buscaban rendimiento, quizá merece la pena volver a mirarla con esa mirada.

Antes de decidir cómo utilizamos los bastones, sigue habiendo algo que merece toda nuestra atención.

La marcha humana.

ANTES DE LA MARCHA NÓRDICA ESTÁ LA MARCHA HUMANA (V)En el artículo anterior hablaba de cómo la marcha se adapta al terre...
21/10/2026

ANTES DE LA MARCHA NÓRDICA ESTÁ LA MARCHA HUMANA (V)

En el artículo anterior hablaba de cómo la marcha se adapta al terreno. Hoy quiero hablar de algo que está antes: cómo aprende el cuerpo a moverse.

Porque enseñar una técnica no consiste solo en explicar qué hay que hacer. Consiste en entender cómo aprende una persona y qué le ayuda a hacerlo.

Qué se fija y qué se adapta

Ya hablé de la distinción que hace Bosch (2015) entre atractores y fluctuadores. Los atractores son los componentes estables del movimiento, los que lo hacen eficiente y robusto. Los fluctuadores son los que se adaptan a lo que cambia: el terreno, la velocidad, la pendiente.

Bosch añade dos ideas que me parecen muy útiles. La primera es que los atractores rara vez son posturas concretas. Son principios de movimiento, más abstractos, que surgen de la propia organización del cuerpo. La segunda es que el número de fluctuadores debe ser el menor posible, porque solo podemos controlar un número limitado de variables a la vez. Incluso las habilidades muy abiertas, como correr en terreno cambiante, necesitan una base fija sobre la que adaptarse.

Dicho de otro modo: cuanto más sólida es la base, más libre queda el cuerpo para adaptarse.

Qué ocurre cuando alguien aprende

Según Bosch, que sigue el trabajo de Thelen (1995), cuando aprendemos algo nuevo el cuerpo recurre primero a lo que ya conoce. Después, para controlar un movimiento que aún no domina, suele bloquear articulaciones. Es lo que ocurre con el tronco rígido o los brazos tensos de quien empieza. No es un fallo: es una estrategia del cuerpo para ganar control.

Eso explica algo que vemos continuamente en clase. Cuando alguien empieza a modificar su forma de caminar, durante un tiempo lo hace peor que antes. Y explica también por qué la relajación importa: el cuerpo solo puede organizarse si no está bloqueándose.

Bosch añade otra idea importante: a veces la dificultad no está en aprender el patrón nuevo, sino en deshacer el viejo.

Cómo enseñar entonces

Si la base es lo que hay que asentar, la enseñanza tiene que empezar por ahí. Los componentes estables no aparecen solos: hay que llevar la atención a ellos hasta que se vuelvan automáticos. Por eso, al principio, pido atención consciente a muy pocas cosas, las esenciales.

Si el alumno no atiende a esos gestos, no llega a hacer bien el movimiento.

Lo que no hago es corregir cada detalle. Los componentes que se adaptan se ajustan mejor cuando la base ya funciona, y controlarlos uno a uno satura a quien está aprendiendo. Bosch recuerda que solo podemos controlar un número limitado de variables a la vez, y señala que la mayoría de las instrucciones que se dan en entrenamiento y rehabilitación dirigen la atención hacia dentro del cuerpo con demasiado detalle, y que dar muchas puede resultar contraproducente.

Es mi criterio de enseñanza, apoyado en este marco, no un resultado medido en marcha nórdica.

Bernstein, el fisiólogo que sentó las bases de esta forma de entender el movimiento, lo resumía en una frase: repetición sin repetición. Practicar no es repetir el mismo gesto, sino volver a resolver el mismo problema una y otra vez.

Dónde entran los bastones

Desde este marco, y esta lectura es mía, el bastón puede entenderse como un fluctuador. Algo que se adapta sobre una base ya organizada. Por eso la marcha va primero.

Si la base no está asentada, el bastón no se integra: compite con ella.

Este es el orden que sigo en el manual que presentaré próximamente.

Antes de decidir cómo utilizamos los bastones, sigue habiendo algo que merece toda nuestra atención.
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La marcha humana.

