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¿HACIA UNA NUEVA ERA DE LA MARCHA NÓRDICA COMPETITIVA?A raíz de algunos comentarios surgidos en el debate abierto en la ...
05/06/2026

¿HACIA UNA NUEVA ERA DE LA MARCHA NÓRDICA COMPETITIVA?
A raíz de algunos comentarios surgidos en el debate abierto en la publicación compartida por Eric Woimant —especialmente la reflexión planteada por Tiziano sobre dónde existe realmente el impulso en marcha nórdica competitiva—, me parece interesante profundizar un poco más en esta cuestión desde el punto de vista de la dinámica de la marcha y de la integración funcional del bastón.

El debate surge precisamente tras analizar vídeos de marchadores de élite españoles en plena competición, donde aparecen patrones locomotores muy rápidos y altamente optimizados que, visualmente, pueden alejarse bastante de la imagen más clásica de la marcha nórdica.

No escribo esto con intención de sentar una verdad absoluta, sino precisamente para abrir reflexión y debate sobre algo que considero apasionante: cómo interactúan realmente locomoción y bastón cuando la marcha nórdica se lleva a velocidades competitivas muy altas

Creo que durante mucho tiempo muchos hemos tenido la idea de que el bastón debía “arrastrar” el cuerpo hacia delante, casi como ocurre en el esquí de fondo, donde el bastón puede llegar a actuar como un motor principal del desplazamiento.

Sin embargo, cada vez tengo más dudas de que esa comparación tenga realmente sentido en la marcha nórdica competitiva.

La locomoción humana sigue siendo el verdadero motor principal de la marcha. Nadie paraliza las piernas para que el bastón tire del cuerpo. Y probablemente tampoco tendría sentido hacerlo si el objetivo es la eficiencia.
Si una persona quiere caminar con ligereza utilizando bastones, lo primero que necesita es precisamente caminar con ligereza.

El bastón no deja de ser un objeto inerte al servicio de la locomoción. No sustituye al cuerpo ni reemplaza el trabajo de las piernas. Su función probablemente sea colaborar funcionalmente con una dinámica locomotora ya eficiente.

Y ahí es donde, bajo mi punto de vista, aparece la verdadera importancia de la sincronización.
Cuando el bastón entra antes del despegue de los dedos del pie ipsilateral, permanece inclinado por detrás del centro de masas y acompaña el movimiento hasta justo sobrepasar la línea del cuerpo, comienza a integrarse exactamente en el momento donde el sistema locomotor entra en su principal fase de aceleración.

Es decir: el bastón no “arrastra” el cuerpo, sino que participa funcionalmente en una aceleración que ya está siendo generada por la propia locomoción.

Y resulta especialmente interesante que este momento coincida precisamente con lo descrito por Jacqueline Perry como fase de aceleración de la marcha y, al mismo tiempo, con lo que Dominique Verrière denomina fase de tracción en su estudio sobre más de cien marchadores.
No parece casualidad que sea precisamente hasta la línea de la cadera donde Dominique observe la mayor capacidad propulsiva y donde sus mediciones muestren una capacidad de tracción claramente superior al empuje posterior.

En la teoría clásica de la marcha nórdica, sin embargo, el bastón suele entrar aproximadamente bajo el centro de gravedad y coincidiendo con el apoyo del talón. Entiendo que este modelo busca principalmente amortiguar el impacto articular y ayudar a elevar nuevamente el centro de masas tras una zancada amplia provocada por grandes movimientos de brazos.

En este contexto, el bastón puede permanecer más tiempo relativo apoyado en el suelo y, siempre que mantenga una inclinación compatible con el avance, seguirá colaborando parcialmente con el desplazamiento. Sin embargo, desde mi punto de vista, gran parte de esa fase se utiliza en recuperar y elevar un centro de masas que previamente ha descendido de forma excesiva.

Y precisamente aquí aparece una cuestión importante desde la dinámica de la marcha: a partir de la fase media, el sistema locomotor comienza progresivamente a desacelerarse.

Entonces surge una pregunta razonable: ¿qué sentido tiene seguir empujando intensamente desde atrás cuando el cuerpo ya está entrando en una fase de frenado y preparación del siguiente apoyo?

