13/09/2026
UNA SEMANA PARA QUERER TODAVÍA MÁS AL TROTADUNAS
Si alguien pensaba que el Trotadunas iba a tomarse esta semana de septiembre con algo más de calma, todavía no conoce bien a este club. Porque aquí, cuando llega el momento de apretar los dientes, ponerse las zapatillas, subirse a una bicicleta o simplemente echarse un buen puñado de kilómetros a la espalda, siempre aparecen los viejos rockeros dispuestos a demostrar que los límites están para discutirlos. Y así se cierra una semana muy trotadunas, difícil de explicar y todavía más difícil de superar, pero que intentaremos resumir en cinco apartados principales: los trotabikes afinando piernas y cabeza rumbo a la cercana Fudenas; un primer torneo de Bola Canaria organizado por el club y resuelto con nota alta; una batalla de montaña en La Isleta; un doblete extremo en Tindaya subidos a lo más alto del podio; y 132 kilómetros de Camino Inglés acompañados de lluvia y emociones.
-LOS TROTABIKES, CON LA FUDENAS EN EL HORIZONTE:
El sábado, mientras algunos todavía buscaban en el café de la mañana la manera de conseguir abrir los ojos, los Trotabikes ya estaban metidos de lleno en faena. Capitaneados por el incombustible RAÚL MATA, nueve trotabikes, JOHN, HÉCTOR, DAVID, GRETA, ANDERSON, OMAR, CARLOS Y TANA, salieron desde Puerto del Rosario rumbo a Morro Jable para afrontar una auténtica jornada de preparación con la temida Fudenas ya en el horizonte. Viento, calor y una interminable colección de kilómetros. El plan, sobre el papel, parecía estupendo. Una de esas ideas que a primera hora de la mañana parecen brillantes y que, cuando llega el kilómetro cien, empiezan a adquirir cierto aire de error estratégico.
Pero los trotabikes tienen una virtud: cuando el terreno aprieta, el grupo se hace más fuerte. Respondieron con resistencia, camaradería y ese punto imprescindible de locura que permite subirse a una bicicleta para recorrer semejante distancia y, además, disfrutar del intento. Con Raúl al frente, el grupo demostró llegar en un estado de forma espectacular a la gran cita.
-UN ESTRENO EN LA BOLA:
La semana, además, había comenzado en casa. Durante el miércoles y el jueves, el Trotadunas se vistió de gala para estrenarse como anfitrión de su primer torneo de Bola Canaria. Esta vez no solo tocaba jugar, sino organizar y demostrar que también sabemos estar al otro lado, donde se coordina, cuida cada detalle, se resuelven imprevistos y se consigue que todo esté preparado cuando llega la hora de lanzar la primera bola. Y funcionó. El debut dejó claro que este club no solo sabe organizar su propia carrera, además de correrla, pedalear contra el viento o enfrentarse a distancias capaces de hacer sudar hasta a un pingüino; también sabe arremangarse, trabajar en equipo y sacar adelante cualquier tipo de evento o proyecto. Pero si después de este primer reto superado con nota, alguien había pensado que tocaba levantar el pie del acelerador es que todavía sigue sin conocer a nuestra gente.
-JESÚS EN LA ISLETA:
El sábado 12, mientras los Trotabikes ponían a prueba sus piernas en Fuerteventura, JESÚS BARRIOS ya estaba metido de lleno en competición. Su escenario: La Isleta, en Las Palmas de Gran Canaria. Su desafío: la exigente XI Isleta Extreme, organizada por el Club Deportivo Infantería Canarias 50. Trece kilómetros suficientes para poner a prueba piernas, cabeza y carácter. Naturaleza escarpada, senderos áridos, desniveles traicioneros y rampas imposibles. La Isleta no regala nada, pero Jesús tampoco estaba dispuesto a regalarle un solo metro sin disfrutar de las extraordinarias vistas. Firme, valiente y con una fortaleza física de esas que empiezan a resultar escandalosas, convirtió cada dificultad en una batalla y cada subida en una declaración de guerra deportiva. Corrió, resistió y dejó el pabellón del Trotadunas donde debe estar: bien arriba.
