26/06/2026
A veces la vida no te frena para castigarte.
Te frena para que escuches.
Durante este año, la sala empezó a mostrar señales: humedad, filtraciones, el suelo dañado, paredes que ya no podían seguir ocultando lo que estaba pasando.
Y, de alguna manera, todo eso también me hizo mirar hacia dentro.
Me di cuenta de que necesitaba parar.
Escuchar.
Soltar un poco el control.
Y ser más honesto conmigo y con mi forma de enseñar yoga.
Por eso, durante julio y agosto voy a pausar mis clases en BeYoga.
No como un final.
Sino como una pausa necesaria para reformar la sala y revisar desde dónde quiero volver a habitarla.
Porque para mí el yoga nunca ha sido solo hacer posturas.
Es una forma de mirar la vida.
De observar el cuerpo.
De escuchar el sistema nervioso.
De reconocer lo que se mueve dentro.
De respirar con más presencia.
Y de aprender a no luchar tanto contra lo que la vida nos está mostrando.
Este verano toca reformar la sala.
Y también volver a ordenar lo esencial.
Para regresar en septiembre con una propuesta más clara, más sencilla, más honesta y más fiel a lo que siento que debe ser el yoga.
Un yoga más profundo.
Más consciente.
Más humano.
Más verdadero.
Me detengo un momento.
Para volver con más verdad.