Y del mismo modo, ¿qué sentido tiene mantener durante tanto tiempo los cuatro apoyos activos sobre el suelo si en contexto competitivo no buscamos equilibrarnos con el bastón, ni amortiguar el impacto, ni mantener una determinada estética del gesto?

En competición, el objetivo principal es desplazarse de la forma más eficiente posible. Y probablemente eso obliga a preguntarse si el bastón debe prolongar artificialmente el tiempo de apoyo o, por el contrario, integrarse únicamente durante la fase donde realmente puede colaborar con la aceleración del sistema locomotor.

Prolongar excesivamente el empuje posterior puede aumentar: el gasto energético asociado al frenado, la separación del pie delantero respecto al centro de masas, y el descenso vertical innecesario del cuerpo, que posteriormente debe volver a elevarse.

Y probablemente ahí es donde el bastón adquiere un papel distinto dentro de la teoría clásica: más relacionado con sostener, elevar y acompañar el movimiento que con integrarse directamente en la principal fase de aceleración.

En el esquí de fondo, este tiempo prolongado de apoyo sí tiene mucho más sentido porque existe deslizamiento continuo. Pero en la marcha humana la situación mecánica es distinta: cada apoyo implica una transición constante entre aceleración y desaceleración.

Por eso invito a observar detenidamente vídeos de competiciones de distintos países europeos. Con frecuencia pueden verse:
• bastones que rebotan sin control
• bastones prácticamente verticales mantenidos durante gran parte del apoyo, que según los cálculos expuestos por Dominique Verrière reducen enormemente la componente horizontal útil de la fuerza transmitida (a 90° prácticamente desaparece),
• bastones con apoyos laterales o “roulis” muy marcados, donde parte de la fuerza se desvía lateralmente en lugar de dirigirse hacia delante,
• o la marcha descrita por Dominique Verrière como “marcha en 4 tiempos extrema”, donde el bastón entra cuando la principal fase de aceleración ya ha finalizado.

Y precisamente aquí aparece una cuestión interesante para el debate: si en todos estos casos la contribución horizontal del bastón disminuye claramente —ya sea por verticalidad, lateralización, rebote o entrada tardía—, dejando una participación mínima o incluso prácticamente nula del bastón en el impulso hacia delante, ¿no termina recayendo entonces la mayor parte de la propulsión horizontal sobre las piernas y la propia locomoción humana?

Mi planteamiento no busca negar el enorme papel de las piernas ni de la locomoción humana. Al contrario: hablamos de atletas con grandes capacidades físicas y locomotoras.

Precisamente por ello creo que el reto técnico real consiste en combinar: una locomoción eficiente, piernas fuertes y reactivas, y una utilización extremadamente precisa del bastón.

Porque cuando el bastón entra en el momento adecuado, con suficiente inclinación y coherencia temporal, puede observarse cómo incluso sobre terrenos muy duros permanece perfectamente anclado al suelo.

Y precisamente eso resulta interesante: con los ángulos de inclinación utilizados por estos marchadores, si no existiera una presión funcional suficiente, el bastón tendería a deslizarse hacia atrás, algo que puede observarse con frecuencia en vídeos de esa misma competición en marchadores con menor precisión técnica en el uso del apoyo.

Mientras el bastón permanezca firmemente anclado y sincronizado con la fase de aceleración del sistema locomotor, resulta razonable preguntarse por qué habría que dudar de la existencia de una contribución activa al impulso horizontal.

Y si la propia dinámica de la marcha alterna inevitablemente fases de aceleración y desaceleración, quizá el error sea intentar prolongar artificialmente una fase propulsiva cuando el cuerpo ya está entrando mecánicamente en frenado. Tal vez la verdadera eficiencia no consista en luchar contra la organización natural de la locomoción, sino en integrar el bastón exactamente en el instante donde el sistema locomotor realmente puede transformar esa acción en aceleración útil hacia delante.

Quiero agradecer sinceramente a todas las personas que están participando en este debate, tanto a quienes comparten esta visión como a quienes la cuestionan. Precisamente ese intercambio de ideas es lo que permite reflexionar, seguir observando y profundizar en una disciplina todavía muy joven y en constante evolución.

