24/08/2026
Quizá hemos entendido el yoga al revés.
Pensamos que primero hay que ser flexibles para poder practicarlo.
Que hay que ser tranquilos para poder respirar.
Que hay que ser espirituales para poder conectar.
Que hay que aprender a poner la mente en blanco para poder estar presentes.
Pero… ¿y si fuera justo al contrario?
¿Y si practicamos yoga porque no somos zen?
Porque nuestra mente corre.
Porque nuestro cuerpo se ha vuelto rígido.
Porque nos cuesta parar.
Porque vivimos demasiado hacia fuera y demasiado poco hacia dentro.
El yoga no es llegar a una postura perfecta.
Ni alcanzar un estado permanente de calma.
Es encontrarnos con lo que hay.
Con el cuerpo que tenemos.
Con la respiración de ese día.
Con los pensamientos que aparecen.
Con nuestras limitaciones, nuestras resistencias y también nuestras posibilidades.
Quizá la práctica no consista en convertirnos en alguien diferente,
sino en aprender a habitar con más presencia a quien ya somos.
Porque el yoga no empieza cuando eres flexible, espiritual o zen.
Empieza cuando te permites estar exactamente donde estás. 🧘♀️✨