19/06/2026
Cada mes de junio, cuando se acerca la Quebrantahuesos, en el equipo cambiamos el chip y nos ponemos en modo competición. El entrenamiento ya está hecho.
Lo que marca la diferencia entre cruzar la meta disfrutando con buen tiempo o fundirse a mitad de Portalet es algo de lo que se habla menos: cómo se ejecuta el día.
Preparar una prueba de casi 200 km, con Somport, Marie Blanque, Portalet y Hoz de Jaca por delante, no es solo acumular vatios. Es construir un guion para cada deportista, y ese guion sale de sus números reales y sensaciones día a día: su FTP, su peso, sus zonas de frecuencia cardíaca…
Con eso definimos un plan tramo a tramo. Cuántos vatios sostener en cada puerto, a qué frecuencia cardíaca y con qué sensación de esfuerzo. Dónde ch**ar rueda y donde apretar. En qué subida bajar al plato pequeño y no caer nunca de 70 rpm.
Y luego está lo que casi nadie planifica con detalle: la nutrición y el calor. Calculamos los hidratos y el sodio por hora, ajustamos el líquido al frío de la cima de Somport y al calor de la última hora, y dejamos cerrado un plan B por si el estómago se rebela. El sodio es lo único que no se toca.
Todo eso va cargado en TrainingPeaks y sincronizado al Garmin. El día de la prueba el ciclista no improvisa: lee su guion en el manillar, tramo a tramo, y solo tiene que pedalear. Eso, para nosotros, es un plan de entrenamiento de verdad. Preparar el cuerpo y preparar el día.