10/04/2026
Mi vida ahora mismo se resume en muchas horas dentro de un coche, de un sitio a otro, encajando mil clases y organizando cada minuto al milímetro. No hay margen, no hay improvisación… solo disciplina, foco y muchas ganas de seguir avanzando.
Esta semana el cambio de dieta me ha golpeado fuerte. He pasado hambre de verdad, de esa que incomoda y te pone a prueba constantemente. Y no te voy a engañar… también ha aparecido el miedo. Miedo por lo que viene, por lo duro que sé que va a ser, y por ese pensamiento que se cuela sin avisar: “¿y si no lo consigo?”.
Estoy muy cansada. Física y mentalmente. Y cuando el cansancio aprieta, los miedos hablan más alto. Ya sabía que estos momentos iban a llegar, esos bajones en los que te cuestionas todo: por qué has empezado, si merece la pena, si vas a estar a la altura.
Y es justo ahí donde me paro de verdad. Donde bajo el ruido, entro dentro de mí y me obligo a recordar por qué empecé todo esto. Porque no es solo un objetivo físico, ni una meta puntual… es algo mucho más profundo. Este deporte, en un momento de mi vida, me sostuvo, me dio equilibrio, me dio fuerza cuando no la tenía. Me salvó. Y cuando conecto con eso, todo vuelve a tener sentido.
Pero también sé otra cosa: no me voy a quedar en el miedo. Me permito una lloradita, respiro hondo… y sigo. Porque esto es difícil, mucho. Y sé que aún se va a poner más duro. Por eso necesito mantener la mente en el presente, en lo que toca hoy, en el siguiente paso, sin dejar que todo lo que viene me abrume.
Qué gran aprendizaje… en la soledad de este deporte en el que no siempre se ve el sufrimiento.
Estoy en plena lucha. Contra el cansancio, contra el hambre, contra mis propios miedos. Aprendiendo a convivir con todo eso y aun así seguir avanzando.
Y no pienso rendirme 💪🏼concept