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EL COSTE OCULTO DE LA AMPLITUDCuando se habla de mejorar la marcha nórdica, casi siempre se habla de sumar: más amplitud...
28/08/2026

EL COSTE OCULTO DE LA AMPLITUD
Cuando se habla de mejorar la marcha nórdica, casi siempre se habla de sumar: más amplitud de brazo, más recorrido del bastón, más extensión hacia atrás. La idea implícita es que más siempre es mejor. Pero el cuerpo no funciona por generosidad, funciona por física, y la física dice algo distinto: todo lo que aceleras, después lo tienes que frenar.

Cada zancada tiene dos mitades. En la primera, el pie aterriza por delante del centro de masas y frena el avance del cuerpo. En la segunda, ya con el pie detrás, se produce el empuje que lo vuelve a acelerar. Frenado y propulsión no son fases independientes: van prácticamente a la par, y aumentan juntas cuando aumenta la velocidad, tal como muestran los datos de campo sobre marcha acelerada (Peterson, Kautz y Neptune, 2011).

Un estudio reciente que provoca experimentalmente un mayor esfuerzo propulsivo mediante biofeedback muscular confirma exactamente lo mismo: al aumentar la activación, el frenado creció tanto como la propulsión, y los propios autores descartan que el resultado sea solo "un pico de propulsión más alto" — lo describen como una adaptación coordinada de toda la fase de apoyo, no una mejora selectiva de un único tramo (Koiler y Getchell, 2026). Si aceleras más, frenas más después.

Es una relación tan directa como F = m·a: a mayor cambio de velocidad que le exijas al cuerpo, mayor tiene que ser la fuerza que lo produce, y esa fuerza se paga en ambos extremos del apoyo.

Cuando ese frenado extra compra velocidad real, el trato tiene sentido. El problema aparece cuando no la compra.
Esto no significa que el brazo deba quedarse corto. La mano sí debe pasar por detrás del cuerpo, dejando un pequeño espacio entre la mano y el contorno del cuerpo —por donde se ve pasar la luz— y ese punto marca, precisamente, el límite funcional de retropulsión del hombro. Hasta ahí, el gesto sigue generando fuerza útil. El problema empieza después de ese límite, cuando se sigue extendiendo el brazo más allá de lo que el hombro puede aportar con eficacia.

Alargar el paso manteniendo el bastón clavado en el suelo hasta forzar una extensión completa del hombro se acerca mucho a ese caso, aunque con un matiz importante: no en todos los marchadores el bastón llega a verticalizarse del todo, y no puede afirmarse que en ese tramo final el empuje desaparezca por completo. Lo que sí ocurre, casi siempre, es que se reduce con claridad, por dos motivos que se suman.

El primero es angular: solo la componente horizontal de la fuerza del bastón empuja el cuerpo hacia delante, y esa componente depende directamente de su ángulo de apoyo — cuanto más se acerca el bastón a la vertical, menor es la parte de esa fuerza que realmente propulsa.

El segundo es muscular: al extender el hombro hasta el final, cambia también la dirección de la fuerza que pueden aportar los músculos implicados, que deja de estar orientada hacia donde el cuerpo la aprovecha. Por poco impulso que quede en ese tramo, la combinación de ambos efectos lo deja sistemáticamente por debajo del que se genera durante la fase de propulsión real. Y mientras tanto, el paso se ha alargado: un pie que aterriza más lejos del centro de masas exige más frenado en el siguiente apoyo.

Esto describe a quien busca la amplitud por la amplitud.

Es un patrón distinto del que se observa, sobre todo a alta velocidad, en quienes apenas parecen usar el bastón: ahí el tiempo de contacto con el suelo no tiene por qué ser menor —puede ser el mismo que el de quien apoya antes del despegue del pie y retira el bastón nada más pasar la línea del cuerpo—, pero se produce enteramente en la ventana equivocada. El bastón se apoya cuando la propulsión ya ha terminado y se mantiene hasta que despegan los dedos del pie contralateral: todo ese tiempo de contacto queda dentro de la fase de empuje, con el ángulo abierto desde el primer instante, sin haber pasado nunca por la tracción.

El problema, en ese caso, no es cuánto tiempo está el bastón en el suelo, sino en qué ventana del ciclo.

La fase que de verdad tiene efecto sobre el rendimiento es la tracción: exige más fuerza que el empuje, y sobre todo coincide con el instante en que la pierna está acelerando de verdad. Apoyar el bastón cuando la tracción ya ha terminado —y mantenerlo clavado hasta el final del recorrido del brazo— no llega a tiempo para esa aceleración: se salta por completo la fase donde el bastón tiene un efecto real y se conserva únicamente la fase donde apenas lo tiene. En la práctica, es acelerar justo lo que en ese momento debería estar frenando.

