13/06/2026
El comportamiento humano es complejo, somos seres que creamos cultura, tenemos una cosmovisión con creencias e ideologías, contamos historias y nos imaginamos vivir en lugares que no conocemos. Aunque el lugar donde nacemos siempre nos marca y nos deja huella para siempre. Nuestra verdadera realidad son las experiencias vividas y según nuestras creencias, ideas y otros, interpretamos nuestra realidad. Es así como vivimos atrapados en esa realidad que hemos creado nosotros mismos o que nuestros ancestros nos la ha dejado. Según el Yoga, el ciclo de la vida es circular y podemos vivir atrapados en una realidad que sólo es una interpretación. Para salir de esa realidad, debemos comprender y aceptar. El ciclo de la vida...para algunos es un ciclo del que debemos escapar, para otros es un ciclo que podemos mejorar, pero en ambos casos si no transformamos nuestra realidad, el ciclo se repite. Al ser seres sociales, también esta realidad se repite a nivel grupal y social, por eso las historias de los pueblos se repiten.
Cuando no aceptamos nuestra realidad, nuestra visión se cubre con un velo y podemos vivir en el mundo del deseo o de lo que todavía no existe; son los sueños, en las fantasías, en los ideales y en las ilusiones. Este velo está ocultando nuestra visión de la realidad y nos lleva a estar en un estado mental distorsionado, donde no podemos ver o no aceptamos nuestra realidad.
Esa es nuestra historia como seres humanos, siempre hemos querido controlar el orden y dejar de vivir en el caos. Al vivir con éste velo no podemos comprender que no debemos luchar con el caos, porque el caos es parte de la vida misma. Si vemos la verdadera realidad, más allá del caos está la armonía y el equilibrio. Para comprender, lo primero que debemos aceptar es que “el cambio es inherente y permanente” está en la propia naturaleza humana y en la madre naturaleza. Cuando no aceptamos los cambios todo nos parece caos y cuando aceptamos la realidad, el caos cambia y se convierte en armonía. El secreto para vivir una vida en “armonía” está en aceptar lo que no puedo cambiar y poner toda la intención para transformar y cambiar lo que es posible. Si no aceptamos el cambio, podemos vivir en un ciclo de sufrimiento. Este es el ciclo de la ley de causa-efecto que determina el camino. Esta es la ley del karma que nos regresa lo que hemos sembrado. Cuando vemos la realidad, el Karma no es castigo, sino aprendizaje, y el Darma no es recompensa, es una fuerza que nos da orientación y propósito.
Vivir atrapados en patrones que se repiten, en miedos, en los deseos, en los anhelos, en la codicia, en la avaricia, en el rechazo a mi propia realidad, en los prejuicios que he creado y sobre todo creer que eso es real nos lleva a la ansiedad, al estrés y al sufrimiento. El no querer ver y aceptar nos lleva a la ignorancia, que es el velo que no nos deja ver, o que bloquea la información que recibimos del mundo real y de nuestro entorno. Y la peor ignorancia está en negarnos la posibilidad de aprender o pensar que ya tengo el conocimiento de una realidad que no alcanzo a ver por el velo que tengo.
LOS MUNDOS QUE CREAMOS
El primer mundo es el mundo de los privilegiados: el dinero, las propiedades y el poder para comprar el tiempo de los demás pertenecen a los privilegiados, y ellos/as piensan que sus privilegios resolverán todos sus problemas. Pensar que los privilegios, el estatus y las ventajas, resolverán y taparán los vacíos o que dejarán ver más allá del velo, es una falacia o una quimera que inventamos para poder calmar el sufrimiento. En este mundo están los que trabajan hasta la extenuación para tenerlo todo, y cuando lo logran dejan como herencia privilegios y un velo todavía más tupido. Los nacidos en esa realidad, no conocen el esfuerzo, no tienen fuerza de voluntad, viven en los placeres y en los excesos. Muchos siguen haciendo lo que hicieron sus padres y madres, trabajar hasta el cansancio, o manipulan y mienten para seguir obteniendo sus privilegios; estos seres no conocen la empatía, son soberbios y solo quieren más privilegios o sus privilegios heredados. Los que pierden sus privilegios, no saben cómo levantarse porque no aprendieron a perder, porque nunca aprendieron a empezar desde el fracaso, algunos no saben tampoco que tienen un velo. Cuando caen o se dan cuenta de que todo es una ilusión su sufrimiento es más profundo. Estos seres si logran sacarse el velo, pueden ser maestros de una verdad que ellos mismos ignoraron, pues dejarlo todo o perderlo todo y empezar de nuevo puede dar sabiduría, porque saben que tenerlo todo no es bienestar.
