Jero García

Jero García Información de contacto, mapa y direcciones, formulario de contacto, horario de apertura, servicios, puntuaciones, fotos, videos y anuncios de Jero García, Deportes, Hilario Sangrador 8, Madrid.

13/06/2026

Está semana han sido cuatro colegios: y
Divulgando el deporte y la prevención de las violencias. En breve haremos 30.000 niños de impacto directo, se dice pronto, pero acercar el boxeo y prevenir lacras como el bullying a los jóvenes me está haciendo muy feliz.
Seguimos peleando dentro y fuera del ring.

11/06/2026

Hoy vamos a trabajar el uppercut con paso atrás. Puede ser un golpe con riesgo, pero que sería la vida sin ello y en el boxeo más.

10/06/2026

¿La velada de ? Como los culos y las opiniones, cada uno tiene la suya. La mía en… Y no va a dejar indiferente a nadie.

Mañana nos vemos en Pinto. Gracias al  y al  por el apoyo a la  en su lucha contra el Acoso Escolar. Solos llegaremos má...
09/06/2026

Mañana nos vemos en Pinto. Gracias al y al por el apoyo a la en su lucha contra el Acoso Escolar. Solos llegaremos más rápidos, juntos llegaremos más lejos.

08/06/2026

En esta vida hay que ser agradecido, y yo no puedo estarlo más con y la por el premio a la .

Desde este punto me hago una reflexión: a mí mi verdadero premio es estar en el día a día con mis chicos, dentro y fuera del gimnasio. 25.000 niños de impacto directo en 3 años; hay que hacer muchos kilómetros y visitar muchos centros educativos. Pero a nadie le amarga un dulce reconocimiento, siempre ayuda a seguir. La pregunta es: ¿después de 15 años y más de 30 premios fuera del noble arte, ¿por qué se ha tardado tanto en reconocer el trabajo arduo y diario de la Fundación? La respuesta la tienen los maestros del coaching: Timothy Gallwey y John Whitmore, los verdaderos padres del coaching, tuvieron una conversación sobre cómo el coach empresarial o ejecutivo había crecido infinitamente más que el deportivo, cuando este era el origen de todo.

Los dos lo tuvieron claro desde el principio: la clave estaba en el ego y la resistencia del gremio deportivo. Los entrenadores deportivos lo vivieron como una amenaza personal. Los directivos de empresa, en cambio, no tenían ese bagaje y lo recibieron con curiosidad.

Algo así me pasó a mí con el tema social y el boxeo patrio. Al principio, en el siglo pasado, cuando empecé con mis proyectos socioeducativos en otra Fundación y empecé a salir en la televisión, llegaron las primeras críticas: «Este lo hace por salir en la tele»…

Luego monté mi propia asociación, ya en mi gimnasio, después de un episodio de violencia de género que todo el mundo conoce. Empezamos a trabajar contra todo tipo de violencias y muchos compañeros del gremio escupiendo eso de: «Ahora se apunta a lo que está de moda».

Uno siguió trabajando en silencio. Si los perros ladran, señal de que cabalgas. Y todavía algunos de los que dicen ser compañeros tuyos siguen con la batuta envenenada soltando improperios. Yo seguiré a pico y pala, creyendo que con el deporte cambiamos vidas.

Posdata: Mejor no hablo de cuando entré en Hermano Mayor, porque alguno bebió lejía.

Prevenir las violencias no es una opción, es una misión, y en esas estoy.

07/06/2026

Tenía que repostearlo sí o sí. Repost Se viene “Bella Ciao” para fin de curso gracias a la compañera 💙

Yo sé que aquello no fue un combate de boxeo, fue un carrusel de emociones desde el minuto uno.Yo allí intentaba no sent...
07/06/2026

Yo sé que aquello no fue un combate de boxeo, fue un carrusel de emociones desde el minuto uno.
Yo allí intentaba no sentirlas, la emoción se deja para luego, allí procuro enfocarme e intento que nada perturbe mi control; en estos casos mi TDAH no ayuda nada y la importancia del combate menos.
Durante la batalla pude concentrarme en la liza, más o menos, pues la emoción estaba ahí.
Cuando sonó el último tañido de la campana pude soltar el lastre y dejar que corrieran los sentimientos enclaustrados.
Ese final no fue en lo deportivo muy positivo para nosotros, pero en lo emocional me arrolló.
La foto de arriba del ring, verla desde tan cerca resquebrajó mi serenidad. Son los momentos donde sé que practico el mejor deporte del mundo. La mejor boxeadora de la historia del boxeo femenino hasta la fecha es requerida por los fotógrafos, ella llama a Miriam, la mira, sonríe y le cede parte de sus cinturones.
Demuestra una humildad sin parangón y un reconocimiento no solo a una deportista sino a una mujer descomunal.
Allí arriba estaba la mejor campeona de la historia del boxeo femenino y también estaba, a su lado, la mejor campeona de la historia de la vida. Katie quiso mostrarlo así: somos campeonas las dos, yo gano pero tú reinas.
Esos son los valores que yo defiendo de mi deporte, la base fundamental de mi personalidad y la misión que tengo en el mundo. Intentar insuflar esos valores es mi cometido, muchas veces fracaso pero otras veces gano.
El sábado gané yo y no perdió nadie, porque Miriam demostró que no lo hacemos tan mal, no boxear, ejemplarizar.
Lo que yo viví en esa esquina esa noche londinense es muy difícil de explicar. Plasmar sentimientos en palabras se me complica demasiado, pero nadie dijo que esto, el boxeo, fuera fácil.
Desde el calentamiento en el vestuario, esa tensa espera previa a la batalla, yo miraba a mi púgil lleno de orgullo. Allí estaba ella, veinte años después de plantarse en la puerta de chapa de mi gimnasio en un garaje y decirme:

—Jero, te debo una explicación.

