29/09/2025
La Dignidad del Cinturón Negro: Entre la Mercantilización y la Responsabilidad de un Legado.
Actualmente, dentro de algunos entornos (ahora en auge) tradicionalistas, con cierta frecuencia, al ver con preocupación la devaluación de la calidad de los practicantes de Taekwondo a nivel Global, se habla de procurar devolver la “dignidad” a la obtención del Cinturón Negro, debido a la degradación de los valores del Arte Marcial alrededor de dicha obtención al convertirse en ocasiones, en un mero trámite.
Lo curioso, es que en los albores de las Artes Marciales, no existía un sistema de cinturones de colores o grados, ni de exámenes periódicos de ascenso.
El camino del practicante era largo, silencioso y austero. El Maestro, después de observar durante largos años la disciplina, la técnica y la madurez de su discípulo, le concedía en un reconocimiento solemne delante del resto de alumnos, el título equivalente al Cinturón Negro. No era un premio, ni una meta, ni un trámite; era una declaración de confianza. Era el inicio de una nueva etapa, donde el alumno pasaba a ser algo así como un “guardián del arte” y responsable directo de continuar el Camino marcado por su Escuela y su Maestro.
Fue a finales del siglo XIX cuando Jigorō Kanō (fundador del Judo) introdujo el sistema de cinturones y grados, con un propósito pedagógico claro: ofrecer un marco de motivación progresiva y establecer criterios comunes de evaluación reglada para todos.
Sin embargo, entrado el siglo XX, esta innovación se expandió rápidamente a otras Artes Marciales, como el Karate o el Taekwondo, con un enorme valor educativo en sus inicios, valga decirlo, pero que con el paso del tiempo, este sistema se contaminó por un factor crucial que lo transformó todo: la mercantilización del Arte.
Hoy, los Danes se otorgan a menudo con una periodicidad fijada, casi automática. El valor de un grado se mide en tarifas de examen y diplomas oficiales más que en compromiso y madurez manifiesta. Con lo que se ha creado una inflación de Cinturones Negros, donde muchos los reciben como quien adquiere un título académico o, peor aún, un producto de consumo. Y en este proceso, por tanto, la dignidad del sentido último de qué es portar un Cinturón Negro, se degrada y queda en entredicho.
El ejemplo de la Oh Do Kwan:
Por poner un ejemplo dentro del Taekwondo, en sus inicios, la Oh Do Kwan del General Choi Hong Hi —una de las escuelas fundacionales del Taekwondo— utilizaba un sistema mucho más sobrio: únicamente cuatro cinturones y Danes limitados hasta el 5º. Donde cada color tenía un profundo significado simbólico:
Blanco: pureza, inicio, vacío del que parte todo.
Azul: crecimiento y expansión, como el cielo hacia el que se eleva el aprendiz.
Marrón: madurez y firmeza, como la tierra que sostiene y da raíces.
Negro: culminación de la etapa de formación y comienzo de la verdadera responsabilidad.
Este esquema sencillo reflejaba que lo importante no era coleccionar colores como cromos ni subir escalones cada pocos meses, sino recorrer con madurez medida cada fase del camino.
Hoy, en cambio, la multiplicación de cinturones intermedios y la inflación de Danes hasta el 9° como el milagro de los Panes y los Peces, parecen responder más a la necesidad de sostener un lucrativo sistema de exámenes constantes que a una exigencia pedagógica real. Y, paradójicamente, cuantos más grados se acumulan, menos garantizan que detrás haya mayor conocimiento, destreza o experiencia auténtica. Pues llegamos a ver, por ejemplo, incongruencias como niños o adolescentes ya con varios Danes a sus espaldas. O adultos con altos grados con técnicas fundamentales pésimas o que desconocen los valores auténticos del MooDo.
¿Y entonces qué hacemos? ¿Volvemos al origen?
En un principio, si reconocemos que parte del problema de la devaluación del arte marcial nace del sistema de exámenes estandarizados y comercializados al extremo, cabe preguntarse: ¿no sería mejor volver a la casilla de salida aplicando el dicho de “muerto el perro, se acabó la rabia”?
Prescindir de los exámenes de paso de grado significaría devolver la potestad total al Maestro. Y con ello, se recuperaría lo más valioso: el auténtico y genuino nexo de Maestro–discípulo.
