02/06/2026
Lo que más desgasta en el BJJ muchas veces no es perder un combate ni entrenar duro. Es descubrir que el tiempo, la confianza y el esfuerzo que se entrega a algunas personas no siempre vuelven con el mismo valor.
Hay algo que duele especialmente cuando uno enseña: darte cuenta de que alguien puede olvidar demasiado rápido quién estuvo cuando no había resultados, quién corrigió con paciencia, quién abrió espacio, dedicó tiempo y compartió conocimiento sin obligación de hacerlo.
Y no se trata de que nadie pertenezca para siempre a una academia ni de que alguien no pueda tomar otro camino. Crecer, cambiar o buscar nuevos retos forma parte del camino. El problema aparece cuando se pierde el respeto por el recorrido, cuando se confunde libertad con ingratitud o cuando se deja atrás todo como si nunca hubiera significado nada.
En Jiu Jitsu el cinturón no mide carácter. El nivel tampoco. Hay gente que evoluciona mucho en el tatami y muy poco como persona.
Porque el verdadero respeto no está en hacer reverencias ni en decir “profe”. Está en cómo hablas cuando ya no estás dentro, en cómo tratas a los compañeros que crecieron contigo, en reconocer que nadie se construye solo.
Al final, la lealtad no es quedarse siempre. La lealtad es recordar de dónde vienes, cuidar lo que te ayudó a crecer y no convertir el ego en una razón para olvidar el camino recorrido
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