Esta confusión entre alargar el gesto y mejorarlo no es casual, y tiene una explicación histórica. La marcha nórdica nace del entrenamiento de esquí de fondo, donde alargar el impulso del bastón no tiene el mismo coste: tras el empuje, el deslizamiento sobre la nieve permite que el cuerpo siga avanzando con muy poca fricción, sin el frenado discreto que produce cada apoyo del pie sobre una superficie firme.

Alargar el empuje en el esquí no rompe ningún equilibrio, porque no hay un aterrizaje que frenar después. Trasladar esa misma lógica —cuanto más largo el impulso, mejor— a un gesto donde cada paso termina en un apoyo real y un frenado real es aplicar la física de un deporte a otro que no comparte sus condiciones.

Por eso resulta desconcertante que el criterio con el que habitualmente se valora la técnica en las competiciones Europeas, se fije casi solo en cuánto se amplía el brazo hacia atrás, y casi nunca en si el bastón entra antes del despegue del pie trasero, que es precisamente lo que sitúa el esfuerzo donde tiene efecto real. Se termina penalizando, de hecho, a quien entra correctamente en la fase de tracción —la más exigente— mientras se premia la amplitud de un empuje tardío que, en el mejor de los casos, ya no acelera nada.

Planteado así, el debate suele reducirse a una elección de estilo: más sincronía con algo menos de amplitud, o más amplitud con menos sincronía, cada opción con su coste y su ventaja, a elegir según preferencia. Pero no es una elección simétrica. A un lado de esa balanza está la fase que realmente acelera el cuerpo. Al otro, en el mejor de los casos, no hay nada que ganar, y en el peor, se añade aceleración justo cuando ya no toca. No es una cuestión de qué estilo gusta más. Es una cuestión de qué parte del gesto tiene efecto real y cuál no.

Una reflexión después de los Europeos de Marcha Nórdica de BełchatówCreo que organizar un gran encuentro internacional c...
24/08/2026

Una reflexión después de los Europeos de Marcha Nórdica de Bełchatów

Creo que organizar un gran encuentro internacional como el de Polonia tiene muchísimo valor, especialmente en un deporte que, por su componente técnico, no es fácil de masificar.

Mi reconocimiento absoluto a la organización y, por supuesto, a todos los deportistas que han participado, entrenado y competido allí.

Y mi enhorabuena especialmente a todos los marchadores españoles que nos han representado en Bełchatów, por sus resultados, pero sobre todo por estar allí, competir y formar parte de un encuentro internacional de esta dimensión.

Además, me parece muy interesante la propuesta de ofrecer diferentes distancias —5, 10, 20 y 40 km—, porque permite atraer a deportistas con perfiles, capacidades y objetivos diferentes.

Todos tenemos seguramente mucho que aprender de la capacidad de convocatoria y de la visibilidad que un evento así proporciona a la Marcha Nórdica.

Sin embargo, creo que junto al número de participantes deberíamos hacernos otra pregunta: ¿qué imagen de nuestro deporte estamos transmitiendo?

Facilitar el acceso a la competición puede favorecer la participación, pero en un deporte técnico existe también el riesgo de que, al reducir demasiado las exigencias, se diluya aquello que le proporciona su propia identidad.

Personalmente, no creo que la cuestión sea exigir muchos gestos técnicos ni imponer una determinada escuela o forma de marchar.

Quizá sea algo mucho más sencillo: si hablamos de Marcha Nórdica deportiva, debería poder reconocerse funcionalmente que el bastón participa en la propulsión y colabora en el avance del cuerpo, además, naturalmente, de respetarse la marcha.

Por eso me pregunto si, pensando a largo plazo, no podría ser incluso más productivo para nuestro deporte un campeonato con 400 participantes en el que esa identidad técnica fuese claramente reconocible que uno con 800 en el que resulte difícil comprender qué función específica desempeñan los bastones.

La gran participación de Polonia es indudablemente un éxito y proporciona una enorme visibilidad. Pero quizá éxito de un evento y desarrollo de la identidad de un deporte no sean exactamente la misma cosa.

Al final, creo que el objetivo no debería ser exigir cada vez más técnica ni cada vez menos, sino identificar y preservar aquellos elementos funcionales que hacen que la Marcha Nórdica sea precisamente Marcha Nórdica.

