14/06/2026
𝐁𝐞𝐧𝐝𝐢𝐭𝐚 𝐧𝐨𝐫𝐦𝐚𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝
𝐸𝑙 𝑎𝑟𝑡𝑖́𝑐𝑢𝑙𝑜 𝑑𝑒 𝑒𝑠𝑡𝑎 𝑠𝑒𝑚𝑎𝑛𝑎 𝑒𝑠𝑡𝑎́ 𝑒𝑠𝑐𝑟𝑖𝑡𝑜 𝑝𝑜𝑟 𝐸𝑠𝑝𝑒𝑟𝑎𝑛𝑧𝑎 𝐶𝑎𝑠𝑡𝑖𝑙𝑙𝑜 𝑉𝑖𝑑𝑎𝑙 (𝑚𝑎𝑒𝑠𝑡𝑟𝑎 𝐸𝑑. 𝐸𝑠𝑝𝑒𝑐𝑖𝑎𝑙) 𝑦 𝐽𝑢𝑎𝑛 𝑀𝑖𝑔𝑢𝑒𝑙 𝐶𝑎𝑠𝑡𝑖𝑙𝑙𝑜 𝑅𝑜𝑑𝑟𝑖́𝑔𝑢𝑒𝑧 (𝑚𝑎𝑒𝑠𝑡𝑟𝑜 𝐸. 𝑃𝑟𝑖𝑚𝑎𝑟𝑖𝑎 𝑗𝑢𝑏𝑖𝑙𝑎𝑑𝑜).
Jerez, martes de feria de 2026, en una conocida caseta, actuación de un grupo flamenco que canta sevillanas y un bullicioso grupo de jóvenes y no tan jóvenes bailando. Entre ellos, un chaval de entre 30 y 40 años que se mueve por sevillanas con mucho arte y gracia. Una estampa que se correspondería con la normalidad de un día cualquiera de feria.
Y es precisamente esa “normalidad”, la que, de alguna forma, me agrada y me motiva para escribir estas líneas. Porque ese joven del que hablo y que baila con tanto salero, tiene Síndrome de Down. Y me gusta que esa característica personal, a nivel de los que asistíamos a ese momento, tuviera la misma condición que ser moreno o rubio, alto o bajo o grueso o delgado. No observé sonrisas maliciosas, ni comentarios jocos0s, que no hace tantos años se habrían producido con seguridad. Tampoco hubo ningún tipo de coletilla piadosa, proclives a hacernos verlos como seres bondadosos y a sentir pena por ellos. Afortunadamente hoy día han dejado de ser “angelitos” para convertirse en personas con virtudes y defectos, que visten coloridos y juveniles, que llevan tatuajes o cortes de pelo atrevidos. Que, como todos y todas, además de estar con su familia, salen con sus amigos y amigas, se divierten y se aburren, se enamoran y desengañan, se ríen y lloran, que pueden estar contentos pero también tristes o enfadados. En definitiva, son libres de expresar sus sentimientos, tener sus propios gustos y tomar sus decisiones en todos los ámbitos de su vida, y tienen la oportunidad de aprender a vivir con independencia y autonomía.
Pero el camino hasta esta normalidad integradora ha sido largo, no exento de dificultades y en muchos casos, de incomprensión social. Para llegar a este punto, muchas familias han luchado con serenidad, con ímpetu y perseverancia, contra los prejuicios sociales hacia sus hijos e hijas, a los que en el mejor de los casos, muchos se limitaban a compadecer y otros muchos a considerarlos incapaces de estudiar, trabajar e integrarse plenamente en la sociedad. También contaron con la colaboración de profesionales educativos, de los que le gusta ser antes maestros que profesores, de los que entienden la educación no sólo como algo técnico, sino afectivo y emocional y que son capaces de querer además de enseñar. Hubo también personas particulares, instituciones y empresas que creyeron en los proyectos de esas familias luchadorasy en esas personas. Así es como, hace ya 30 años, surge en Jerez Cedown y otros colectivos asociativos similares, los cuales han supuesto una pieza fundamental en la visualización y normalización del Síndrome de Down, así como en asumir el reto de conseguir la integración plena de estos chicos y chicas. Y lo han hecho con perseverancia, colaborando, pero también exigiendo a instituciones públicas y privadas, compromisos de inclusión social, escolar y laboral.
Estas líneas han sido escritas con la inestimable aportación de mi hija, actualmente maestra de Educación Especial y que ha vivido de cerca y luchado por esta transformación de la sociedad tan necesaria. En mi caso, que he sido maestro de Educación Primaria ya jubilado, si he tenido la suerte de en mis últimos años de trabajo, coincidir con un alumno con Síndrome deDown. Y aunque no le di clases personalmente, sí que le he vi jugar, aprender, cantar, querer, enfadarse y disfrutar en el colegio desde muy pequeño. Exactamente igual que cualquiera de sus compañeros y compañeras. Y esa es la mejor señal de que vamos en el buen camino.
https://www.diariodejerez.es/bc-jerez/bendita-normalidad_0_2007004458.html