04/06/2026

VELOCIDAD, TIEMPO DE CONTACTO Y COHERENCIA FUNCIONAL DEL BASTÓN EN MARCHA NÓRDICA COMPETITIVA
Tras los artículos anteriores dedicados al tiempo de contacto y a la sincronización del bastón dentro de las fases dinámicas de la marcha, el análisis de nuevos vídeos de competición a cámara lenta y velocidad normal vuelve a aportar datos muy interesantes.
En el vídeo aparecen, por orden:

Ramón Álvarez, subcampeón de España (5:26 min/km)

Ramontxo Arandia, tercero absoluto (5:46 min/km)

Izaskun Bengoa, campeona de España (6:18 min/km)

En los tres casos puede observarse una secuencia extremadamente coherente: el bastón entra milimétricamente antes del despegue de los dedos del pie ipsilateral, coincidiendo con la fase de aceleración del sistema locomotor, permanece apoyado durante la fase media y abandona el suelo después de que la mano haya sobrepasado la línea del cuerpo, aproximadamente coincidiendo con el levantamiento del talón contralateral y el inicio de la fase de desaceleración.

Además, durante toda esa fase el bastón mantiene una inclinación aproximada de entre 47° y 56°, claramente compatible con la existencia de componente horizontal de fuerza hacia delante, produciéndose además el apoyo por detrás del centro de masas.

Es decir: existen condiciones mecánicas compatibles con la existencia de impulso horizontal integrado dentro del gesto locomotor.

Creo que esto ayuda a entender una cuestión fundamental: a velocidades competitivas muy elevadas, la utilización funcional del bastón puede resultar mucho menos evidente visualmente de lo que realmente ocurre durante el movimiento.

Estamos hablando de deportistas que se desplazan con cadencias cercanas a 190-198 pasos por minuto y tiempos de contacto del pie con el suelo inferiores a tres décimas de segundo. A estas velocidades, el ciclo locomotor ocurre tan rápido que el ojo humano puede interpretar erróneamente que “no existe impulso”, cuando en realidad lo que sucede es que el tiempo útil de utilización del bastón resulta extremadamente breve.

Pero precisamente ahí aparece una de las claves más importantes: la eficacia del bastón no depende únicamente del tiempo que permanece en el suelo, sino de cuándo entra dentro del ciclo locomotor y de si mantiene coherencia mecánica con el desplazamiento hacia delante.

Un bastón vertical o introducido demasiado tarde puede permanecer mucho tiempo apoyado y, sin embargo, aportar muy poca componente horizontal útil.
Por el contrario, un apoyo breve pero correctamente sincronizado con la fase de aceleración del sistema locomotor sí puede integrarse funcionalmente dentro del impulso hacia delante.

Precisamente por ello sigo considerando imprescindible analizar conjuntamente: el momento de entrada del bastón, su inclinación durante la fase de apoyo, su relación con el centro de masas, y su coherencia temporal con las fases dinámicas de la marcha.

Además, gracias a la nitidez del vídeo, en el caso del primer marchador puede apreciarse una activación evidente del tríceps mientras el bastón permanece apoyado e inclinado por detrás del centro de masas, disminuyendo cuando el bastón abandona el suelo.

Evidentemente, una imagen no permite cuantificar fuerzas ni demostrar por sí sola cuánto contribuye el bastón a la velocidad. Sin embargo, sí constituye un indicio visual coherente con la existencia de transmisión activa de tensión sobre el bastón dentro de una utilización extremadamente precisa y coordinada del mismo.

Comprensiblemente, este tipo de locomoción y utilización del bastón puede sorprender en algunos ámbitos donde todavía existe una visión más clásica o recreativa de la marcha nórdica. Sin embargo, creo que conviene reflexionar sobre algo importante:

la búsqueda de eficiencia no destruye necesariamente la técnica; muchas veces obliga a refinarla.

El verdadero reto de la marcha nórdica competitiva probablemente no sea exagerar movimientos visibles, sino lograr cada vez mayor precisión en la coordinación del gesto, mayor aprovechamiento del sistema elástico del cuerpo y una integración más eficaz del bastón dentro de la locomoción.