El reconocimiento personal no sería un mero acto burocrático, sino una transmisión íntima y solemne, donde el Maestro, en su supuesta sabiduría, señalaría que el discípulo ya ha alcanzado la suficiente madurez técnica y espiritual para asumir el Cinturón Negro. En ese instante, no solo se concedería un título más, sino que se establecería un lazo de confianza y responsabilidad que conectaría generaciones dentro de la misma tradición.
Pero claro, siendo honestos, esto último sería devastador para las arcas de Federaciones, Asociaciones y en última instancia, de los Clubes/Dojangs que verían disminuir significativamente sus ingresos periódicos anuales.
¿La respuesta? Reconciliar Tradición y Modernidad:
Pues, por bien que suene volver a los orígenes, quizá la solución no sea eliminar el Sistema Moderno de cuajo, por un brote de nostalgia, sino aprovechar y optimizar las bonanzas del sistema actual y procurar reconciliarlo con la tradición.
Es decir, de primeras:
1. Mantener los Grados (sin descartar reducirlos en futuro) como guía pedagógica, pero con tiempos mínimos quizás más largos y un énfasis real y contundente en la madurez personal del individuo. No se puede evaluar de la misma manera, bajo los mismos criterios, por ejemplo, a un niño de 10 años que a un hombre de 40 o 60.
2. Dar al Maestro más peso que a la temporalización reglada en la decisión para que el ascenso no dependa de meses contados con los dedos, sino de la Evolución Integral del practicante supervisada por un mentor. Evolución no solo atlética o técnica, sino también como persona (No se trata tanto de llegar a la “perfección total”, física, mental y espiritual, pues somos seres imperfectos por naturaleza, pero sí de procurar perseguirla).
—Hacer notar que esto último ya se está implantando en algunas Federaciones como la Española hasta 3r Dan y en Kukkiwon desde hace tiempo, donde los Maestros acreditados con el sistema KMS pueden recomendar a sus discípulos hasta 7ºDan, hasta un grado menos del suyo (ejemplo: un 5º dan puede recomendar hasta 4º dan, etc.—.
3. Revalorizar y garantizar la figura del Maestro. Si se devuelve a este una mayor responsabilidad en la decisión del ascenso, se sobreentiende que debe tratarse de un Maestro legítimo, con formación sólida y actualizado en su labor. Por tanto, las Instituciones deberían regular y acompañar la figura del Maestro, exigiendo no solo experiencia, sino también formación continua y actualización pedagógica. Solo así se asegura que la transmisión del Arte sea coherente, ética y rigurosa, evitando arbitrariedades o falsos referentes (Esto ya se hace en algunas Instituciones mediante Seminarios, Congresos, etc. que deberían ser de obligada participación para todos los Maestros o Directores de Escuela/Dojang).
4. Incidir en que el Cinturón Negro no es un premio ni un producto, sino un COMPROMISO: el inicio del Camino como discípulo responsable del cuidado y preservación del Arte.
Así pues, la madurez, más que la destreza técnica puntual demostrada en una prueba, debería ser el verdadero eje del ascenso del Taekwondista. Porque cualquiera puede memorizar un Poomsae en una semana, o un listado de nombres en coreano que luego olvidará al no usarlos. Pero muy pocos podrán demostrar perseverancia, paciencia, constancia, humildad y entrega durante años.
El Dan, por tanto, no debería medirse por lo que se sabe hacer hoy o por lo que uno es capaz de mostrar en una prueba determinada –pues un único examen no define a una persona–, sino por lo que uno se ha convertido a lo largo del Camino (Do).
En definitiva, si el Taekwondo y las Artes Marciales en general desean preservar su esencia por largo tiempo, deberán recordar que el Cinturón Negro no es una meta, sino una puerta de entrada a una nueva responsabilidad compartida por todos los practicantes.
Recuperar esta visión –sea eliminando los exámenes de grado o reformándolos en profundidad y/o dando más relevancia al papel vertebrador del Maestro– es la única manera de garantizar que cada Cinturón Negro vuelva a ser lo que siempre debió ser: un símbolo de seguridad, confianza, honor y madurez en el Camino Marcial y no un mar de incertidubres.
Feliz día y feliz vida.
José Antonio Iniesta Navarro
El Anacoreta del Taekwondo
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