02/06/2026
Cada uno da, lo que recibe. Y luego recibe lo que da.
Es una frase bonita, pero como descripción de la realidad me parece incompleta.
Hay algo de verdad en ella: tendemos a dar desde lo que hemos recibido. Quien ha recibido cariño suele encontrar más fácil ofrecer cariño. Quien ha recibido confianza suele confiar más. Nuestra historia nos influye mucho.
Pero también veo dos matices importantes:
* Hay personas que reciben amor y aun así hacen daño.
* Hay personas que reciben dolor, abandono o injusticia y deciden convertirse en una fuente de amor, cuidado o comprensión para otros.
Por eso quizá diría:
“Todos damos en parte desde lo que hemos recibido, pero también desde lo que elegimos hacer con ello.”
La segunda parte, “luego recibe lo que da”, también tiene algo de verdad, porque nuestras acciones suelen generar consecuencias. Una persona amable suele atraer más amabilidad que una persona agresiva.
Sin embargo, la vida tampoco funciona como una contabilidad perfecta. Hay personas generosas que reciben ingratitud. Hay personas egoístas a las que aparentemente les va muy bien.
Yo lo formularía así:
“No siempre recibimos lo que damos, pero siempre nos convertimos en aquello que practicamos.”
Y eso sí me parece profundamente cierto. Cada vez que eliges la presencia, la generosidad, la honestidad o la valentía, aunque el mundo no te lo devuelva inmediatamente, estás construyendo a la persona que eres.
De hecho, esta idea conecta mucho con lo que enseña el yoga: no controlamos el resultado, pero sí la calidad de nuestra acción. Como diría el yoga, tu práctica es sembrar. La cosecha llega cuando llega, y a veces de formas que no esperabas.