Porque, al final, cuanto mayor es la velocidad, más importancia adquieren los pequeños detalles técnicos y la exactitud temporal de cada fase del movimiento.
Quiero agradecer también a Ramón Álvarez, Ramontxo Arandia e Izaskun Bengoa el haberse prestado a este análisis y permitir la utilización de sus imágenes y vídeos para reflexionar públicamente sobre aspectos técnicos y biomecánicos de la marcha nórdica competitiva.

Exponerse al análisis técnico cuando se compite al máximo nivel nunca es sencillo, y precisamente por eso considero especialmente valiosa su disposición y naturalidad.

Marcha a 4 tiempos extrema y pérdida de tracción: una reinterpretación biomecánica Leyendo el trabajo de Dominique Verri...
01/06/2026

Marcha a 4 tiempos extrema y pérdida de tracción: una reinterpretación biomecánica

Leyendo el trabajo de Dominique Verrière sobre la marcha nórdica, resulta especialmente interesante comprobar cómo muchas de sus mediciones encajan biomecánicamente con aspectos que llevo tiempo analizando desde el punto de vista de las fases dinámicas de la marcha.

Verrière diferencia claramente entre marcha en 2 tiempos, marcha en 4 tiempos y marcha en 4 tiempos extrema. Sus datos muestran que, cuando el bastón entra demasiado tarde, desaparece prácticamente la capacidad de tracción.

Pero creo que lo más interesante es reinterpretar biomecánicamente qué está ocurriendo realmente.
Lo que él denomina “fase de tracción”, bajo mi punto de vista, coincide con la fase de aceleración del sistema locomotor. Es decir, el momento en el que: el cuerpo avanza hacia delante y ligeramente hacia arriba, la pierna oscilante necesita máxima aceleración, y se produce la mayor demanda propulsiva.

Por eso considero que el bastón debería integrarse antes del despegue de los dedos del pie (toe-off), justo en el momento donde el sistema necesita amplificar esa aceleración.

A partir del paso por la cadera ocurre una transición dinámica importante: el vector corporal comienza progresivamente a dirigirse hacia delante y hacia abajo, entrando en una fase donde empieza a dominar la desaceleración y la preparación del siguiente apoyo.
Y aquí aparece una conexión muy fuerte con lo que describe Verrière.

En la llamada “marcha en 4 tiempos extrema”, el bastón entra tan tarde que: la fase principal de aceleración ya ha pasado, el bastón se apoya cuando la cadera ya lo ha sobrepasado, y desaparece prácticamente la posibilidad de tracción.

Además, Verrière observa frecuentemente en estos casos ángulos de anclaje muy grandes, cercanos a 90°, que biomecánicamente reducen enormemente la componente horizontal de la fuerza. Es decir: el bastón deja prácticamente de contribuir al impulso hacia delante.

Ayer en competición (Campeonato de España de Marcha Nórdica) pude observar precisamente varios casos de esta marcha a 4 tiempos extrema en deportistas que finalmente subieron al podio, pese a que este patrón aparece sancionado en nuestro reglamento únicamente con tarjeta blanca, cuando desde mi punto de vista supone una alteración mucho más grave de la coordinación locomotora y del uso activo y propulsivo del bastón.

Resulta llamativo que, en muchas ocasiones, se otorgue mayor importancia arbitral a aspectos como el sobrepaso de la línea axilar por el codo o la mano, o a pequeños matices del talonamiento —consideradas faltas graves—, mientras patrones donde desaparece prácticamente la tracción y el bastón deja de integrarse activamente en la locomoción pasan mucho más desapercibidos.

En este sentido, me parece especialmente interesante otra observación de Verrière cuando afirma que muchos marchadores “marchan con los pies planos”, lo que retiene el cuerpo e impide rodar hacia delante.
Biomecánicamente esto tiene mucho sentido: si el pie no realiza correctamente la rodada y el despegue, el cuerpo pierde continuidad dinámica y disminuye la capacidad de acelerar eficazmente la pierna oscilante.
Avalada por los resultados expuestos por Verrière, me reafirmo todavía más en la importancia de coordinar correctamente el momento de entrada del bastón con las fases dinámicas de la marcha.