ANTES DE LA MARCHA NÓRDICA ESTÁ LA MARCHA HUMANA (IV)En los artículos anteriores he hablado de la eficiencia de la march...
15/10/2026

ANTES DE LA MARCHA NÓRDICA ESTÁ LA MARCHA HUMANA (IV)
En los artículos anteriores he hablado de la eficiencia de la marcha humana y de algunos de los mecanismos biomecánicos que intervienen en ella. Pero hay una cuestión que me interesa especialmente: ¿qué ocurre con esos mecanismos cuando cambiamos el terreno?

Para responder, conviene empezar por una idea que a menudo se pasa por alto. La idea que se tiene de la marcha nórdica es que lo que se aprende es a usar bastones. Pero su base es la marcha humana, y como en cualquier deporte, el objetivo es la eficiencia, que se consigue entrenando la técnica eficiente de marchar. Eso significa aprender, o volver a disponer de, gestos que hemos ido perdiendo.

En montaña, la pendiente, las irregularidades y las exigencias del desplazamiento modifican continuamente nuestra forma de caminar. El paso se acorta, cambian los apoyos, se reorganiza el trabajo de las articulaciones y el cuerpo busca soluciones para seguir avanzando.

Y aquí aparece una idea que considero especialmente interesante para el entrenamiento.

Bosch (2015) distingue entre atractores, componentes relativamente estables de la organización del movimiento, y fluctuadores, aquellos que pueden variar para adaptarse a las condiciones de la tarea.

Esta distinción me lleva a una reflexión: cuando los componentes estables están bien asentados, solo hace falta variar lo necesario para adaptar el movimiento a las exigencias del terreno.

Pensemos, por ejemplo, en tres aspectos de la marcha humana.

- La rodada del pie. Como veíamos en el artículo anterior, la rodada del pie es lo que permite que el tobillo aporte su parte en cada paso. En terreno llano, el apoyo progresa habitualmente desde el talón hacia el antepié y los dedos. En pendientes pronunciadas, el patrón cambia y ese recorrido puede reducirse
considerablemente. Sin embargo, los mecanismos de movilidad, control y propulsión del pie siguen teniendo importancia, aunque su participación se reorganice.

En subida, el trabajo de las piernas cambia (Franz y Kram, 2012) y también lo hacen los ángulos articulares en el apoyo (Masoumpour et al., 2024). Y a partir de pendientes en torno al 15 %, la eficiencia mecánica pasa a ser la de la contracción muscular concéntrica (Minetti et al., 2002): se aprovecha menos el retorno elástico y es razonable pensar que el avance depende más de la flexo-extensión coordinada de tobillo, rodilla y cadera.

- La organización del cuerpo. El desplazamiento del centro de masas exige una coordinación continua entre pelvis, tronco y extremidades. En subida, la posición del cuerpo se adapta a la pendiente y a las necesidades de equilibrio y propulsión. La capacidad de organizar esos ajustes forma parte de nuestra competencia motriz.

- El braceo y la rotación del tronco. Los brazos participan en la organización global de la locomoción. Arellano y Kram (2014) observaron que restringir su movimiento durante la carrera incrementaba el coste energético. Aunque se trata de un estudio sobre carrera, y no sobre marcha nórdica, muestra que el movimiento de los brazos tiene una función que va más allá de acompañar visualmente a las piernas.

¿Qué relación tiene todo esto con la marcha nórdica?

En terreno llano o con pendientes suaves podemos trabajar de forma repetida la movilidad del pie, la coordinación entre segmentos, el desplazamiento del centro de masas y la integración de los brazos en el movimiento.

Son miles de ciclos de marcha en los que esos mecanismos participan de forma coordinada.

Desde esta perspectiva, considero que la marcha nórdica tiene posibilidades interesantes como entrenamiento cruzado y como entrenamiento funcional para los deportes de montaña. No porque caminar con bastones reproduzca las exigencias de una subida pronunciada, una carrera de montaña o una escalada, sino porque permite trabajar determinadas capacidades funcionales que también intervienen en esas actividades.

