28/06/2026
El rayo que alcanza casi los 30.000°C (5 veces la temperatura superficial del sol) y cae a una velocidad de más de 100.000 km/s, es un fenómeno natural tan fascinante como aterrador sobretodo cuando te pilla arriba en la montaña...Inevitable no recordar aquella tormenta invernal de un mes de marzo en Los Picos de Europa que nos quedó grabada en el alma, cuando al retornar y superar la última horcada, la visión de un cielo negro como la noche en contraste con la nieve, nos dejó helado el corazón con la que se nos venía encima. Luego todo sucedió rápidamente. Un fuerte olor a ozono inconfundible, sintiendo como cada pelo del cuerpo se erizaba bajo la ropa, fue precursor de una guerra de rayos de plasma cayendo en la misma nieve que sin tiempo a más, lo siguiente fue una luz blanca cegadora al tiempo que una gran explosión que nos lanzó a Toño y a mí como vulgares insectos patas arriba. Todavía aturdidos, lanzamos a continuación ladera abajo nuestras mochilas con todo el metal y excavamos frenéticamente en la nieve un nicho para acurrucarnos aguantando eternos minutos mientras el cielo caía sobre nuestras cabezas, suplicando no quedar vaporizados en cualquier momento. Todavía deberíamos aguantar una segunda andanada más hasta poder descender a zona segura...
Volveríamos 1 mes después con buenas condiciones meteorológicas para realizar las escaladas pendientes y todavía el guarda del refugio recordaba esa tormenta y su preocupación de nuestra suerte.
Como decía el poeta, sólo el que lo probó lo sabe. Lo insignificantes que somos cuando la Naturaleza nos lo hace recordar.