07/09/2025
Furitama (2/3) – Respirar sin distraerse
La segunda cosa que se nota al hacer furitama no es el movimiento: es la respiración entrecortada.
Cuando la mente corre, el aire se bloquea. El pulso se vuelve irregular. Y lo que debería ser un gesto simple, se convierte en una pelea invisible entre querer soltar… y no poder.
Furitama no tiene una forma “correcta”, pero sí un propósito claro: acompañar el movimiento con la respiración hasta que ambos se vuelvan uno solo.
No es inhalar y exhalar en tiempos rígidos. Es permitir que el temblor suave de las manos marque un ritmo interno, donde el aire entra y sale sin romper la continuidad.
Por eso Ueshiba lo practicaba como parte de su purificación diaria. Antes de dar una clase, ejecutaba furitama de pie, con la atención puesta en su centro (hara), la respiración libre y una vibración que parecía brotar desde adentro.
No era un ejercicio de brazos, era un ejercicio de presencia.
Con práctica, esa vibración que comienza en las manos empieza a sentirse conectada al abdomen bajo. El cuerpo ya no reacciona por partes: se unifica. Y cuando eso sucede, la mente se aquieta. No porque se fuerce el silencio, sino porque el ritmo corporal lo impone naturalmente.
Furitama no requiere concentración. Requiere ritmo.
Y el ritmo no se alcanza con tensión, sino con atención.
Muchos confunden esta práctica con algo místico o simbólico. Pero la experiencia lo demuestra: si tu respiración y tu pulso no están alineados, tu técnica tampoco lo estará.
Antes de moverse con otro, el cuerpo tiene que poder moverse con uno mismo.
(Continuará…)
Gabriel Benitez©