26/05/2026
l mito de las dos horas en Maratón.
Desde mi punto de vista existen dos tipos de retos en el deporte, los objetivos y los simbólicos. Entiendo que el reto objetivo es alcanzar un objetivo desligado de conceptos culturales, por ejemplo ascender a una cima o ganar al oponente son retos objetivos que pueden tener más o menos sentido pero están exentos de convencionalismos culturales. Bajar de dos horas en maratón o saltar nueve metros en longitud es un mito simbólico puesto que está determinado por una cifra numérica que emplea una escala de medición del tiempo y del espacio de carácter totalmente cultural, más próximo a los mitos cabalísticos o superticiosos que a una objetividad real.
Es impensable que a alguien del ámbito anglosajón se le ocurriera discutir si algún atleta sería o no capaz de saltar 29,5276 pies en longitud, pero para quienes culturalmente nos regimos por el sistema métrico internacional hemos convertido su equivalencia, 9 metros, en un referente solamente al alcance de algún superhombre.
En relación a las medidas temporales todos nos regimos por el mismo sistema sexagesimal, de aquí que las referencias míticas sean universales, pero si se hubiese implantado la propuesta de los ilustrados franceses del siglo XVIII de optar por un sistema decimal para medir el tiempo las dos horas actuales se corresponderían a 4h48 minutos en el sistema decimal. A nadie se le ocurriría convertir esta cifra en un objetivo mítico.
Por el contrario, el orden de llegada en una carrera, el que salta más lejos, el que mete más goles o el que llega a la cima de una montaña son realidades no sometidas a convencionalismos culturales.
La cifra, se ha convertido en un mito a partir de que cada vez se disponen de más tecnologías de medición. Con cronometraje manual el récord del mundo de 100 metros de 9,58s (dato curioso puesto que los minutos y segundos se rigen por el sistema sexagesimal y sus fracciones en el decimal) desde México 68 solamente se hubiese podido batir 4 veces y con dudosa fiabilidad. Los cronómetros manuales no daban para más.
No obstante el negocio se apoya en los mitos y el referente de las dos horas es una convención que se ha amplificado, por parte de muchas empresas, para sacar pingues beneficios empleando todos los medios sin importarles traspasar los límites de la legalidad y del juego limpio. Cuando el 12 de octubre de 2019 en Viena el keniano Eliud Kipchoge detuvo el cronómetro en 1:59:40 empleando un coche eléctrico con un parapeto que le cortaba el aire, zapatillas con un sistema de placas que actuaban como ballestas, otras ayudas ilegales y sin control antidoping, alcanzó la utopía haciendo trampas, sería como bajar de 9s en 100 metros con 5 metros por segundo de viento a favor.
El objetivo de este circo fue que los millones de runners aficionados compraran aquellas zapatillas mágicas pese a ser a todas luces ilegales, nadie va a controlar las zapatillas de los miles de corredores de más de 3 horas en la salida de los maratones. La pandemia fastidió el negocio y dio tiempo a las otras marcas a posicionarse. Pero Nike no se arriesgó puesto que Sebastian Coe, la máxima autoridad del atletismo mundial era a su vez embajador de NIKE, y sabía que esta fraudulenta hazaña supondría abrir las puertas a zapatillas con “muelles”, un exoesqueleto si bien no tan exageradas como las empleadas por Kipchoge.
No es lo mismo emplear tecnologías para optimizar la eficacia de los diferentes sistemas orgánicos dentro de unos límites establecidos, analizar biomecánicamente la técnica, incidir sobre la fuerza, regular la alimentación y los suplementos legales que poner muelles en las zapatillas donde la mejora depende del bolsillo del atleta para comprar unas zapatillas que triplican su valor pero no de la mejora de la eficacia del atleta gracias al entrenamiento.
En el momento en que todos disponen de estas zapatillas, se provoca una mejora en las marcas (rendimiento simbólico) pero la realidad, la relación de orden no se altera, es decir que generando la misma potencia por parte del organismo, se obtienen mejores marcas gracias a la elasticidad exógena que genera la zapatillas al impulsar.
La emoción de la competición es algo diferente a la posterior intelectualización del resultado. Más allá del tiempo el esprint de Nathan Martin para ganar en el último decímetro a Kamau en el Maratón de Los Ángeles. A falta de 400 metros Kamau le llevaba más de 100 metros de ventaja. Aquellos últimos metros fueron infinitamente más emocionantes y espectaculares que el de Sawe, que de no haber bajado de las dos horas habría quedado como una carrera más.
La conclusión de todo esto es que el mito es un reclamo emocional que utilizan muy bien las grandes corporaciones para canalizar hacia sus empresas el dinero que cada ciudadano destina a la práctica de la carrera. El deseo consumista del corredor popular de hacerse con una zapatillas que han duplicado y triplicado los precios del calzado, merma la capacidad para destinar fondos para conseguir una mejora real del rendimiento, es decir pagando adecuadamente a entrenadores y profesionales. Las grandes multinacionales del running han conseguido imponer una cultura que establece una correlación entre mejora del rendimiento con la compra de sus productos, minimizando la importancia del entrenamiento personalizado.
Como entrenador hacer dos horas 5 segundos o hacer una hora 59’55” es totalmente anecdótico, 10 segundos más o menos en la maratón no supone haber o no alcanzado un objetivo atlético, no obstante lo que sí que es objetivo y que va más allá de la cultura es que Sawe fue mejor que Kejelcha. Pero, seamos objetivos pensando en parámetros técnicos y fisiológicos, es muy posible que haya habido otros atletas que con las zapatillas que estos han empleado, habrían bajado mucho antes de las dos horas.
Joan Rius.