02/09/2026
¿Cuándo siento que me he alejado de mí y qué me ayuda a volver?
Esta es la pregunta que nos acompaña esta semana de retorno.
Reconozco en mí algunos de esos momentos.
Cuando aparece la irritación.
La frustración.
Cuando la cabeza está demasiado llena.
Hay momentos en los que siento que pierdo un poco mi centro.
Y entonces practico yoga.
Y siempre me voy diferente.
Más en calma.
Más equilibrada.
Más dentro de mí.
Y vuelvo a reflexionar sobre lo que es para mí el yoga.
Cuando dejas de mirar al de al lado.
Cuando dejas de compararte.
Cuando no necesitas llegar más lejos, hacer más, demostrar nada.
Cuando dejas de buscar la postura perfecta y simplemente habitas tu cuerpo, respiras y sientes.
Entonces ocurre algo.
El movimiento deja de ser una meta y se convierte en una forma de estar contigo.
Y ahí el yoga se vuelve profundamente espiritual.
Íntimo.
Introspectivo.
A veces me cuesta entender cómo hemos llegado a asociar tanto el yoga con la dificultad, la flexibilidad, las posturas imposibles o la acrobacia.
No porque haya nada malo en ellas.
Sino porque la dificultad nunca ha sido, para mí, el propósito.
Puedes hacer una postura espectacular y estar completamente lejos de ti.
Y puedes quedarte quieta, respirar y sentir… y encontrarte.
Quizá el yoga más profundo no sea el que más impresiona desde fuera.
Quizá sea el que, cuando termina, hace que vuelvas a ti.