Y, a partir de ahí, permitir que cada deportista busque la forma más eficiente de alcanzar su máximo rendimiento.

LA EQUIDAD DEBERIA SER UN PRINCIPIO INDISCUTIBLE EN CUALQUIER DEPORTE.La competición implica esfuerzo, ambición, rivalid...
29/07/2026

LA EQUIDAD DEBERIA SER UN PRINCIPIO INDISCUTIBLE EN CUALQUIER DEPORTE.

La competición implica esfuerzo, ambición, rivalidad y deseo de superación. Todo ello forma parte de su esencia. Pero precisamente por eso necesita límites claros, normas aplicadas con rigor y personas responsables capaces de proteger a quienes participan.

Cuando se normalizan las faltas de respeto, las conductas antideportivas, la intimidación o cualquier comportamiento que atente contra la dignidad de otro deportista, la competición deja de ser sana y empieza a convertirse en un entorno hostil.

La situación resulta todavía más grave cuando quienes deben intervenir no actúan con la rapidez, la claridad, la firmeza y la neutralidad necesarias. La falta de respuesta puede generar una profunda sensación de indefensión en quien sufre estas conductas. No saber si se va a ser escuchado, protegido o tratado con imparcialidad puede llegar a ser tan dañino como el propio hecho vivido.

Ganar nunca debería estar por encima de la ética, del respeto al rival ni de la integridad física y emocional de quienes compiten. La excelencia deportiva no puede medirse únicamente en los títulos que obtienes.También debe medirse en la forma de competir, de aceptar las decisiones, de tratar al adversario y de asumir las propias responsabilidades.

Tampoco basta con hablar de juego limpio o con recogerlo en los reglamentos. El juego limpio debe protegerse con hechos. Eso implica prevenir, escuchar, investigar con rigor, actuar cuando corresponda y garantizar que todos los deportistas se sientan amparados por las mismas normas, con independencia de su nombre, su club, su trayectoria o sus apoyos.

La falta de actuación no perjudica únicamente a quien vive directamente una situación de este tipo. Daña la credibilidad de las competiciones, genera desconfianza hacia los estamentos responsables, desanima a deportistas, clubes, técnicos y familias, y transmite la idea de que determinadas conductas pueden quedar sin consecuencias. Cuando esto ocurre, se deteriora poco a poco el deporte que entre todos intentamos construir.

Callar o mirar hacia otro lado no evita el conflicto; muchas veces lo prolonga. Y pedir una respuesta responsable no significa atacar a una institución ni cuestionar todo un sistema. Significa reclamar que ese sistema cumpla precisamente con la función para la que existe: garantizar seguridad, igualdad, respeto y justicia deportiva.

Cuando las preguntas no reciben respuesta o se atribuyen sistemáticamente a intereses personales, se pierde una oportunidad de revisar y avanzar. Convertir al denunciante en el problema es una manera de desacreditar su voz sin afrontar lo que está intentando poner de manifiesto.

Defender la deportividad no es crear problemas. Es poner límites a lo que no debería tener cabida en una competición. Es pedir garantías, responsabilidad y coherencia. Es proteger a los deportistas y preservar los valores que dan sentido al deporte

Última prova Copa Fedme - Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada Espanya Marxa Nòrdica al Circuit de Cata...
22/07/2026

Última prova Copa Fedme - Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada Espanya Marxa Nòrdica al Circuit de Catalunya- Montmeló 🏁

🥈 Posició al scratch Català.

🥈 A la General Final de Copa Espanya.

Sumem 4 Subcampionats de Copa a les 2 Copes d'Espanya aconseguides.

Seguim! A per la 2a part de temporada en Septembre

Com sempre agraït amb la companyia del amics/gues Marathon Crevillent i sobretot de la meua família; competir amb el meu fill a la pista d'aquest circuit, ha sigut una experiència innoblidable.

Natxo Prieto - Entrenador Personal
Bendhora
Nordic Walking Dealer
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David César Esports



El mito de sujetar firmemente la empuñadura: cómo el control del bastón condiciona la sincronización a altas velocidades...
13/07/2026

El mito de sujetar firmemente la empuñadura: cómo el control del bastón condiciona la sincronización a altas velocidades

Existe una idea ampliamente extendida en la marcha nórdica según la cual la empuñadura debe sujetarse firmemente durante todo el ciclo para conseguir una impulsión eficaz.

Sin embargo, desde un punto de vista mecánico, en los bastones equipados con una dragonera correctamente utilizada, la transmisión principal de la fuerza durante la fase de impulso se realiza a través de ésta, mientras que la empuñadura desempeña principalmente una función de guiado y control del bastón.

