05/08/2026
Cuando empecé a entrenar Jiu Jitsu, nunca pensé en ser campeón del mundo.
Con 17 años me quedé sin mis padres y la vida me puso delante de una decisión: rendirme o seguir adelante.
Fue entonces cuando mi maestro, Paulao Rezende, me abrió las puertas de la Casa del Atleta. Me dio un hogar, una oportunidad y, sobre todo, un ejemplo.
Allí no solo aprendí Jiu Jitsu. Aprendí valores, disciplina, respeto y el camino para convertirme en un buen hombre.
Paulao ya entrenaba a campeones del mundo como Marcelo Garcia y muchos otros. Aun así, nunca dudó en tenderle la mano a un chico de 17 años que apenas era cinturón blanco.
Ese gesto cambió mi vida para siempre.
Hoy, todo lo que he conseguido es fruto del esfuerzo, pero también de la bondad de las personas que creyeron en mí cuando yo todavía no era nadie.
Gracias, maestro. Sin ti, mi historia habría sido muy diferente.