Hay motivos para pensar que esa transferencia es razonable. Los deportes en los que se usan bastones, como la marcha nórdica, el esquí de fondo o el trail, son cíclicos y se apoyan sobre todo en el metabolismo aeróbico, lo que hace pensar que puede haber relaciones útiles entre ellos (Saller et al., 2023). Lo mismo cabe pensar del kilómetro vertical: es caminar cuesta arriba de forma cíclica, con la misma sucesión de fases de apoyo y oscilación.

Y después están los bastones.

Fujita et al. (2018) encontraron diferencias entre instructores experimentados y practicantes recreativos relacionadas con la utilización de los bastones y las respuestas fisiológicas del ejercicio. Un resultado que invita a seguir estudiando cuánto influye la calidad de su integración en el movimiento.

A medida que he profundizado en la literatura científica sobre la locomoción, he ido encontrando conexiones entre mecanismos que habitualmente estudiamos por separado: el pie, la pelvis, el tronco, los brazos, las fuerzas que intervienen en el avance y la capacidad de adaptación al terreno.

Relacionar estos conocimientos y explorar su aplicación a la marcha nórdica ha sido una parte importante de mi trabajo durante estos años.

Porque antes de decidir cómo utilizamos los bastones, sigue habiendo algo que merece toda nuestra atención.

La marcha humana.

ANTES DE LA MARCHA NÓRDICA ESTÁ LA MARCHA HUMANA (III)En el artículo anterior hablábamos de un estudio que confirmaba, c...
07/10/2026

ANTES DE LA MARCHA NÓRDICA ESTÁ LA MARCHA HUMANA (III)

En el artículo anterior hablábamos de un estudio que confirmaba, con datos, por qué usar bien el tobillo es más económico que compensar con la cadera. Esta semana quiero compartir algo que va un paso más allá: una tesis de la Universidad de Ottawa que encuentra ese mismo mecanismo, pero esta vez directamente en marcha nórdica y en personas mayores.

El estudio, dirigido por Julie Nantel, siguió a un grupo de adultos mayores (68 años de media) durante un programa de marcha nórdica de 8 semanas. La revisión de literatura que lo sustenta es clara: con la edad se pierde fuerza y rango de movimiento en el tobillo, sobre todo en la plantiflexión de la fase final del apoyo, y el cuerpo compensa esa pérdida tirando más de los flexores de cadera para sacar la pierna hacia adelante.

Los bastones sí ayudaron, y esto conviene decirlo con claridad: al caminar con ellos, la potencia que la cadera tuvo que generar fue menor que al caminar sin ellos, tanto antes como después del entrenamiento. El apoyo externo alivia la compensación. Pero el problema de fondo no se resolvió: tras las 8 semanas, la potencia del tobillo en el momento de despegue apenas aumentó, sin llegar a ser un cambio significativo. El propio estudio lo señala así: el grupo modificó su patrón de marcha principalmente a nivel de cadera y rodilla, no de tobillo.

Es la misma idea de fondo que venimos defendiendo: antes de la marcha nórdica está la marcha humana. El bastón puede aliviar una compensación, pero no sustituye el trabajo de la base. Y aquí la base tiene nombre propio: la rodada del pie, el gesto que permite que el tobillo aporte su parte en cada paso, merece trabajarse de forma específica y consciente, no darse por hecho porque se practique con bastones.
Sigo con el mismo hilo. Pronto habrá más que contar.
Está la marcha humana.

Referencia: Dalton, C. (2016). Nordic Walking Improves Postural Alignment and Leads to a More Normal Gait Pattern Following 8 Weeks of Training in Older Adults. Tesis de maestría, Universidad de Ottawa.

ANTES DE LA MARCHA NÓRDICA ESTÁ LA MARCHA HUMANA IIEsta semana ha salido un estudio que me parece interesante compartir....
02/10/2026

ANTES DE LA MARCHA NÓRDICA ESTÁ LA MARCHA HUMANA II

Esta semana ha salido un estudio que me parece interesante compartir. Catorce personas caminaron con un pequeño estímulo eléctrico aplicado al sóleo, en el tobillo, justo en el momento de empuje. Cuando se lo quitaron y volvieron a caminar por su cuenta, algo había cambiado: usaban más el tobillo, menos la cadera, y gastaban un 2,3% menos de energía que antes del experimento.