Esta diferencia, aparentemente pequeña, puede tener importantes consecuencias sobre la trayectoria aérea del bastón durante el recobro y, en consecuencia, sobre la sincronización pie-bastón a altas velocidades.

Los estudios recientes han demostrado que, conforme aumenta la cadencia, la ventana temporal disponible para sincronizar el apoyo del pie y el anclaje del bastón disminuye progresivamente. Sin embargo, esta limitación temporal no depende únicamente de la duración del ciclo de marcha. También depende del tiempo que el bastón necesita para alcanzar el suelo, un aspecto que hasta el momento apenas ha recibido atención.

La hipótesis que se plantea en este artículo es que la trayectoria aérea del bastón durante el recobro constituye un factor determinante de la sincronización y que dicha trayectoria está condicionada por factores técnicos específicos.

Variables que podrían condicionar el tiempo de vuelo del bastón
1. Altura de elevación del brazo

Durante el recobro, en el momento en que la mano pasa por delante del tronco, cuanto mayor sea su elevación, mayor será también la altura alcanzada por la punta del bastón y mayor la distancia vertical que posteriormente deberá recorrer hasta contactar con el suelo.

A altas cadencias, cuando la ventana temporal disponible disminuye considerablemente, este recorrido adicional puede retrasar el anclaje.

En esta línea, Dominique Verrière propone mantener la mano aproximadamente a la altura del ombligo durante el recobro, evitando elevaciones excesivas que dificultan un anclaje precoz y una orientación favorable del bastón para iniciar la tracción.

2. Control de la empuñadura

Este aspecto, probablemente uno de los menos analizados hasta el momento, puede desempeñar un papel determinante.

Cuando la mano se cierra firmemente sobre la empuñadura, ésta queda prácticamente bloqueada respecto al antebrazo. Este gesto suele acompañarse de una desviación cubital de la muñeca, lo que favorece que el bastón se mantenga elevado y casi paralelo al suelo durante el recobro. Como consecuencia, aumenta la altura de vuelo de la punta y también el recorrido vertical necesario para alcanzar el suelo.

Por el contrario, cuando la mano mantiene el control de la empuñadura sin bloquearla rígidamente, la muñeca permanece alineada con el antebrazo, permitiendo que el bastón conserve libertad para orientarse de forma natural durante el recobro y que la punta se mantenga muy próxima al suelo.

En la fase de preapoyo, la extensión progresiva de los tres últimos dedos permite la caída directa de la punta hacia el punto de anclaje, reduciendo prácticamente al mínimo el recorrido vertical previo al contacto.

En este sentido, las recomendaciones de Dominique Verrière de eliminar toda crispación durante el recobro y preparar el anclaje mediante una ligera rotación de la muñeca podrían encontrar una posible explicación en el patrón de control de la empuñadura aquí propuesto. Una mano que controla el bastón sin bloquearlo rígidamente podría favorecer una trayectoria aérea más baja de la punta y facilitar un anclaje más precoz.

Conviene aclarar que apoyar el bastón con los dedos relajados no reduce su capacidad de impulso. Tras el anclaje, la fuerza propulsiva se transmite principalmente a través de la dragonera, mientras que la empuñadura mantiene una función de guiado y orientación.

Del mismo modo que el manillar de una bicicleta permite dirigir la trayectoria sin necesidad de ejercer una presión máxima sobre él, la empuñadura permite orientar el bastón con precisión sin necesidad de bloquearla con la mano. Por ello, no es necesario sujetarla firmemente en el instante del apoyo para generar una impulsión eficaz.

Desde esta perspectiva, el objetivo durante el recobro no sería únicamente llevar el bastón hacia delante, sino hacerlo siguiendo la trayectoria que permita reducir al mínimo el tiempo necesario para alcanzar el punto de anclaje.

¿Influye realmente la longitud del bastón?

La longitud del bastón, por sí sola, no determina la sincronización.

Un bastón corto llevado muy elevado y prácticamente horizontal puede tardar más en alcanzar el suelo que otro ligeramente más largo cuya punta permanezca próxima al terreno durante todo el recobro.

Por ello, la longitud del bastón debe interpretarse conjuntamente con la trayectoria aérea que describe durante el vuelo.

Una hipótesis sobre la sincronización pie-bastón
Los trabajos recientes sobre sincronización han demostrado que el incremento de la cadencia reduce progresivamente la ventana temporal disponible para plantar el bastón.