Bajo mi punto de vista, la combinación de: una entrada sincronizada del bastón, una inclinación adecuada, y el mantenimiento del apoyo del bastón hasta sobrepasar la línea corporal, es lo que realmente garantiza la existencia de impulso horizontal dentro del gesto locomotor. No hablo necesariamente de mayor cantidad de impulso, sino de la existencia real de una contribución propulsiva integrada en la marcha.

Y precisamente por ello sigo viendo imprescindible no separar nunca la observación de los brazos de la posición real del bastón, ya que el gesto del brazo por sí solo no garantiza una función propulsiva si el bastón entra tarde, demasiado vertical o fuera de sincronización con la dinámica de la marcha.

Quiero agradecer el trabajo de análisis realizado por Dominique Verrière y recomendar la lectura de su libro a cualquier persona interesada en profundizar en la técnica y biomecánica de la marcha nórdica. Sus mediciones y observaciones aportan datos muy interesantes para seguir reflexionando sobre la locomoción y el papel funcional del bastón.

25/05/2026

Estas imágenes muestran una marcha atlética realizada a velocidades muy elevadas.

Observando la secuencia en movimiento, surgen algunas preguntas biomecánicas interesantes:

• ¿De verdad puede pensarse que la hiperextensión de rodilla, entendida como un gesto aislado, es lo que define la marcha atlética?

• ¿O lo que realmente marca la diferencia es el movimiento global y la coordinación completa del patrón locomotor?

TIEMPO DE CONTACTO Y UTILIZACIÓN DEL BASTÓN EN MARCHA NÓRDICA COMPETITIVAEn la marcha nórdica competitiva actual, la ele...
19/05/2026

TIEMPO DE CONTACTO Y UTILIZACIÓN DEL BASTÓN EN MARCHA NÓRDICA COMPETITIVA

En la marcha nórdica competitiva actual, la elevada velocidad del ciclo locomotor puede hacer que la utilización del bastón resulte visualmente mucho menos evidente de lo que realmente sucede biomecánicamente durante el movimiento.

En un estudio comparativo publicado en la Revista Cubana de Investigaciones Biomédicas (2017), el tiempo de contacto del pie con el suelo durante la marcha normal se sitúa aproximadamente en 610 milisegundos, mientras que en marcha atlética desciende hasta aproximadamente 250 milisegundos.

En los datos analizados de un deportista español de alto nivel en marcha nórdica competitiva, realizando un tramo a 5:55 min/km y con una cadencia de 180 pasos por minuto, el tiempo total de contacto del pie con el suelo fue de aproximadamente 291 milisegundos. Es decir, cada apoyo completo del pie —desde el contacto inicial hasta el despegue de los dedos— se produjo en menos de tres décimas de segundo.

Si consideramos que el bastón entra en apoyo, como muy tarde, antes del despegue de los dedos del pie ipsilateral y se mantiene hasta aproximadamente el inicio de la elevación del talón del pie contrario, puede estimarse de forma orientativa que su tiempo útil de apoyo se sitúe aproximadamente entre 150 y 220 milisegundos.

Desde esta perspectiva, resulta lógico entender que, a velocidades competitivas, el tiempo útil de utilización del bastón sea extremadamente breve y difícil de apreciar visualmente en tiempo real. Por ello, la aparente brevedad del apoyo no implica necesariamente ausencia de función propulsiva, sino que puede responder simplemente a la propia velocidad del ciclo locomotor.

Biomecánicamente, resulta lógico considerar que el bastón entre en apoyo antes del despegue de los dedos del pie ipsilateral, coincidiendo con el momento descrito por Jacqueline Perry como el pico de mayor propulsión de la marcha. En esta fase, además de producirse la propulsión final del miembro de apoyo, la pierna oscilante inicia activamente la flexión de cadera que acelera el vector corporal hacia delante.

Si el bastón se orienta en una dirección compatible con el avance y mantiene continuidad funcional durante esta fase acelerativa, podría colaborar mecánicamente con las fuerzas ya generadas por el propio sistema locomotor. Diversos trabajos biomecánicos, como los desarrollados por Ronald Berger, sugieren que las fuerzas aplicadas por detrás del centro de masas y orientadas en dirección compatible con el avance pueden contribuir mecánicamente a la aceleración del desplazamiento.