¿Por qué importa esto? Porque confirma algo que en marcha nórdica casi nunca se explica: que caminar bien no es solo mover las piernas, sino repartir el trabajo entre las articulaciones de la forma más eficiente posible. El tobillo, con el tendón de Aquiles actuando como un resorte, sale más barato que la cadera.

Lo que no hace el tobillo lo acaba haciendo la cadera, y ese trabajo extra cuesta más energía. Por eso una rodada completa del pie, de talón a punta, sin cortes ni atajos, no es un detalle menor: es lo que permite que el tobillo asuma su parte y la cadera no tenga que compensar.

Nada de esto habla de bastones. Habla de la base. De la marcha humana sobre la que después se construye todo lo demás, bastón incluido.

Hace unas semanas hablaba de por qué el 80-90% de la musculatura no se activa por llevar bastones, sino por caminar bien antes de cogerlos. Este estudio va en la misma línea: confirma, con datos, por qué esa base importa tanto.

Sigo revisando estudios, sigo dando forma a ese trabajo. Pronto habrá más que contar.

Está la marcha humana.

Referencia: Miller RH, Zhao N, Beck ON. Priming the plantarflexors with electrical stimulation induces more economical walking. J R Soc Interface. 2026;23(242):20260146.

MARCHA NÓRDICA: EL PROBLEMA NO ES EXAGERAR SUS BENEFICIOS, ES NO EXPLICARLOS BIEN  He estado leyendo varios artículos re...
29/09/2026

MARCHA NÓRDICA: EL PROBLEMA NO ES EXAGERAR SUS BENEFICIOS, ES NO EXPLICARLOS BIEN

He estado leyendo varios artículos recientes sobre marcha nórdica en medios generalistas. Y todos cuentan casi la misma historia.

Actividad completa, de bajo impacto, adecuada para todas las edades. Entre el 80 y el 90% de la musculatura. Protección de rodillas, caderas y columna. Mejora de la postura. La misma cifra, con pequeñas variaciones, se repite de un medio a otro sin que ninguno explique de dónde sale.

No creo que esto sea un problema exclusivo de la marcha nórdica. Cualquier deporte con mercado de por medio convive con una divulgación floja. Pero aquí hay algo más de fondo, y es lo que de verdad me preocupa: cuando alguien quiere contrastar estas cifras acudiendo a la literatura científica, encuentra muy poco.

Un reanálisis reciente de datos de marcha en personas con Parkinson comparó marcha nórdica con actividad física adaptada y no encontró, en aquella pequeña muestra, una respuesta específica claramente superior de la marcha nórdica. Es un trabajo aún no revisado por pares y no demuestra que la marcha nórdica carezca de beneficios. Lo que muestra, junto con las limitaciones que los propios estudios de este campo reconocen, es la distancia entre lo que sabemos y lo que a veces se promete.

La marcha nórdica puede ser una buena opción de ejercicio; llevar bastones no convierte sus efectos en excepcionales ni garantiza los mismos resultados para todo el mundo.

Cojamos la cifra que más se repite, el 80-90% de la musculatura. Formulada así, da a entender que es el bastón el que activa esa musculatura, como si sin él no estuviera trabajando. Y es al revés.

Antes de la marcha nórdica está la marcha humana. Ya lo planteé al hablar de reglamento hace unas semanas, y aquí vuelve a ser la clave: una marcha eficiente —la rodada del pie, extensión de cadera, contrarrotación pélvica escapular— ya moviliza las principales cadenas cinéticas del cuerpo antes de que exista ningún bastón. Lo que el bastón hace, cuando se integra sobre ese patrón, es incrementar la actividad de una musculatura que ya estaba trabajando. Amplifica. No crea.

Por eso esa cifra universal no tiene mucho sentido tal como se presenta. Depende de si la persona ya camina de forma eficiente. Sobre una marcha pobre, el bastón no va a incorporar por sustitución lo que la marcha de base no recluta.

Lo mismo pasa con otra afirmación que se repite casi sin excepción: que los bastones ayudan a mantener la postura. Aquí conviene matizar, porque hay evidencia real detrás, solo que no de la forma en que se cuenta. Lo que sí muestran los estudios es que el apoyo bilateral de los bastones mejora la estabilidad del tronco en el plano frontal, reduciendo el desplazamiento lateral durante la marcha. Eso es cierto y tiene valor.