Sin embargo, una posible explicación de la elevada precisión observada en algunos marchadores españoles es que, aun disponiendo del mismo tiempo que cualquier otro deportista, consiguen que la punta del bastón alcance el suelo en menos tiempo.

Esta diferencia podría explicarse por la combinación de una menor elevación del brazo y un patrón específico de control de la empuñadura que mantiene la punta muy próxima al suelo durante todo el recobro.

Si esta hipótesis es correcta, la sincronización pie-bastón no dependería únicamente de la duración del ciclo de marcha, sino también del tiempo que la punta del bastón necesita para alcanzar el punto de anclaje. En ese caso, el modo de controlar la empuñadura durante el recobro podría representar un factor técnico hasta ahora poco considerado en la técnica de la marcha nórdica de competición.

PROPUESTA TÉCNICA BASADA EN LA EVIDENCIA CIENTÍFICAA partir de los trabajos de Dominique Verrier y Emmanuel Abraham, y e...
02/07/2026

PROPUESTA TÉCNICA BASADA EN LA EVIDENCIA CIENTÍFICA

A partir de los trabajos de Dominique Verrier y Emmanuel Abraham, y entendiendo la marcha nórdica como una modalidad en la que el bastón debe colaborar activamente en el desplazamiento del cuerpo hacia delante.
Mi propuesta es que el criterio técnico no se limite únicamente a que el bastón toque el suelo, sino que contemple también cuándo entra, con qué ángulo se apoya, durante qué parte del apoyo mantiene una orientación eficaz y en qué dirección transmite la fuerza.

1. Ángulo de entrada del bastón

Datos: Según Dominique Verrier, un bastón excesivamente vertical pierde gran parte de su componente horizontal de fuerza.
Sus mediciones muestran que:
• 45° → 71 % de componente horizontal.
• 50° → 64 % de componente horizontal.

Propuesta técnica: El ángulo de entrada del bastón debería situarse aproximadamente entre 45° y 50°, adaptándolo a la dureza del terreno para garantizar un anclaje estable sin perder eficacia propulsiva.

2. Momento de entrada del bastón

Datos: Según Emmanuel Abraham, conforme aumenta la cadencia disminuye rápidamente la duración del doble apoyo.
A una cadencia cercana a 180 pasos por minuto, el doble apoyo representa aproximadamente el 6 % del ciclo, es decir, alrededor de 12 ms, por lo que la ventana temporal para introducir el bastón durante esa fase es extremadamente reducida.

Propuesta técnica: Considero que el bastón debería entrar antes del despegue de los dedos del pie posterior, aprovechando el breve intervalo de doble apoyo descrito por Abraham. De este modo, el bastón puede integrarse en la fase inicial de aceleración del cuerpo y comenzar a colaborar con el desplazamiento hacia delante.

3. Posición del apoyo del bastón

Datos: Según el modelo técnico utilizado por la aplicación de Emmanuel Abraham, el plantado del bastón toma como referencia una distancia aproximada de 40 cm por detrás del talón del pie que se encuentra apoyado en el momento del anclaje.

Propuesta técnica: Desde mi punto de vista, la posición del apoyo del bastón no debería definirse únicamente por una distancia fija respecto al pie, sino también por su relación con la posición del cuerpo durante la marcha. Considero que el bastón debería anclarse por detrás de la proyección del centro de gravedad, de manera que pueda integrarse desde el inicio en la fase de aceleración del cuerpo y colaborar eficazmente con el desplazamiento hacia delante.

4. Orientación útil del bastón durante el apoyo

Datos: Según Dominique Verrier, el apoyo del bastón puede dividirse en dos fases claramente diferenciadas:
Fase de tracción
• Desde el anclaje hasta que la mano alcanza la altura de la cadera.
• Fuerza media: 191 N (mínimo 88 N – máximo 294 N).
Fase de empuje
• Desde el paso de la mano por la cadera hasta el final del gesto.
• Fuerza media: 79 N (mínimo 39 N – máximo 137 N).
La capacidad media de tracción es aproximadamente 2,5 veces superior a la del empuje.

Propuesta técnica: El objetivo no debe ser mantener el bastón apoyado el mayor tiempo posible, sino mantenerlo apoyado mientras conserve una orientación capaz de generar una componente horizontal eficaz.
Para ello, el codo debería sobrepasar la cadera y continuar extendiéndose hasta el límite funcional de la retropulsión del hombro (≈35°), manteniendo una orientación útil del bastón hasta alcanzar dicho límite funcional.