-BAIFO EXTREME, PORQUE PARA JESÚS UN SÁBADO NO ES SUFICIENTE:
Y entonces llegó el domingo. Cualquier persona razonable habría recomendado descanso. Después de trece kilómetros de montaña el sábado, lo sensato era estirar, comer bien, descansar y mirar las zapatillas desde una distancia prudencial. Pero entonces recordamos que estamos hablando de Jesús Barrios. Así que no.
Apenas había tiempo para quitarse el polvo de La Isleta cuando ya estaba poniendo rumbo a Fuerteventura para reencontrarse con su hermano de batallas, ALEJANDRO SANTANA, y plantarse en la salida de la mítica Baifo Extreme, en Tindaya, con sus obstáculos casi insuperables. Y allí Jesús y Alejandro fueron puro carácter. Alejandro puso potencia. Jesús añadió resistencia, pundonor y esa capacidad casi inexplicable para mirar al cansancio a los ojos y decirle que tendrá que esperar. Porque lo verdaderamente extraordinario estaba en el dato que lo explicaba todo: dos competiciones en apenass de 24 horas. Hay quien a eso lo llama locura. Nosotros preferimos llamarlo espíritu Trotadunas. Y así quedará para los anales del club uno de esos dobletes que se cuentan después con admiración, cuando, además, esta extraordinaria pareja termina por proclamarse CAMPEONES EN EQUIPO MIXTO, subiendo por tanto a lo más alto del podio de la prueba junto a Frank y Sara. ¿Están locos? Posiblemente sí. Y precisamente por cosas como estas los queremos.
-132 KILÓMETROS DEL CAMINO INGLÉS:
Pero la semana todavía escondía una última historia. Una sin dorsal, cronómetro ni línea de meta. Desde su tierra natal, Galicia, nos llegaban noticias de MARICARMEN PAZO, después de completar nada menos que los 132 kilómetros del Camino Inglés de Santiago. Con Galicia haciendo honor a su reputación meteorológica y poniendo a prueba algo más que las piernas. Naturaleza, encuentros, gastronomía, emoción y lluvia. Mucha lluvia. De esa repentina que nunca te pregunta si llevas chubasquero, sino que comprueba si de verdad vienes preparada para ser una peregrina. Maricarmen caminó como quienes entienden que hay caminos que no se conquistan, sino que se viven. Durante la ruta tuvo además la fortuna de encontrarse con algunas personas de Canarias y descubrir, una vez más, que el Camino también está hecho de personas. De hospitalidad. De pequeños gestos. De pulseras, imanes, cruces de madera y recuerdos entregados al peregrino a cambio de la voluntad. Detalles aparentemente pequeños que, después de tantos kilómetros, terminan pesando mucho en la memoria. Porque el Camino también se mide en los gestos de generosidad que acompañan las flechas, el paisaje, las historias de quienes caminaron antes y esa conversación silenciosa con uno mismo que aparece cuando los kilómetros empiezan a dejar espacio para escuchar los propios pensamientos. Ciento treinta y dos kilómetros después, su sentencia fue breve y emotiva: “¡Experiencia para repetir!”.
Si levantamos la mirada aparece lo verdaderamente importante. Aparecen las personas. Las que organizan. Las que ayudan. Las que corren. Las que pedalean. Las que caminan. Las que animan. Las que esperan. Las que empujan cuando hace falta. Las que celebran como propio el esfuerzo de otro. Personas capaces de convertir un reto individual en una aventura colectiva. Eso es el Trotadunas. Un club donde competir importa, claro que sí, pero donde importa mucho más la manera de hacerlo: juntos, con orgullo, con humor, con esfuerzo y con esa sensación de que cada aventura, por dura que sea, siempre merece la pena si se comparte. Y quizá ahí esté la verdadera grandeza de esta familia: en que cada semana que termina nos deja con ganas de vivir la siguiente.
¡Enhorabuena, familia! Por convertir cada kilómetro, cada pedalada, cada paso y cada esfuerzo en una historia que merece ser contada.
📸 Raúl, Hector, Anderson, Carlos, Alejandro, Jesús, Maricarmen
✍️ Antonio