Pero de ahí se salta, sin ningún puente, a la idea de que el bastón «mejora la postura», dando a entender una elongación axial, un tronco más erguido, una columna más alineada —y eso no depende de sostener un objeto en la mano, depende del control de tronco, de la movilidad torácica y de los hábitos que la persona ya trae consigo. Si no se trabaja activamente la extensión y el control escapular, el bastón no corrige nada en el plano sagital. Y en manos sin técnica, puede ser justo lo contrario: apoyarse en él como en un bastón de senderismo lleva el tronco hacia delante y hacia abajo, no lo mantiene erguido. Es fácil ver elevación de hombros o proyección de la cabeza hacia delante en quien va mirando dónde clava el bastón —las mismas compensaciones que se supone que esto evita.

Y hay un tercer error que se repite, más técnico, pero no menos importante: tratar a cada músculo como si tuviera una única función genérica de «propulsar el cuerpo». En uno de los artículos revisados se describe el glúteo mayor como motor de la marcha, sin más matiz. El error no está en atribuirle alguna contribución al avance, sino en simplificar en qué consiste esa contribución: su actividad se concentra en la fase final de la oscilación y en la respuesta a la carga, controlando la extensión de cadera y estabilizando el tronco frente a la fuerza de reacción del suelo, y en ese mismo instante genera un pico de potencia positiva —una aportación propulsiva real, pero pequeña y temprana.

El motor principal del empuje, con diferencia, son los flexores plantares, sóleo y gemelos, cuya retracción elástica en la fase final del apoyo genera la fuerza propulsiva más potente de todo el ciclo. Llamar al glúteo mayor «motor de la marcha» sin esa distinción es tomar una parte pequeña del mecanismo y presentarla como si fuera el todo.

Lo mismo pasa con el cuádriceps, que en marcha trabaja sobre todo de forma excéntrica, frenando la flexión de rodilla tras el contacto del talón, no empujando; o con los isquiotibiales, que frenan la pierna al final del balanceo y ayudan a extender la cadera al contactar, sin ser tampoco propulsores continuos. Cada músculo tiene una ventana temporal concreta dentro del ciclo de marcha, con una función específica, y reducirlos todos a «propulsar» es la misma simplificación que la cifra del 80-90%, aplicada ahora músculo por músculo.

No escribo esto para restar valor a la marcha nórdica. La escribo porque me parece que el problema no es que exageremos sus beneficios, sino que no los explicamos bien, y eso tiene consecuencias: cuando todo se le atribuye al bastón, dejamos de mirar lo único que de verdad decide el resultado, que es cómo se camina antes de coger los bastones y cómo, cuándo y con qué dirección se aplica después la fuerza sobre ellos.

Ese es el trabajo que llevo años haciendo, y del que espero poder hablaros pronto con más detalle.

VÍDEO ANÁLISIS: LO QUE GRABAMOS Y LO QUE REALMENTE ANALIZAMOS  El vídeo análisis es una de las herramientas más valiosas...
25/09/2026

VÍDEO ANÁLISIS: LO QUE GRABAMOS Y LO QUE REALMENTE ANALIZAMOS

El vídeo análisis es una de las herramientas más valiosas que tenemos para la tecnificación en marcha nórdica. Permite ver lo que el ojo en tiempo real no siempre capta, comparar, corregir, enseñar. Y lo sigue siendo.

Pero conviene tener clara una distinción que solemos pasar por alto: no es lo mismo grabar a un marchador en competición que grabarlo en un espacio de entrenamiento reducido.

En competición, el marchador lleva ya un tramo largo de marcha continua cuando lo grabamos. Su patrón está asentado, rodando. En un espacio pequeño, en cambio, tiene que reiniciar la marcha cada pocos metros, cada vez que cambia de sentido. Y el inicio de la marcha no es lo mismo que la marcha ya establecida: exige un control postural y neuromuscular distinto, más consciente, menos automático. Es un momento del gesto, no el gesto en su forma habitual.