5. Integración del bastón en la dinámica de la marcha

Propuesta técnica: Mi propuesta consiste en interpretar estos resultados desde las fases dinámicas de la marcha humana, integrando el trabajo del bastón dentro del patrón locomotor para favorecer el desplazamiento del cuerpo hacia delante.

6. Amplitud de los brazos

Datos: Según Dominique Verrier:
• Una elevación excesiva del brazo por delante retrasa el anclaje del bastón y aumenta el coste energético.
• Una amplitud excesiva por detrás hace que la pierna comience a desacelerar antes durante la fase de oscilación, aumentando el tiempo de desaceleración antes del siguiente apoyo.

Propuesta técnica. La amplitud posterior del brazo debería alcanzar aproximadamente el límite funcional de la retropulsión del hombro (≈35°).

A partir de ese punto, la dirección de las fuerzas generadas por la musculatura comienza a modificarse y su contribución al avance disminuye progresivamente.
Además, una retropulsión excesiva tiende a desplazar la amplitud de la zancada hacia delante del cuerpo, incrementando el tiempo de desaceleración de la pierna descrito por Verrier.

7. Amplitud de la zancada

Datos: Según Dominique Verrier, la velocidad depende de la combinación entre cadencia y longitud de zancada, y una amplitud excesiva:
• aumenta el tiempo de desaceleración de la pierna durante la fase de oscilación;
• incrementa las oscilaciones verticales del cuerpo.

Propuesta técnica: La amplitud de la zancada debería obtenerse principalmente por detrás del cuerpo, donde se desarrolla la fase propulsiva de la marcha, mediante una adecuada extensión de la cadera y la rotación fisiológica de la pelvis.

De este modo se favorece la propulsión del patrón de marcha, mientras que una amplitud conseguida adelantando excesivamente el pie aumenta las fuerzas de frenado, incrementa el tiempo de desaceleración y reduce la eficiencia del desplazamiento.

8. Observación sobre los marchadores de mayor nivel
En su artículo, Emmanuel Abraham observa que los marchadores españoles más rápidos, con cadencias próximas o superiores a 180 pasos por minuto, consiguen introducir el bastón antes del despegue del pie posterior. Según su interpretación, esto se debe al empleo de bastones más cortos, que facilitarían adelantar el momento del anclaje y mantener la sincronización a altas cadencias.

Con independencia de la explicación propuesta por Abraham, esta observación resulta especialmente interesante porque coincide con uno de los principios de este modelo: la necesidad de que el bastón entre antes del despegue del pie posterior para integrarse en la fase inicial de aceleración del cuerpo.

9. Consideración final
Esta propuesta representa una visión personal de la técnica de la marcha nórdica, construida a partir de la evidencia científica actualmente disponible y de mi forma de entender, enseñar y transmitir este deporte.

Aunque los trabajos de Dominique Verrier y Emmanuel Abraham aportan información muy valiosa sobre la biomecánica del bastón y su sincronización con la marcha, todavía queda por conocer cuál es el efecto real que tiene el impulso del bastón sobre la velocidad de desplazamiento y el rendimiento locomotor.

En la actualidad no disponemos de herramientas que permitan cuantificar con precisión esa contribución durante la marcha en condiciones reales de competición.
Por ello, esta propuesta debe entenderse como un modelo técnico abierto, susceptible de ser revisado y enriquecido a medida que aparezcan nuevas investigaciones y que dispongamos de medios capaces de medir de forma objetiva la fuerza aplicada al bastón, su dirección y su influencia real sobre la aceleración del cuerpo.

26/06/2026

SOBRE EL VÍDEO DE HOY
He decidido retirar el vídeo publicado hoy

Detrás de mi análisis solo había una intención: abrir una reflexión técnica sobre un aspecto que considero relevante para el futuro de la marcha nórdica competitiva.

Mi planteamiento era poner sobre la mesa que el reglamento actual puede no contemplar determinados patrones locomotores que, aun cumpliendo formalmente algunos de sus criterios, se alejan del patrón motor propio de la marcha humana y pueden aportar una ventaja mecánica en competición.

Se me ha trasladado que el terreno o las condiciones podían condicionar la interpretación del gesto, precisamente por ese motivo contrasté el comportamiento de otros deportistas en esa misma situación antes de elaborar mis conclusiones.

Eso no significa que mi análisis sea necesariamente correcto ni definitivo.

Acepto con total naturalidad que mi análisis pueda ser discutido, corregido o incluso rebatido desde un punto de vista técnico. Lo que sinceramente me ha dolido es que el foco del debate haya terminado situándose en una supuesta intencionalidad hacia los deportistas, porque esa nunca existió. Quienes me conocen saben que jamás entendería el análisis técnico como una herramienta para perjudicar a un deportista.

