01/02/2026
Cuando los sabios hablan... Los demás solo tenemos que escucharlos.
==La gestión de Sierra Nevada y el valor de la anticipación==
Me jubilé en 2017 tras más de treinta años de servicio en la estación de esquí de Sierra Nevada, donde tuve el orgullo de ejercer como director de pistas desde 1985. Durante esas tres décadas fui testigo y parte activa de una profunda transformación que trajo consigo importantes inversiones, la modernización de infraestructuras y la celebración de eventos del calibre de los Campeonatos del Mundo de 1996. Nada de aquello fue fruto de la casualidad, sino el resultado de una planificación rigurosa, de la experiencia acumulada y, por encima de todo, de una clara cultura de la anticipación.
Sierra Nevada no es una estación cualquiera; es el único gran dominio esquiable del sur de España y su ubicación, tan singular por la altitud y la cercanía al mar, la hace especialmente vulnerable a temporales de nieve, viento y lluvias heladas. Precisamente por estas características, históricamente comprendimos que era imprescindible contar con equipos diseñados para prevenir los problemas antes de que ocurrieran, y no para improvisar soluciones cuando el temporal ya se había desatado.
Aunque es cierto que la presente temporada está siendo exigente en lo meteorológico, conviene no perder la perspectiva: las grandes nevadas de enero y febrero no son, ni mucho menos, un fenómeno excepcional. Es una situación sobradamente conocida para la que la estación debería estar —y de hecho estuvo en el pasado— preparada a un nivel muy alto.
Sin embargo, en los últimos tiempos nos llegan informaciones preocupantes a través de medios de comunicación y usuarios de la estación. Se han eliminado operativas que durante años demostraron ser fundamentales, como el turno de máquinas de primera hora de la mañana o las guardias nocturnas en los remontes. La supresión de estos servicios tiene una relación causa-efecto inmediata: remontes bloqueados por el hielo tras episodios de lluvia gélida, zonas de salida sin limpiar a tiempo y pistas que no están en condiciones a la hora de apertura.
A estos problemas operativos se suma una preocupante falta de previsión en la limpieza de los accesos y el mantenimiento de la urbanización, donde a menudo se actúa tarde pese a contar con avisos meteorológicos previos. El resultado final lo sufren los usuarios: fines de semana con miles de personas que no pueden acceder o esquiar, cierres intermitentes y una sensación de desorganización que daña la imagen de prestigio que tanto costó construir.
Lo más doloroso de esta situación es que estos problemas ya estaban resueltos hace décadas. La lógica dicta que, cuando un sistema funciona, se debe reforzar y mejorar, no desmantelar. Haber prescindido de una estructura eficaz ha provocado una pérdida de capacidad operativa que resulta difícil de justificar y que transmite una falta de profesionalidad ajena a la historia de esta casa.
Estas líneas no pretenden señalar a nadie en concreto, sino cuestionar un cambio de modelo organizativo que ha dejado de ser eficaz. No se trata de inventar nada nuevo, sino de aplicar lo que ya sabemos que funciona: estructura, previsión y equipos preparados. Mi única intención es solicitar que se recupere ese nivel de exigencia y organización que permitió a Sierra Nevada salir adelante en situaciones incluso más complejas que las actuales. La estación ya demostró que sabe hacerlo; solo hace falta voluntad para volver a ponerla en el lugar que le corresponde.
Atentamente,
**Jesús Barral Moreno (Canito)**
Director de Pistas de Sierra Nevada (1985–2017)