El mundo de los guerreros: Todos llevamos un guerrero dentro, todos buscamos el reconocimiento, todos queremos ganar o ser ganadores y/o tener fama. La necesidad de reconocimiento está basada en los afectos, aunque no debería, pues todos los seres humanos deberíamos ser libres, respetados, aceptados, reconocidos y amados, tan solo por estar vivos y ser humanos. Cuando los/as guerreros/as buscan el poder y ser reconocidos lo pueden hacer a través del miedo, la violencia o la manipulación. También crean teorías, ideologías y/o doctrinas para justificar la violencia. No solo buscan riquezas, sino dominio, buscan dirigir el mundo, dominar las voluntades de los demás. No son conscientes de que en la verdadera realidad, la manipulación y la violencia no tienen cabida. Pero por la ley de Causa y Efecto, el poder no dura para siempre, en ese mundo hay traiciones y mentiras, hay verdades ocultas o medias verdades. En el mundo de la guerra, no hay nada para siempre, porque hasta los más grandes imperios han caído. Estos seres pueden destruir y/o destruirse a sí mismos, todo para no perder su poder. Están tan ciegos que no pueden ver la realidad. Cuando el guerrero se quita el velo, se convierte en un maestro de la reciprocidad, pide perdón y sabe perdonar, sus acciones son de manera incondicional, tiene empatía y su mirada no juzga.
El mundo de los marginados: Para los seres que viven en este mundo, la supervivencia se convierte en un propósito, sus necesidades básicas son lo más importante, su miedo se incrementa, su voluntad es instintiva, su sueño y anhelo es acceder a otros mundos. En este mundo el alma se adormece y el conocimiento no es importante, pero si se quitan el velo la sabiduría está cerca de su realidad. Esto seres son nobles por naturaleza, pues algunas son madres que protegen y otros son padres que trabajan para que sus hijos e hijas no sean más marginados. Los jóvenes de este mundo sueñan y fortalecen sus alas para volar alto. Estos seres sostienen el mundo sin saberlo, tienen un impulso profundo por cambiar las cosas. Esto les hace ver el mundo en su real magnitud y si se quitan el velo pueden llegar a la santidad. Los que no quieren ver se refugian en las adicciones para calmar su dolor, no quieren elegir por miedo a perder, y pueden seguir así generación tras generación, pues los condicionamientos sociales y la falta de oportunidades les impide avanzar. Y aún así son generosos, porque conocen el hambre y el sufrimiento. Cuando rompen las reglas sociales son encarcelados y desterrados. Un marginado que se quita el velo es un mesías, un liberador y un profeta.
Hay un mundo más oscuro, en el que las personas viven con un vacío que nada les puede llenar. Se llenan de deseos, de poder, de dinero y todo lo que poseen termina poseyéndolos/as. Nada les llena, ni el reconocimiento, ni las conquistas. Traicionan solo por el deseo de tener más, y por karma, son traicionados. Se alimentan del dolor ajeno, son prisioneros de la mirada ajena, son egoístas y controladores. Los seres de este mundo creen que valen por lo que tienen, se disfrazan y ya no son ellos mismos. Son maestros de la mentira, pueden fingir o imitar que son de otros mundos. En este mundo están ciegos y el velo no se lo pueden quitar fácilmente. Pero el que se libera del velo en este mundo puede ser escuchado en todos los mundos, porque ha vivido en el mayor sufrimiento, en el mayor egoísmo y en la soberbia más grande. Quien se saca el velo en este mundo, su palabra es poder, cuidan de los demás y su verdad es ley.
Parece que todos/as vivimos un poco en estos mundos, o deseamos vivir en ellos. Parece que la mayoría no queremos quitarnos el velo, preferimos vivir en la interpretación de los mundo que creamos. Todos/as conocemos a lagunas personas con las características antes mensionadas.
*Esta cosmovisión tiene una visión del comportamiento humano, aunque en la realidad todo es más complejo.
Luis Zafra Aquino-monitor de Yoga.