Aun así, si la forma en que planteé el análisis ha podido interpretarse como un señalamiento personal, pido sinceramente disculpas. Nunca fue esa mi intención. En ningún momento pretendí cuestionar el esfuerzo, la honestidad o el compromiso de los deportistas que aparecían en el vídeo. Soy plenamente consciente de las muchas horas de entrenamiento y sacrificio que hay detrás de cada uno de ellos y les tengo el máximo respeto.

Durante el día de hoy también se me ha trasladado que, del mismo modo que yo he analizado a esos deportistas, podrían analizarse públicamente los marchadores con los que trabajo. No tengo ningún inconveniente en que cualquier deportista, incluidos los míos, sea objeto de análisis técnico. De hecho, hace muy poco tres de ellos ya fueron expuestos públicamente y recibieron numerosas críticas.

Lo único que pediría es que cualquier análisis, sea sobre unos deportistas o sobre otros, se realice con el mismo rigor, el mismo fundamento y el mismo respeto que todos merecen. Detrás de cada marchador hay una persona que dedica muchas horas de esfuerzo para intentar mejorar, y creo sinceramente que ese trabajo siempre debe ser respetado, aunque existan opiniones diferentes sobre cuestiones técnicas.

Seguiré estudiando, aprendiendo y compartiendo mi visión sobre la marcha nórdica con la misma ilusión de siempre, intentando que el debate contribuya al crecimiento de nuestro deporte y nunca a la descalificación de quienes lo practican.

Hay una última reflexión que me gustaría compartir.
En muchos deportes es habitual analizar públicamente la técnica de un deportista mientras está compitiendo. Ocurre en atletismo, esquí, salto, gimnasia, tenis o natación. El objetivo de esos análisis nunca es desacreditar al deportista, sino comprender mejor el gesto, explicar por qué es eficaz o reflexionar sobre su ejecución.

Ese era exactamente el espíritu con el que realicé este análisis. Me entristece profundamente que se haya interpretado como un ataque personal o como una intención de perjudicar a quienes aparecían en el vídeo, porque esa forma de entender la divulgación técnica está muy lejos de mi manera de trabajar y de los valores que intento transmitir.

Siempre he creído que es posible analizar un movimiento con rigor y, al mismo tiempo, respetar profundamente a la persona que lo ejecuta. Ojalá seamos capaces de mantener esa diferencia, porque es la única forma de que el análisis técnico contribuya realmente al crecimiento de nuestro deporte.

Gracias por leerme y por ayudarme también a seguir aprendiendo. Ojalá sigamos construyendo entre todos una marcha nórdica cada vez mejor, desde el respeto, el diálogo y las ganas de seguir evolucionando.

EL USO DEL BASTÓN EN LA MARCHA NÓRDICA: UNA CUESTIÓN TODAVÍA ABIERTAExiste una idea ampliamente aceptada que ha acompaña...
21/06/2026

EL USO DEL BASTÓN EN LA MARCHA NÓRDICA: UNA CUESTIÓN TODAVÍA ABIERTA

Existe una idea ampliamente aceptada que ha acompañado a la marcha nórdica desde sus
orígenes: los bastones no constituyen un simple elemento de apoyo, sino una herramienta
destinada a contribuir al desplazamiento hacia delante.

Esta concepción forma parte de la propia identidad de la disciplina. Aparece reflejada en la literatura técnica, en los reglamentos deportivos y en gran parte de los estudios científicosndesarrollados durante las últimas décadas. La utilización de bastones se justifica precisamente por su capacidad para intervenir en la propulsión y contribuir al desplazamiento hacia delante del deportista.

Si aceptamos esta premisa, surge una consecuencia lógica.

La cuestión fundamental no consiste únicamente en determinar cuándo se apoya el bastón, cuánto
tiempo permanece en contacto con el suelo o qué trayectoria describe durante el movimiento. La
pregunta de fondo es otra:

Si el bastón forma parte del sistema de propulsión, ¿qué características de su utilización resultan realmente relevantes para el avance del deportista?

El esquí de fondo lleva décadas estudiando científicamente la utilización de los bastones con el
objetivo de optimizar el rendimiento. La marcha nórdica, nacida precisamente del entrenamiento cruzado de los esquiadores de fondo, ha heredado parte de ese interés, aunque desde una realidad locomotora diferente.

