21/04/2022
Abrasadores días entre suaves cumbres verdes y latidos de corazón. Noches de hielo, tiemblo, muero, odio y me gusta el frío.
Corazones que laten por los que ya no están, pero viven en nuestros recuerdos e impulsan nuestros pasos.
Largos e irregulares valles serpenteantes, donde el murmullo del río se confunde con el sonido de las altas hileras de chopos. Pinos, encinas y robles.
El camino es confuso, recto y sin pérdida, ¿avanzo o retrocedo? ¿Cómo van estos números? No lo recuerdo, ¿qué importa? Ayuda.
Tengo frío, tengo sueño, tengo hambre. Estoy cansado, no quiero parar. Todo está bien, el sol a mi espalda, el sol a mi espalda.
Agua, comida, sombra. Sol y tinieblas. Sálvame.
Extraña es esta tierra, las rocas me envuelven. En la rota soledad las miradas se cruzan en trayectorias lejanas que escrutan el destino de la vía, de la vida, de la vía.
Amigos son la tierra, el agua, el cielo. Amigo eres tú.
Páramo, bello y mortal, cubierto de verde hierba, siseante y domada por el viento. Necesito dormir, la tierra me llama, el suelo es mi amigo. No me despiertes, amigo, conecto con este mundo, ahora soy este mundo. El río me canta, me atrapa, me duerme.
Bajo las montañas, en las entrañas de la tierra, el tiempo se para, avanzo, el vacío está fuera pero un curvo e infinito techo me resguarda.
Mi hermano, mi mujer, mi amigo, mi hija. Están aquí, están conmigo.
Luna llena luminosa, alumbras el blanco camino que atraviesa esta larga noche. Luna odiosa, odiosa, me perturbas el alma y das vida a estas rocas que me envuelven.
Sombras. Me he perdido, el camino era claro, ahora vivo y muero. No me rescates. Sálvame. Quiero más, intento avanzar.
No puedo seguir, no quiero volver. Las rocas viven en esta larga noche, las sombras se alargan, crecen, desaparecen. Duele.
Tengo frío, mi familia me espera, me salva y me cura.
Ayuda y salvación. Victoria. Vida. Gracias.