Esto no invalida el vídeo análisis en espacio reducido — sigue siendo una herramienta útil y necesaria, sobre todo porque no siempre se puede grabar en competición ni tenerla disponible cuando hace falta. Pero sí conviene saber cuánto tramo hace falta para que lo grabado represente de verdad la técnica rodada, y no solo la transición de arranque.

Aquí me permito una extrapolación razonable, no una certeza demostrada: la investigación en análisis de marcha con sensores inerciales sugiere que los parámetros básicos de la marcha — velocidad, longitud de zancada — se estabilizan dentro de las primeras 10 a 30 zancadas tras el inicio. Esos estudios miden parámetros espaciotemporales, no las variables que evaluamos visualmente en marcha nórdica — la rodada del pie, la rotación pélvica, el timing del bastón —, así que no puedo decir que apliquen igual a lo que buscamos en un vídeo. Pero sí me parece razonable pensar que algo similar ocurre: que los primeros pasos de cada pasada, en un tramo corto, reflejan más la fase de arranque que la técnica ya asentada del marchador.

La conclusión práctica no es dejar de grabar en espacios reducidos. Es tener en cuenta, al analizar, cuántos pasos separan el inicio del tramo del punto donde realmente se juzga la técnica — y no sacar conclusiones sobre el patrón de marcha de alguien a partir de sus primeros pasos, cuando todavía no ha empezado a caminar de verdad.

El vídeo sigue siendo indispensable. Solo hay que saber qué se está mirando.

ANTES DE LA MARCHA NÓRDICA, ESTÁ LA MARCHA HUMANAA veces tengo la sensación de que llevamos años intentando definir cómo...
08/09/2026

ANTES DE LA MARCHA NÓRDICA, ESTÁ LA MARCHA HUMANA
A veces tengo la sensación de que llevamos años intentando definir cómo debe moverse un marchador nórdico cuando quizá hemos empezado la pregunta demasiado tarde.

Antes de la Marcha Nórdica está la marcha humana.
Y la marcha humana no es un gesto que haya inventado ninguna escuela ni ningún método.La marcha humana es el resultado de millones de años de evolución hacia una forma extraordinariamente eficiente de desplazarnos.

La organización del centro de masas, el mecanismo de péndulo invertido, la extensión de cadera, la contrarrotación pélvica-escapular, la coordinación entre segmentos o el aprovechamiento de la energía elástica forman parte de esa eficiencia.

Todo eso ya estaba ahí antes de que apareciera la Marcha Nórdica.

Eso no significa, sin embargo, que cada uno de nosotros utilice espontáneamente ese patrón de la manera más eficiente posible.

El cuerpo se organiza para resolver una tarea con los recursos de los que dispone y puede encontrar soluciones que le permiten avanzar, aunque no aprovechen plenamente los mecanismos que hacen eficiente la marcha humana. Hábitos adquiridos, limitaciones de movilidad o determinadas compensaciones pueden modificar nuestra manera de caminar.

Por eso, mejorar la técnica no debería consistir en imponer al cuerpo una forma artificial de movimiento, sino muchas veces en recuperar capacidades de movimiento que forman parte de nuestra propia estructura y que nuestros hábitos pueden haber ido limitando.
No se trata de aprender una nueva manera de caminar sino de volver a disponer de la movilidad, la coordinación y la organización necesarias para aprovechar mejor los mecanismos que hacen eficiente la marcha humana.

Mejorar la extensión de cadera, permitir una adecuada rotación pélvica, organizar mejor los apoyos, gestionar el desplazamiento del centro de masas o aprovechar los mecanismos elásticos no son invenciones de una escuela de Marcha Nórdica. Son biomecánica de la marcha.
Y sobre esa base aparece nuestra disciplina.
Añadimos dos bastones.

Quizá, entonces, la primera pregunta no debería ser

¿cómo tiene que parecer un marchador nórdico?, sino:
¿Cómo incorporamos los bastones a un patrón locomotor que ya dispone de sus propios mecanismos de eficiencia, sin interferir con ellos y consiguiendo además que colaboren en el avance?