—Por supuesto que me la debes.

Aseguré yo.

No perdamos de vista la secuencia: Miriam estaba frente a mí con un bebé en brazos.
Yo no sabía que esa explicación cambiaría mi vida para siempre. Empezó el relato de su camino tortuoso en esa corrala de Vallecas, donde fue maltratada por su pareja el último año que entrenó conmigo. Allí donde todo coronó con una paliza en medio del salón con ocho meses de embarazo. Hospitalizada de urgencias, estuvo a punto de perder a la niña. Me contaba que de allí nació el odio a volver con el tipejo que decía ser su pareja.

—¿Y qué quieres hacer ahora?

Pregunté compungido después de escuchar atentamente las palabras de Miriam.

—Yo quiero boxear.

Contestó ella.

—¿Y por qué no lo haces?

—No tengo dónde dejar a la peque.

Miriam no tenía a nadie; a partir de ese día no sería así, nos tendría a nosotros.
Yo cogí a la niña en brazos, le di a la púgil unas vendas y una comba. Se vendó las manos y empezó a saltar; esta tipa lleva veinte años saltando, se convirtió en campeona de España, en campeona de Europa y estaba a breves instantes de hacer el combate más importante de la historia del boxeo español.
Todo eso se me pasaba por la cabeza en ese vestuario del Wembley Arena.
Durante la pelea se venían imágenes de la vida de mi boxeadora, como si fuera una pantalla donde transcurría un documental.
El combate fue exactamente como su ardua existencia: sin tapujos, poniendo los ovarios por bandera.
Empezar fuerte, comiéndote al rival, tirando duro; pero tener a la mejor boxeadora del mundo libra por libra nos puso rápidamente en nuestro lugar. Katie empezó a moverse y a utilizar su velocidad como principal baza. Se nos acabó el ímpetu pronto, no puedes pegar a nadie si no está, y la irlandesa no estaba: queríamos pegarla y volaba. Pelear contra fantasmas, como Miriam hizo todos sus días.
En un determinado momento la rival se cansa y baja el pistón, Miriam se viene arriba y desarrolla su mejor asalto, el cuarto. A punto de terminar este, y para no faltar a la norma de no hacerme caso casi nunca, le tira un directo de izquierda.
Tenía prohibido tirar un recto de izquierda a Taylor; siempre lo contraatacaba de forma implacable, y así pasó: contraatacó y nos mandó a la lona quedando pocos segundos.
Cuando mejor estábamos boxeando nos llevamos el mayor varapalo, igualito que su vida: cualquier sonrisa te la quitan de un bofetón.
El transcurso del pleito fue un monólogo de Katie, pero Miriam no perdió la cara; al contrario, la ponía para que viniera a la guerra.

—Ven, ven, vamos a pelear.

Le gritaba Miriam a Taylor a ver si entraba en la trampa, pero no entró.
Esta mujer no se rinde nunca, por más golpes que se lleve en el ring o en la vida. Se cae pero se levanta, y no se levanta para estar en pie, se levanta para seguir peleando.
Se puede ganar y se puede perder, pero nunca darnos por vencidos. Si la mejor forma de influir es el ejemplo, ese día influimos en mucha gente.

Katie ganó, pero Miriam “La Reina” Gutiérrez reinó.

Si hay reseñas de Camino de vuelta que me ilusionan, son las de mis amigos, a veces son buenas y otras malas, pero de es...
06/06/2026

Si hay reseñas de Camino de vuelta que me ilusionan, son las de mis amigos, a veces son buenas y otras malas, pero de este pequeño trozo de mí, por ahora son todas positivas. No os voy a engañar, es un libro duro, como la vida, como el boxeo, como las violencias. Aquí os dejo la reseña del gran H A Z E :
Muy buenos días, Jero:

Escribo con el buen sabor que todavía experimento con la lectura del epílogo y los agradecimientos.

Expresas por escrito una catarsis profunda, noble y necesaria.

Intuyo más de un rasgo de tu carácter en los personajes de la historia. Advierto la vulnerabilidad entre las cuerdas que componen el ring del texto. Admiro tu capacidad de resistencia y tu competencia para convertir la experiencia en aprendizaje.

He sufrido junto a Román; he recordado en mi piel el dolor de los golpes en Javier; me he reencarnado en Ardi, encontrado en Cola y conciliado con Fernando.

Gracias por haberme hecho partícipe de este menú degustación de emociones y certezas.

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