Mientras que el esquí de fondo busca generar velocidad y conservarla durante una fase de deslizamiento, la marcha humana avanza mediante una sucesión continua de aceleraciones y desaceleraciones. Aunque ambas disciplinas compartan el uso de bastones, la mecánica que gobierna el desplazamiento no es exactamente la misma.

Precisamente porque la contribución del bastón al desplazamiento constituye uno de los elementos que definen la propia esencia de la marcha nórdica, cabría esperar que esta cuestión hubiera recibido una atención prioritaria por parte de la investigación científica.

Sin embargo, durante décadas la mayor parte de los estudios se centraron en aspectos fisiológicos,
cardiovasculares, energéticos o cinemáticos, mientras que el análisis específico de la función mecánica del bastón recibió una atención mucho más limitada.

Quizá por ello comenzaron a aparecer distintos enfoques dirigidos a comprender de qué manera el bastón contribuye realmente al avance del deportista.

Uno de los trabajos que abordó esta cuestión de forma más directa fue el desarrollado por Ronald Burger a mediados de la década de 2000. Sus análisis introdujeron una idea especialmente interesante: la contribución mecánica del bastón depende de su posición respecto al centro de gravedad corporal.

Según su planteamiento, cuando el bastón se sitúa por delante del centro de gravedad puede ejercer un efecto frenado sobre el movimiento, mientras que cuando se encuentra por detrás puede contribuir a la aceleración del desplazamiento.

Por primera vez, el apoyo del bastón dejaba de analizarse únicamente como un gesto técnico para interpretarse también desde sus posibles consecuencias mecánicas sobre el avance.

Aquella reflexión abrió nuevas preguntas.

Si la posición relativa del bastón modifica su efecto mecánico, ¿qué momento de entrada resulta más favorable? ¿Qué orientación permite aprovechar mejor las fuerzas aplicadas? ¿Tiene la misma utilidad toda la duración del apoyo?

Más recientemente, Dominique Verrier ha retomado esta problemática desde una perspectiva centrada en la dirección de las fuerzas aplicadas al bastón y en su contribución al avance.

En su trabajo concede una importancia especial a la orientación del bastón, a la capacidad de tracción generada durante el apoyo y a la relación temporal entre los apoyos de pies y bastones, proponiendo para ello una clasificación entre marcha en dos tiempos, cuatro tiempos y cuatro tiempos extremo.

Su aportación resulta especialmente relevante porque recupera una cuestión fundamental para comprender la marcha nórdica competitiva: cómo la orientación, el momento de apoyo y la dirección de las fuerzas aplicadas al bastón pueden influir en su capacidad para contribuir al avance del deportista.

Vistas en conjunto, estas aportaciones parecen converger hacia una misma cuestión. Burger
introdujo la importancia de la posición del bastón respecto al centro de gravedad y sus posibles
consecuencias sobre la aceleración o desaceleración del movimiento. Verrier profundizó posteriormente en la orientación del bastón, la dirección de las fuerzas aplicadas y el papel de la tracción dentro del gesto técnico.

Todo ello conduce a una reflexión más amplia: comprender de qué manera puede integrarse el bastón dentro de la dinámica propia de la marcha humana para
contribuir de forma efectiva al desplazamiento hacia delante.

Junto a estas líneas de investigación centradas en la función mecánica del bastón, se están desarrollando nuevas herramientas de análisis orientadas a la descripción objetiva de la técnica.

Estos sistemas permiten cuantificar con gran precisión aspectos como la sincronización entre pies
y bastones, los desfases temporales, las duraciones de apoyo o los distintos patrones de coordinación.

Su aportación resulta indudablemente valiosa. No obstante, sigue permaneciendo abierta una cuestión fundamental: ¿qué relación existe entre estos parámetros temporales y la capacidad real del bastón para contribuir al avance del deportista?

Quizá el futuro de la investigación en marcha nórdica pase por integrar estas diferentes aproximaciones.

Porque si hemos aceptado con naturalidad que el esquí de fondo estudie científicamente la utilización de los bastones para optimizar el rendimiento, parece razonable plantearnos la misma pregunta en la marcha nórdica desde la biomecánica propia de la marcha humana.

La cuestión no es menor. Si el bastón forma parte del sistema de propulsión del marchador, comprender qué función mecánica desempeña y de qué manera contribuye al avance no debería considerarse un aspecto secundario, sino uno de los pilares fundamentales de la disciplina.

Quizá sea precisamente la respuesta a esa pregunta la que permita avanzar hacia criterios técnicos más objetivos, coherentes y compartidos a nivel internaciona

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