Aunque actualmente resulta difícil cuantificar con exactitud el incremento real de impulso generado por el bastón en competición, la coincidencia temporal entre el apoyo del bastón y la fase de mayor demanda propulsiva sugiere que su función podría no ser neutra dentro de la dinámica global del movimiento.

Desde una perspectiva mecánica básica, mantener un bastón inclinado y retrasado respecto al centro de masas durante la fase de impulso implica necesariamente la aplicación de cierto nivel de presión y transmisión de fuerzas sobre el apoyo. De lo contrario, el bastón tendería simplemente a resbalar hacia atrás sin acompañar la dinámica del movimiento.

Al mismo tiempo, resulta fundamental entender que la base del rendimiento en marcha nórdica competitiva continúa siendo la propia locomoción humana. La capacidad reactiva de los pies, la fuerza y velocidad de las piernas, la eficiencia del patrón locomotor, la rotación de la pelvis, la contrarrotación torácica y la coordinación global del cuerpo constituyen los verdaderos elementos determinantes del desplazamiento.

El bastón no sustituye estas capacidades ni actúa como un elemento que “arrastra” o desplaza por sí mismo al deportista. La marcha nórdica competitiva implica ser capaz de integrar el bastón con precisión dentro de una locomoción ya eficiente, rápida y coordinada.

Precisamente por ello, cuanto mayor es el nivel físico, coordinativo y locomotor del deportista, mayor capacidad existe para utilizar el bastón de forma funcional sin alterar la lógica natural de la marcha. El reto técnico no consiste en reemplazar el trabajo locomotor del cuerpo, sino en conseguir que el bastón se incorpore de forma precisa y eficiente dentro de una dinámica locomotora ya altamente desarrollada, amplificando potencialmente el impulso generado por el propio movimiento humano sin alterar su organización natural.

Todo lo expuesto anteriormente corresponde a una interpretación personal de la marcha nórdica competitiva desde una perspectiva biomecánica orientada a la eficiencia y al máximo rendimiento.

Este enfoque parte de la idea de que, en contexto competitivo, el objetivo del deportista va más allá de reproducir gestos visibles o estéticos asociados tradicionalmente a la marcha nórdica y busca integrar el bastón de la forma más eficiente posible dentro de una locomoción rápida, coordinada y biomecánicamente funcional.

Precisamente por ello, el hecho de que el movimiento se organice prioritariamente desde la propia locomoción humana no debería interpretarse como ausencia de utilización del bastón. Al contrario, refleja la búsqueda de una integración cada vez más precisa, activa y eficiente del mismo dentro de dinámicas locomotoras desarrolladas a velocidades muy elevadas.

¿PALABRERÍA BIOMECÁNICA?En los últimos días he leído reflexiones muy duras sobre la marcha nórdica competitiva, llegando...
12/05/2026

¿PALABRERÍA BIOMECÁNICA?

En los últimos días he leído reflexiones muy duras sobre la marcha nórdica competitiva, llegando incluso a definirse como un “engaño”, un deporte “sin sentido” o un “cadáver con respiración asistida”.

Y precisamente por eso creo que hay una cuestión de fondo que merece la pena analizar con calma.

La base de la marcha nórdica competitiva es la marcha humana y el uso activo del bastón para colaborar con el avance. Precisamente eso es lo que la diferencia de simplemente caminar.

Y si hablamos de competición, inevitablemente hablamos de eficiencia.

La marcha humana es el patrón locomotor más eficiente desarrollado por nuestra especie, y toda la biomecánica moderna —lo que algunos desprecian como “palabrería biomecánica”— no ha hecho otra cosa que intentar comprender por qué esa eficiencia existe.

La ciencia del movimiento humano no “inventa” cómo debemos movernos. Lo que hace es observar, analizar y explicar cómo el cuerpo humano ya se organiza de forma eficiente como resultado de millones de años de evolución.

Hoy entendemos mucho mejor cómo interactuamos con la gravedad, cómo actúan las fuerzas de reacción del suelo, cómo se coordinan las cadenas musculares y fasciales o cómo el cuerpo reutiliza energía elástica para desplazarse con mayor eficiencia.

Y todo esto no son opiniones ni modas. Son décadas de investigación desarrolladas por científicos y laboratorios biomecánicos reconocidos internacionalmente.

