15/10/2026
El movimiento no siempre necesita desplazarse. A veces vive en una pausa, en el instante exacto en que algo sigue fluyendo aunque parezca detenido.
En esta obra, una cascada nocturna desciende entre rocas bajo la luna y, al llegar abajo, el agua se transforma en mujeres que bailan. Los pliegues de la corriente se vuelven pliegues de tela, y cada cuerpo nace del anterior, sin cortes ni saltos.
Rob Gonsalves llegó a la pintura desde la arquitectura. Estudió arquitectura, aprendió a manipular la perspectiva y la convirtió en su lenguaje · sus imágenes no son sueños azarosos, sino ilusiones pensadas con precisión, donde una escena se funde en otra hasta que ya no sabemos dónde termina la primera. Water Dancing nació de un paseo por un bosque, frente a un río que caía por un acantilado hasta una poza.
Al igual que en nuestras prácticas, aquí la quietud no interrumpe el movimiento: lo sostiene. Las pausas también son parte del ejercicio, ese momento en que el cuerpo se asienta, respira y deja que el movimiento fluya en su cauce. No hay fluidez sin ese espacio entre un gesto y el siguiente. En ambos escenarios, el movimiento no necesita prisa para existir.
Nacido en Toronto en 1959 y fallecido en 2017, el artista canadiense dedicó su obra de realismo mágico a representar el deseo de creer en lo imposible y de permanecer abierto a lo posible.
Rob Gonsalves · Water Dancing · 2011 · Óleo sobre lienzo