A lo largo de la historia de la Marcha Nórdica se han desarrollado diferentes métodos y concepciones. Su relación con el esquí de fondo ha dado especial importancia a elementos como el paso amplio, el gran recorrido de los brazos o una fase posterior muy marcada.
Y no hay nada malo en ello.

Son formas perfectamente válidas de practicar y enseñar Marcha Nórdica y pueden responder a objetivos físicos, educativos, técnicos o incluso a diferentes maneras de entender la disciplina.

El problema aparece cuando una determinada forma de ejecutar el gesto se convierte en la referencia biomecánica con la que decidimos qué movimiento es correcto y cuál no, especialmente cuando entramos en el terreno de la competición.

Porque si queremos amplitud de paso, la biomecánica ya nos permite estudiar de dónde procede: extensión de cadera, rotación pélvica, organización de los apoyos y desplazamiento del cuerpo. No necesitamos identificar necesariamente amplitud con una zancada artificialmente larga.

Si queremos propulsión, podemos estudiar dónde y cuándo se produce el impulso y cómo puede colaborar el bastón.

Si queremos hablar de eficiencia, podemos estudiar qué coste energético supone una determinada forma de moverse y qué aporta realmente al avance.

Tenemos una base desde la que empezar a preguntar.

Y aquí la competición ha puesto sobre la mesa un problema que cuando la Marcha Nórdica se desarrollaba principalmente como actividad saludable o recreativa quizá no era tan necesario resolver.

En competición buscamos rendimiento.

Pero rendimiento no significa simplemente encontrar cualquier manera de llegar antes.

El cuerpo se autoorganiza para resolver una tarea, pero la solución más eficaz para conseguir el resultado inmediato no tiene por qué respetar las restricciones de un deporte.

Si correr me permite ir más rápido, corro. Pero entonces dejo de caminar.

Si utilizar menos los bastones me permite aumentar la velocidad, quizá llegue antes, pero estaré eliminando precisamente aquello que diferencia la Marcha Nórdica de la marcha convencional.

Por tanto, optimizar no significa permitir cualquier solución que produzca más velocidad. Significa encontrar la solución más eficiente dentro de los elementos que definen la disciplina.

Y quizá aquí está una parte importante de la confusión actual.

Durante años los reglamentos han ido acumulando criterios visibles sobre cómo debe ejecutarse el gesto. Pero cuando la velocidad aumenta, los árbitros tienen que observar en décimas de segundo una enorme cantidad de acontecimientos: pies, rodillas, brazos, bastones, sincronización, amplitudes, posiciones…

Y no todo puede verse con la misma facilidad.

Así aparece una distancia entre lo que dice el reglamento y lo que realmente puede evaluarse durante una competición. Algunos elementos terminan teniendo mucho peso porque son fáciles de observar, mientras que otros resultan difíciles de valorar de manera homogénea.

Quizá, entonces, no necesitamos más normas. Sería mejor comprender cuáles son realmente necesarias.

Y ahí es donde creo que la biomecánica puede ayudarnos. No para llenar los reglamentos de ángulos, cifras y nuevas exigencias. Justamente para lo contrario.

Primero comprender la marcha humana. Después estudiar qué aporta realmente el bastón. Y a partir de ahí decidir qué elementos son esenciales para seguir hablando de Marcha Nórdica y cuáles necesitamos realmente evaluar en competición.

Las diferentes escuelas y concepciones pueden seguir existiendo. No se trata de quitarles valor ni de decidir que una determinada manera de practicar Marcha Nórdica sea mejor que otra.

Pero cuando hablamos de competición, reglamento y arbitraje quizá necesitamos bajar un nivel más profundo.

No preguntarnos primero cómo queremos que parezca un marchador, sino qué necesita conservar biomecánica y funcionalmente para seguir resolviendo la tarea que define nuestro deporte.

Porque la base no tenemos que inventarla.

Está en la marcha humana.

Nuestro trabajo técnico consiste en mejorar nuestra manera de caminar apoyándonos en esos principios y, sobre esa base, conseguir que los bastones se integren y colaboren realmente en el avance.

Quizá ahí tengamos un punto de partida mucho más sólido para decidir después qué queremos enseñar, qué queremos medir y, sobre todo, qué merece realmente la pena reglamentar.

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