Otra cuestión distinta es medir exactamente cuál es la contribución real del bastón al rendimiento en marcha nórdica competitiva. Y precisamente ahí sí creo que hacen falta más estudios cuantitativos y herramientas objetivas de medición.

Pero negar toda la base biomecánica de la locomoción humana porque todavía no tengamos completamente cuantificada la incidencia específica del bastón en competición sería como negar siglos de investigación sobre movimiento humano.

Sabemos perfectamente:
- que el momento de mayor propulsión ocurre en el despegue de los dedos del pie,
- que la flexión de la cadera participa directamente en la aceleración del vector corporal,
- que la velocidad de esa flexión influye en la velocidad de desplazamiento,
- y que, siguiendo principios físicos básicos de acción-reacción, la orientación del bastón condiciona la dirección de las fuerzas aplicadas.

Lo que todavía queda por determinar con mayor precisión es cuánto puede aportar realmente el bastón al rendimiento, cuál es la magnitud óptima de esa contribución y cómo influye sobre la velocidad y el coste energético.

Y precisamente por eso resulta tan interesante seguir investigando.

Ahora bien, creo que también hay otra cuestión importante.

Cuando se afirma que “nadie puede ir a menos de 6 min/km haciendo el gesto original”, en realidad se están mezclando dos contextos muy distintos: una actividad física orientada inicialmente al acondicionamiento general y un deporte de rendimiento.

La marcha nórdica nació fundamentalmente como una actividad destinada a aumentar el gasto energético respecto a la marcha convencional, ampliar rangos de movilidad, implicar más musculatura del tren superior, repartir el trabajo corporal y mejorar la condición física general.

En ese contexto, determinados gestos más amplios o marcados tienen sentido porque el objetivo principal no era maximizar la velocidad ni optimizar la eficiencia locomotora, sino trabajar más el cuerpo.

Y eso no significa que fuese incorrecto. Simplemente significa que el objetivo era otro.

El problema aparece cuando trasladamos exactamente ese mismo modelo gestual al contexto competitivo, donde lo que impera es el rendimiento.

Porque en competición buscamos desplazarnos con la mayor eficiencia posible para maximizar la velocidad al mínimo coste.

Y si hablamos de “naturalidad”, probablemente lo más natural sea precisamente el gesto eficiente. La marcha humana eficiente no es una invención artificial. Es el resultado de millones de años de evolución biomecánica.

Por eso no creo que nadie “engañara” a nadie.
Lo que ocurrió es que una actividad física evolucionó hacia un deporte competitivo. Y cuando aparece la competición, inevitablemente aparece la búsqueda del rendimiento.

En ese contexto, lo lógico no es mantener gestos que de antemano limitan la eficiencia, sino integrar el uso del bastón dentro de un patrón de marcha eficiente. Y eso, además, no contradice en absoluto la esencia original de la marcha nórdica.

No dejemos que nadie nos convenza de que este deporte no tiene sentido.

Quienes hemos experimentado la sensación de un movimiento realmente eficiente sabemos perfectamente que lo tiene.

Ese instante en el que el cuerpo se organiza, las fuerzas se coordinan, el gesto fluye y los bastones dejan de ser un objeto externo para integrarse naturalmente en el avance. Esa sensación de control, precisión y ligereza, casi como si el cuerpo flotara hacia delante, no nace de una ilusión. Nace de comprender y respetar cómo funciona el movimiento humano.

¿Puede haber unificación sin base científica?La reciente competición europea de marcha nórdica celebrada en Catania ha p...
04/05/2026

¿Puede haber unificación sin base científica?

La reciente competición europea de marcha nórdica celebrada en Catania ha puesto sobre la mesa un aspecto que merece, al menos, una reflexión serena.

Hasta ahora, el reglamento italiano —aplicado en este tipo de pruebas— mantenía coherencia con la biomecánica de la marcha: el bastón se integraba dentro del ciclo de apoyo, con una colocación entre ambos pies y una acción del brazo que respetaba la línea funcional del cuerpo, sin interferir en la organización natural del movimiento.

Sin embargo, en esta última edición se ha observado un cambio significativo hacia un modelo técnico diferente, caracterizado por bastones de mayor longitud, apoyos casi verticales, una colocación que se produce en fases tardías del apoyo, cuando el cuerpo ya ha progresado sobre el pie de apoyo, y una acción del brazo posterior con flexión de codo y trayectorias cruzadas por delante del cuerpo.

