27/07/2026
Estos días cuesta mirar al cielo sin pensar en lo que está pasando en tierra.
Los incendios que están afectando a Madrid, Ávila y otras zonas cercanas nos dejan una sensación difícil de explicar: tristeza, impotencia y mucha solidaridad con todas las personas que están viviendo de cerca esta situación.
Con quienes han tenido que salir de sus casas.
Con quienes han perdido terreno, animales, negocios o recuerdos.
Con quienes están trabajando sin descanso para proteger pueblos, montes y vidas.
Desde ‘Madrid al Cielo’ vivimos el parapente en contacto directo con la naturaleza. Volamos en lugares como Pedro Bernardo, La Muela, Tres Cantos y otras zonas donde el paisaje no es un decorado: es parte de la experiencia.
El monte nos da despegues.
Nos da térmicas.
Nos da referencias.
Nos da sombra, caminos, viento limpio y esos paisajes que hacen que cada vuelo sea distinto.
Por eso, cuando un bosque arde, no solo se quema vegetación.
Se quema parte de un entorno que compartimos todos: vecinos, pilotos, senderistas, ganaderos, familias, fauna, pueblos enteros.
Y también se altera algo que en parapente conocemos bien: el aire. El humo, las cenizas, el calor, los cambios de viento y las restricciones hacen que volar pase a un segundo plano. Porque lo primero, siempre, es la seguridad y el respeto por quienes están trabajando sobre el terreno.
Hoy no toca hablar de vuelos bonitos.
Toca mandar fuerza a los afectados, agradecer a los equipos de emergencia y recordar que cuidar el monte también es cuidar el parapente.
Porque volar está muy bien.
Pero tener bosques, pueblos y zonas verdes a las que volver… eso vale mucho más.
Ánimo a todas las personas afectadas. Y gracias a quienes están dejándose la piel para frenar el fuego.