13/01/2026
En el D̳í̳a̳ ̳M̳u̳n̳d̳i̳a̳l̳ ̳d̳e̳ ̳l̳a̳ ̳L̳u̳c̳h̳a̳ ̳c̳o̳n̳t̳r̳a̳ ̳l̳a̳ ̳D̳e̳p̳r̳e̳s̳i̳ó̳n̳, hemos invitado a Sara Martínez Espejo, psicóloga y ex deportista profesional, a compartir una reflexión sobre el tema. Os dejamos su artículo con la esperanza de que os aporte y lo compartáis si creéis que puede serle útil a alguien:
Se ha construido el relato de que en el deporte de élite 𝗻𝗼 𝗵𝗮𝘆 𝗲𝘀𝗽𝗮𝗰𝗶𝗼 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗹𝗮 𝗳𝗿𝗮𝗴𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱. Que llegar arriba te convierte en alguien fuerte para siempre. Que el éxito protege del dolor. Que quien alcanza la cima no duda, no cae y no sufre. Que el talento, el dinero o el reconocimiento blindan por dentro. Pero esa idea no solo es equivocada, también es peligrosa.
Hemos visto a deportistas de élite ganar títulos y perderse por dentro. Hemos visto 𝗰𝘂𝗲𝗿𝗽𝗼𝘀 𝗲𝗻 𝗽𝗹𝗲𝗻𝗮 𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮 𝘆 𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲𝘀 𝗱𝗲𝘃𝗮𝘀𝘁𝗮𝗱𝗮𝘀. Hemos visto sonrisas públicas y silencios privados que dolían más que cualquier derrota.
La depresión en el deporte de élite no siempre grita. Muchas veces entrena, compite y cumple. Se esconde detrás del “estoy bien”, del “no pasa nada”, del “ya se me pasará”. Se disfraza de cansancio, irritabilidad, de bajadas de rendimiento, de lesiones que no se curan, y de noches sin dormir.
En el alto rendimiento no solo se exige ganar. 𝗦𝗲 𝗲𝘅𝗶𝗴𝗲 𝗻𝗼 𝗳𝗮𝗹𝗹𝗮𝗿, 𝗻𝗼 𝗱𝘂𝗱𝗮𝗿, 𝗻𝗼 𝗽𝗮𝗿𝗮𝗿, 𝗻𝗼 𝗺𝗼𝘀𝘁𝗿𝗮𝗿 𝗱𝗲𝗯𝗶𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱. Y cuando el error no está permitido, el miedo se instala. Cuando el valor personal depende del resultado, la identidad se rompe.
La depresión no aparece porque falte carácter.
Hablar de salud mental en el deporte no es hacerlo más vulnerable. Es hacerlo más humano. Y un deporte más humano es, paradójicamente, un deporte más fuerte.
Pedir ayuda no te quita nivel. El silencio sí.
Ojalá dejemos de sorprendernos cuando un deportista dice que está mal. Y empecemos a preguntarnos por qué tardó tanto en poder decirlo.
Porque detrás de cada deportista hay una persona.
Y ninguna medalla ni ningún título, vale el precio de perderse a uno mismo.