23/09/2013
Algunos niños reciben chucherías y golosinas con más frecuencia de lo debido, unas veces por la incapacidad de los padres para negarse a la petición incansable de sus hijos, que demandan estos productos, otras por el desconocimiento de los padres respecto a sus efectos perniciosos.
Las chucherías y golosinas pueden ser saladas o dulces y ambas se caracterizan porque son muy apetecibles, produciendo "casi dependencia"; son hipercalóricas, suelen contener sustancias alimenticias no recomendables para la salud a largo plazo y en ocasiones su consumo puede producir accidentes graves.
Las calorías que aportan estos productos son altas, a veces excesivamente elevadas, contribuyendo a que los niños o bien engorden o bien coman pocos alimentos sanos, aquellos que les hacen crecer de manera equilibrada.Contrariamente a lo que muchos padres piensan, la obesidad no es genética, sino que se debe, en casi la totalidad de los casos, al exceso de calorías aportadas con los alimentos y bebidas. La composición de las chucherías y golosinas tampoco es la apropiada, bien porque estos productos contienen excesivas grasas saturadas procedentes de coco o de animales y un exceso de sal (bollos, galletas, patatas fritas, cortezas, frutos secos, palomitas de maíz), o bien porque contienen azúcares que aportan calorías vacías sin utilidad nutritiva (dulces, caramelos, gominotas, chicles, snacks, batidos, refrescos).
Otras veces los colorantes, saborizantes y aditivos, cuya única función es hacer más atractiva a la vista, olor, sabor o consistencia del producto, ocasionan alergias y urticarias.