06/05/2026
Hace unos días comentábamos cómo una parte importante de los suplementos deportivos disponibles en el mercado puede contener sustancias prohibidas o contaminantes no declarados. Esto ocurre, en gran medida, porque los suplementos no están sometidos al mismo nivel de regulación y control que los medicamentos… e incluso presentan una regulación menos estricta que muchos alimentos.
A diferencia de los fármacos —que requieren ensayos, controles de calidad exhaustivos y una supervisión regulatoria muy estricta—, los suplementos pueden comercializarse con controles significativamente más laxos dependiendo del país y del fabricante. Esto aumenta el riesgo de problemas de calidad, etiquetado incorrecto o contaminación cruzada.
La literatura científica ha mostrado que algunos suplementos pueden contener estimulantes, esteroides anabolizantes, SARMs u otras sustancias prohibidas por la WADA, incluso cuando estas no aparecen reflejadas en la etiqueta. En muchos casos, el problema no deriva de una adulteración intencionada, sino de contaminación durante el proceso de fabricación.
Esto es especialmente relevante porque numerosos suplementos se producen en instalaciones donde también se sintetizan compuestos farmacológicos o sustancias potencialmente dopantes. Si los protocolos de limpieza y control no son suficientemente estrictos, pequeñas trazas pueden terminar presentes en el producto final y provocar un resultado analítico adverso en un control antidopaje.
En este contexto, las certificaciones independientes adquieren una enorme importancia. Sellos como Informed Sport, NSF Certified for Sport, BSCG, HASTA o Cologne List someten los suplementos a controles específicos para detectar sustancias prohibidas y evaluar la calidad de los procesos de fabricación.
Aunque ningún sistema puede garantizar un riesgo cero absoluto, elegir suplementos certificados reduce de forma muy significativa la probabilidad de consumir productos contaminados y, por tanto, de sufrir un positivo involuntario.