30/05/2026
Detalles del aikido
¿Solo hay desequilibrio si alguien vuela por el aire?
En Aikidō se trabaja mucho con la fuerza de empuje del otro, con su tensión, con su intención y con todo lo que tu compañero pone en el contacto. Ahí se abre una parte muy fina de la práctica: aprender a generar una interacción donde el desequilibrio puede aparecer de muchas formas. A veces grande y evidente. A veces mínimo, casi invisible, pero absolutamente real.
El kuzushi —desequilibrio— puede ser profundo, sutil o puede aparecer como una conexión que desde afuera casi no se percibe. A veces alcanza con sacar al compañero apenas de su línea central, cambiarle el punto de apoyo, modificarle la dirección o conectarte con su cuerpo de una manera tan precisa que ya no puede organizarse igual. Quien mira sin saber puede decir “falta desequilibrio” o “se cae solo”. Lo que no está viendo es lo que ocurre dentro del movimiento.
También hay algo importante para decir. Las personas que llevan poco tiempo practicando, o que tienen a sus maestros muy lejos y los ven una vez al año, tienen una barrera enorme para aprender esto de verdad. Si tu maestro vive a 12.000 kilómetros y lo ves una vez al año, en la práctica cotidiana no tenés maestro. No te autoengañes, aunque esa persona sea brillante. Este trabajo necesita corrección, contacto, observación y tiempo.
Cuando trabajás durante años sobre tu propio centro, cambia la forma en que movés al compañero. Estás estable, dirigís la batuta y el otro empieza a moverse de una manera que casi no se nota. Eso no lo puede entender quien vive intentando mover al otro hacia afuera y nunca mira lo que le pasa adentro. Los verdaderos aikidokas trabajan sobre sí mismos. Desde ahí nace un desequilibrio mucho más profundo que una caída aparatosa.
Gabriel Benítez©