23/10/2018
LAS LEYES DE LA EQUITACIÓN: “Como todas las demás artes, el arte de la equitación debe respetar ciertas leyes, y cualquier violación de estas leyes debería causar daño, como una discordia en una armonía musical. Las tres primeras leyes establecen que: 1º. El movimiento natural nunca debe distorsionarse. 2º- El ritmo siempre debe prevalecer distinguible y regular. 3º- El equilibrio apropiado debe establecerse y perfeccionarse continuamente. La Cuarta ley establece que un caballo de silla debe tener un perfil o una postura convencional. Esto da al jinete la capacidad de controlar de controlar al caballo y usarlo para montar en general o con una finalidad especifica, pero esta postura debe ser el resultado de la obediencia a las tres primeras leyes. La Quinta, se aplica al uso de la propia fuerza del jinete. La ley establece que nunca debe contradecir el movimiento natural del caballo. La equitación no es una competición de fuerza y la fuerza muy superior del caballo solo puede controlarse con la fuerza relativamente pequeña del jinete, si este puede sentir el movimiento natural del caballo y saber como utilizarlo para aumentar, disminuir la velocidad o dirigirlo. Debe ser capaz de sentir y controlar en todo momento, no solo el movimiento principal, que es un elemento determinante de control, si no que debe reconocer el origen del poder y la agilidad del caballo, es decir, el cuello arqueado e inclinado frente a su asiento, la oscilación de su dorso, la implicación de la flexión y extensión de sus poderosos cuartos traseros. Estas tres partes principales, el cuello, el tronco y las extremidades posteriores, son capaces de acciones reflejas independientes, que pueden sincronizarse siempre que su libertad de movimiento no se vea afectada. Si se impide que una de las partes funcionase libremente, se altera todo el mecanismo del movimiento y se dice que el caballo está desunido (desconectado). Su equilibrio es alterado, por lo que se pone rígido y se resiste a las acciones de control del jinete. El jinete debe aprender a economizar su propia fuerza. Se agota inútilmente cuando aprieta con todas las fuerzas de sus piernas, para producir impulsión y al mismo tiempo tira con toda la fuerza de sus brazos para frenar al caballo. La Sexta Ley dice que ningún caballo debería ser entrenado para especializarse hasta haber completado su educación básica. Antes de que se le pueda enseñar algo, un caballo debe aprender a confiar, entender y obedecer a su entrenador; nunca sentirá comodidad al ser montado, hasta haber adquirido una técnica eficiente del movimiento en todas sus marchas; su fuerza debe desarrollarse mediante el ejercicio antes de que pueda moverse en círculos pequeños o forzarlo a desplazarse lateralmente. Si tenemos la intención de utilizarlo como caballo ordinario de paseo, como cazador o en cualquier tipo de competición, nunca progresará si su educación primaria ha sido descuidada. Nunca se debe olvidar que la educación primaria del caballo, debe consistir en la educación de su inteligencia, así como en el fortalecimiento de su cuerpo. La educación especifica para la doma como deporte o para otros deportes, son parte de la educación secundaria del caballo y nunca debería comenzar antes de que se complete su educación primaria. La Ley final dice que las ayudas deben adaptarse siempre al grado de comprensión y fuerza física del caballo. Por lo tanto deben variar en intensidad y en forma y deberán usarse por separado o en combinación de acuerdo con el progreso. Eventualmente las ayudas deben convertirse en indicaciones y no en comandos. Educar a un caballo para obedecer las ayudas es un proceso gradual y un continuo despertar su comprensión y desarrollar su inteligencia. Por lo tanto, es importante darse cuenta que las ayudas no son acciones mecánicas que producen resultados automáticamente; son acciones humanas que el caballo debe aprender a interpretar; son ordenes que se le debe enseñar a obedecer, incluso a costa de algún inconveniente para sí mismo. Estos comandos no deberían ser más duros de lo necesario para que nuestras intenciones sean perfectamente claras. No es la afectación lo que nos hace preferir ayudas sensibles. El tacto o la capacidad de sentir y empatizar con la influencia del movimiento, es la cualidad que crea unidad de mente y propósito entre el jinete y el caballo.” Udo Bürger.