Este enfoque ha sido denominado en algunos contextos como una “modernización” de la marcha nórdica. Cabe preguntarse hasta qué punto esta propuesta responde realmente a una evolución del gesto o, por el contrario, a la introducción de un patrón híbrido que no presenta una organización clara desde el punto de vista biomecánico.

Si entendemos la marcha como la forma más eficiente de desplazamiento humano, cualquier intento de evolución técnica debería apoyarse en los avances científicos que han permitido comprender cómo se organiza el movimiento.

En las últimas décadas, el estudio del cuerpo humano ha experimentado un cambio profundo: el concepto de estructura tensegrítica, el análisis de las vías anatómicas y cadenas miofasciales (Myers, Vleeming), la evidencia sobre la continuidad fascial (Stecco) o la comprensión del movimiento desde una perspectiva funcional (Earls, Zorn, Sawicki), junto con una amplia evidencia procedente de la biomecánica y las ciencias del movimiento, han aportado una base sólida para interpretar la eficiencia del gesto.

Hoy sabemos que los músculos no actúan de forma aislada, sino que forman parte de un sistema integrado en el que la coordinación intersegmentaria y la transmisión de fuerzas a través de las cadenas musculares permiten la acumulación y liberación de energía elástica. Es precisamente esta organización la que determina la eficiencia del movimiento.

Desde esta perspectiva, ajustar los gestos implica favorecer una organización que permita al sistema funcionar de forma óptima, más que reproducir posiciones concretas. El hecho, por ejemplo, de que la mano sobrepase la línea del cuerpo en la fase posterior se entiende como la consecuencia de un gesto eficiente en la marcha, necesario para activar las cadenas cinéticas contralaterales, y no como un requisito aislado derivado del uso de bastones.

La evolución de los distintos deportes es un claro ejemplo de cómo el desarrollo técnico se apoya en la comprensión científica del movimiento. A lo largo del tiempo, la biomecánica y las ciencias del movimiento han permitido analizar, ajustar y optimizar los gestos deportivos con el objetivo de mejorar la eficiencia y el rendimiento, favoreciendo aquellas adaptaciones que permiten al sistema funcionar de manera más eficaz dentro de las exigencias de cada disciplina.

Todo ello pone de manifiesto una cuestión esencial: la evolución de un deporte no puede desligarse del conocimiento. Conceptos desarrollados por autores como Bernstein o Bosch han permitido entender que el movimiento se organiza a partir de patrones motores básicos, y que optimizar estos patrones implica adaptar el gesto a la estructura y características de cada individuo dentro de los límites del propio deporte, evitando una homogeneización innecesaria.

En este contexto, resulta pertinente plantear una reflexión: ¿en qué medida los cambios técnicos que se están introduciendo responden a este conocimiento? ¿Se están teniendo en cuenta los principios que rigen la locomoción humana o se está construyendo el gesto desde criterios formales desvinculados de su organización funcional?

La marcha nórdica, como disciplina en desarrollo, tiene la oportunidad de consolidarse sobre una base sólida. Para ello, es imprescindible que su evolución técnica y reglamentaria se apoye en la biomecánica, en la evidencia científica y en la comprensión real del movimiento humano. Sin esa base, cualquier intento de modernización corre el riesgo de alejarse de la esencia del propio gesto y de limitar el desarrollo coherente del deporte.

En este sentido, conviene matizar un aspecto importante: el reglamento no debe definir cómo ejecutar la técnica, pero tampoco debería propiciar gestos que se alejen del patrón motor humano que constituye la base del propio deporte, ni limitar la posibilidad de organizar el movimiento de forma eficiente. Su función es establecer un marco coherente con la lógica del gesto, que permita su desarrollo dentro de criterios biomecánicos adecuados y sin imponer una forma concreta.

Aun así, en un contexto marcado por criterios arbitrales exigentes, los deportistas españoles han sabido adaptarse desde el control del gesto técnico, demostrando que una base sólida en la organización del movimiento permite responder incluso en escenarios complejos.

Desde aquí, mi enhorabuena a todos ellos.

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